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Economía presidencial | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-07-23 05:00:00

Economía presidencial

El discurso del presidente Uribe ante el Congreso indica 3 cosas: que el gobierno está preocupado por el desempeño económico; se mantienen los fundamentos de la política fiscal y, para el pensamiento oficial, la tabla de salvación de la economía y de las finanzas públicas en esta época de complicaciones globales es “la confianza en Colombia”.
Economía presidencial

Es buena noticia que el Presidente esté  atento al tema económico, como lo evidencia el contenido “economista” de su intervención en el Capitolio. Es claro que “la confianza en la confianza” lleva al Presidente a creer que las finanzas públicas, en sus reglas actuales, no serán un factor de desorden macroeconómico.

Dos asuntos caracterizan el actual manejo fiscal: El peso de grandes exenciones tributarias orientadas a estimular la inversión privada, el empleo y el ingreso. Y el énfasis en programas de asistencia social que consumen importantes recursos fiscales.

La estrategia tributaria de las exenciones es una versión colombiana de la malhadada curva de Laffer, que hizo estragos en E.U. en los 80 y comienzos de los 90. El gobierno ha dicho que estas exenciones (regalos sin justificación ética y fiscal alguna, tal como están concebidas), son benéficas, incluso como “inversión pública”.

El debate sobre el impacto real de esta estrategia es marginal, confinado a una pequeña parte de la Academia. Pero sería una discusión importante para el manejo de la política pública.

Igualmente marginal es la discusión sobre los programas sociales que predominan en la gestión de la Presidencia. Como están las cosas, nos enderezamos hacia un consenso imbatible. Pero éste debería ser un punto crucial del debate público.

Uribe ha dicho, en materia de los riesgos de alzas de precios, que “es claro que nuestro país no está en presencia de una inflación monetaria. Sufrimos una inflación mundial en combustibles y alimentos.” Es cierto. La implicación es que el Presidente no quiere que las autoridades monetarias se asusten ante un fenómeno originado enteramente afuera. Pero el Banco de la República no se va a quedar cruzado de brazos ante este hecho universal, que puede envolver el sistema de salarios y de precios de los bienes de la canasta familiar.    

El dilema de la política monetaria se inclina a favor de una estrategia de altas tasas, en vista de que la política fiscal no ayuda: El gobierno ha anunciado una baja de 1.5 billones en el gasto de este año, lo que significa que el crecimiento de la deuda pública será inferior en 700 mil millones de pesos en comparación con lo programado. Poco, en opinión de los expertos. Ante el susto de la inflación de alimentos y de combustibles, y frente al talante fiscal, debemos esperar una política monetaria contraccionista.

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