Adulterio | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-01-18 05:00:00

Adulterio

Seg√ļn la ¬ďshar√≠a¬Ē o ley isl√°mica, quien comete adulterio -hombre o mujer- es sometido a lapidaci√≥n. La ley tiene vigencia en Ir√°n y ¬ďuna docena de pa√≠ses¬Ē √°rabes, informa El Pa√≠s. ¬ďEl castigo se ejecuta enterrando parcialmente al condenado y apedre√°ndole hasta la muerte¬Ē, se√Īala el diario madrile√Īo. El condenado tiene sin embargo la posibilidad de salvarse: si logra escapar de la pedrea, obtiene el perd√≥n.
Adulterio

Esta salvaci√≥n de √ļltimo momento es un homenaje al ingenio del reo en circunstancias tan dif√≠ciles, enterrado como est√° ante sus jueces. El ingenio que no puso al consumar adulterio y dejarse pillar en flagrancia, puede ponerlo en las puertas mismas de la muerte. Eso quiere decir que el pan no se quema siempre en la puerta del horno.

Pese a protestas y ruegos de organizaciones de derechos humanos occidentales, la pr√°ctica legal de este castigo sigue siendo relativamente aceptada. Lo seguir√° siendo seg√ļn el mayor o menor grado de vigencia del fundamentalismo isl√°mico en la vida pol√≠tica de esos pueblos, es decir, en la medida en que los principios religiosos sigan teniendo fuerza de ley.

A los occidentales de hoy nos escandalizan estas costumbres. Pero nos escandalizar√≠an menos si tuvi√©ramos buena memoria y record√°ramos que el Occidente de la Edad Media -hasta los albores de la Modernidad- castig√≥ con ¬ďleyes religiosas¬Ē muchos comportamientos civiles. El adulterio de las mujeres era severamente castigado por la Inquisici√≥n y mucho m√°s brutalmente castigado por las multitudes que apedreaban y quemaban en la hoguera a las ad√ļlteras.

Don Ramón del Valle Inclán trae un ejemplo de la barbarie cristiana en Las divinas palabras, una de sus grandes piezas teatrales. Goya, en sus Caprichos, da cuenta del matrimonio entre brujería, pecado y religión, cuando el adulterio femenino estaba entre esos límites. Pero bastaría asomarse a los expedientes del Tribunal del Santo Oficio para encontrar que el castigo islámico de hoy fue castigo católico de ayer.

Sin embargo, la víctima del castigo no era el hombre sino la mujer. El adulterio de los hombres era tolerado e incluso celebrado en los altares donde se reverenciaba al dios Príapo.

Llama la atenci√≥n que una pr√°ctica que es motivo de castigo en el islamismo radical sea motivo de admiraci√≥n en el imaginario de pa√≠ses dominados por el catolicismo. Pese a ser contemplado en las legislaciones occidentales, el ad√ļltero goza de gran prestigio en la comunidad, sobre todo entre los hombres. Tambi√©n suscita admiraci√≥n en no pocas mujeres. Muchas se preguntan ¬ďqu√© es lo que tiene el negro¬Ē y caen en la trampa de su propia curiosidad.

Pr√°cticas como √©stas nos separan del oriente musulm√°n, pero crean un estado de confusi√≥n enorme en otros aspectos. En algunos pa√≠ses musulmanes, por ejemplo, est√° permitida la poligamia, pero entre nosotros es una costumbre clandestina y excepcional practicada m√°s por los pobres que por los ricos. Los ricos son por lo general b√≠gamos con pocos hijos; los pobres, por lo general, tienden a ser promiscuos con un reguero de v√°stagos en cada ¬ďcasa¬Ē.

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