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Omisiones imperdonables | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-01-03 05:00:00

Omisiones imperdonables

En la madrugada del 31 de diciembre, en una zona muy cercana a la Cl√≠nica del Country en el norte de Bogot√°, muri√≥ el joven estudiante de periodismo de la Universidad Javeriana Juan Pablo Arenas¬† Tabares, tras un atraco del que fue v√≠ctima junto con uno de sus compa√Īeros. Hab√≠an salido a divertirse y ya, a las tres de la ma√Īana, estaban de regreso a sus hogares.
Omisiones imperdonables

Seg√ļn la narraci√≥n de su amigo, Juan Pablo cay√≥ al suelo sangrando, despu√©s del ataque de los delincuentes, y como no lo pod√≠a trasladar, se acerc√≥ a la cl√≠nica buscando ayuda para que el herido fuera atendido oportunamente. Pero se le inform√≥ que no pod√≠a acceder por la puerta de pediatr√≠a, sino buscar otra, con el objeto de ingresar al establecimiento por urgencias. ¬†

Previamente, dos vigilantes del mismo edificio se habían negado a prestarle la colaboración solicitada, pues dijeron arriesgar sus puestos si abandonaban el sitio a su cuidado.

En todo caso, el personal de la Cl√≠nica ¬Ėseg√ļn la narraci√≥n del estudiante- se neg√≥ tambi√©n a salir del per√≠metro del centro asistencial¬† para el traslado, hasta cuando lleg√≥ la ambulancia. Pero ya para entonces era demasiado tarde: el deceso de Juan Pablo se hab√≠a producido.

Adem√°s de la lamentable situaci√≥n de inseguridad que se ha adue√Īado de la capital de la Rep√ļblica, en especial en algunas zonas del norte como esta, ha causado justificada indignaci√≥n entre los ciudadanos la actitud indolente del personal de la Cl√≠nica, con quienes tuvo contacto el compa√Īero del herido, a sabiendas de que la atenci√≥n oportuna habr√≠a podido evitar el fatal desenlace de este doloroso episodio.

Seg√ļn declaraciones radiales del Director M√©dico, un doctor de apellido Ospina, ese personal no estaba obligado a prestar auxilio a la persona en peligro de muerte, si eso implicaba salir de sus instalaciones. Solamente deb√≠a atenderlo dentro, y entrando por la puerta que era y no por otra. M√°s a√ļn, si los vigilantes hubiesen acudido para el traslado del paciente, habr√≠an sido despedidos. La Cl√≠nica, en su criterio, no pod√≠a haber hecho nada m√°s para salvar la vida del joven estudiante, y¬† afirm√≥ que, en eso, se ajustaba al reglamento.

Esta es solamente una muestra del principio de insolidaridad que se ha extendido en muchas capas de nuestra sociedad, en cuyo seno cada uno se cuida; cuida, si acaso, a los suyos, y mientras no tenga cerca los peligros ni los da√Īos, nada le importa lo que pueda acontecer con los dem√°s.

Exactamente lo contrario de lo que prevé la Constitución, en cuyo artículo 1 se consagra el principio de solidaridad y la prevalencia de la dignidad humana como elementos institucionales básicos, y que contempla también (Art. 95),  como unos de los más importantes deberes de toda persona,  el de acudir con acciones humanitarias en auxilio de quien lo requiera.

No se necesita ser m√©dico o funcionario de una cl√≠nica u hospital para tener a cargo esta obligaci√≥n. ¬ŅQu√© se dir√° de quien s√≠ tiene una de tales condiciones?

No nos convence el argumento de la cl√≠nica en este caso, consistente en que el personal no pod√≠a dejar abandonados a los dem√°s pacientes para acudir en auxilio de una persona herida y a punto de morir. Ning√ļn enfermo iba a perder la atenci√≥n requerida por el hecho de que dos funcionarios se trasladaran con una camilla cincuenta metros fuera de la instituci√≥n para salvar una vida.

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