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Hijos triunfadores | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-01-03 05:00:00

Hijos triunfadores

Lo único permanente en la vida es el cambio y por eso debemos preparar a nuestros hijos para el mundo del futuro, no el mundo de nuestros padres, ni el nuestro.
Hijos triunfadores

En la actualidad lo determinante para triunfar es el carácter, no el conocimiento, como muchos pudieran creer. Saber hacer de los fracasos un desafío será lo que buscarán los seleccionadores de personal y para los trabajadores independientes será un auto requisito.

Un hijo formará mejor su carácter si percibe claramente la autoridad de sus padres y de esta manera los niños y jóvenes a su vez aprenderán a actuar con determinación para resolver sus problemas. Sin presencia de autoridad nuestros hijos serán débiles de carácter y actuarán por impulsos, con los consecuentes problemas de adaptación.

¿Cuándo es dañino el exceso de autoridad? El límite de la autoridad lo define la siguiente regla: “La autoridad no debe humillar”. Es mejor exceso que falta de autoridad. El niño de hoy será el adulto de mañana y por esto conviene mirarlo como adulto potencial.

¿Queremos que nuestros hijos no sufran? Entonces hay que prepararlos para sufrir. No podemos evitarles todo el tiempo toda forma de sufrimiento para que aprendan de él. Deben comprender la muerte, los problemas de la vida y del trato con los demás.

No debemos resolverles todos los problemas, hay que ayudarles a que poco a poco los resuelvan ellos mismos. Nadie logra metas exitosas y duraderas sin un poco de sufrimiento. Hay que enseñarles a hacer esfuerzos suplementarios y a carecer, es decir, “a sentir la falta de” y a arreglárselas por si mismos.
Aunque podamos darles todo, hay que enseñarles el valor de las cosas. Si no lo aprenden de chicos les será muy difícil de adultos y van a sufrir y nosotros con ellos.

¿Cómo les enseñamos a carecer? ¡Dándoles un poquito menos de los que necesitan! ¡No hay otra manera! Si no ¿cómo sentirán la falta de? Así aprenden a apreciar lo que tienen, a no ser ingratos, a gozar de las cosas sencillas de la vida y a no ser quejumbrosos.

Una excelente escuela para aprender a carecer es la comida del hogar. ¿Qué debemos darles de comer? ¡Lo que nosotros decidamos que es bueno para ellos! No sólo por su bien estomacal, sino porque es un excelente forma de aprender a carecer.

Que no sean quejumbrosos. “¡Mami, no me gustan las lentejas!” Si quieren hacerles un bien para toda la vida, denles las lentejas. Que no coma, si no quiere, pero cuando les vuelva el hambre, las lentejas del refrigerador calientes serán todo un manjar.

Los hijos con carácter temperado, conocimiento del  carácter, educados en el servicio y plenos de amor e ilusiones, serán siempre hijos triunfadores.
(Adaptación de un artículo escrito por Luis Baba Nakao).

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