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Anhelo de siempre | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-01-10 05:00:00

Anhelo de siempre

Siendo los gobiernos indispensables, los pueblos anhelan que sean buenos.
Anhelo de siempre

El abuso conspira contra este anhelo. La recta conciencia no alumbra siempre al gobernante. Bien dijo Malaparte que “la conciencia puede convertirse en horrible y fétido bubón”. Se imparten cursos, seminarios, simposios, para el buen gobierno; instituciones internacionales cooperan para que ese ideal sea cátedra permanente, visto que es noción muy vulnerable, en riesgo permanente.

Un escritor escribió: “la inteligencia es valiente y la listeza es miedosa”. Se refirió a la imprudencia administrativa y apeló a referir el banquete que los siete sabios de Grecia celebraron en la casa de Periandro, cuando, de sobremesa, discutieron acerca de este tema: ¿Cuál es el pueblo mejor gobernado? Estas fueron las opiniones de los sapientes varones: Solón: Aquel en que la injuria hecha a un particular interese a todos los ciudadanos. Bías: Aquel donde la ley está en el lugar del que manda. Anacarsis: Aquel donde la virtud es honrada. Tales: Aquel donde los ciudadanos no son ni muy pobres ni muy ricos. Plutarco: Aquel donde los empleos se dan siempre a los buenos y nunca a los malos. Quilón: Aquel donde se hace más caso de la ley que de los oradores. Periandro: Aquel donde la autoridad está en un corto número de virtuosos.

El mismo escritor se pregunta si los siete sabios de Grecia hubiesen encontrado entre nosotros alguna de tales virtudes. Si anhelamos buenos gobiernos ayudémosles con decisión en sus buenos proyectos y exijamos en ellos las virtudes de buen servicio social. Si aquí se reproduce el magnífico diálogo, se hace para estimular las virtudes de los buenos personeros de lo colectivo, porque, que los hay, los hay. Débese elogiar los buenos políticos, censurando los habilidosos y tramposos. ¿Estamos?

Hacer política, intervenir en ella, no puede entenderse sino como forma de hacer país, crear y fortalecer el Estado, a favor de la Nación que es el pueblo, la sociedad toda. Las posiciones para su ejercicio lo son de responsabilidad en su jerarquía y los grados de influencia que se obtengan no han de olvidar, pretermitir o rehusar el servicio para el engrandecimiento de un país, de un Estado, en beneficio de la causa grande y noble que es siempre la del pueblo. Bien está recordar los conceptos de los sabios griegos, porque los posteriores son simplemente complementarios.

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