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Palabras Inútiles | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-01-20 05:00:00

Palabras Inútiles

Cruenta ha sido la historia de la humanidad, es decir, del capitalismo que ya describe Adam Smith, desde que en 1724 Bernard Mandeville publicó su celebérrima Fábula de las abejas, que mejor ilustra su subtítulo “los vicios privados hacen la prosperidad pública”, hasta la edición en 2007 de La doctrina del shock, que también ilustra bien el subtítulo “el auge del capitalismo del desastre”, de la canadiense Naomi Klein, ya famosa por su demoledor estudio No logo.
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El trabajo de Mandeville marca los rumbos que tomaría el capitalismo triunfante y señala con genio y maestría, no exenta de profunda ironía, más dosis de anarquismo filosófico y de utilitarismo escéptico, cuál sería la ética que guiaría –hasta nuestros días- a la nueva era de la recién inaugurada modernidad.

 Mandeville construye una monumental sátira política, que lo convierte en genio literario, de ese mundo nuevo en que le toca vivir y si bien justifica y promueve los vicios privados, que hoy podemos llamar corrupción, como un elemento de progreso, no por ello deja de condenarlos cuando se convierten en delitos. Eran los tiempos en que con la naciente burguesía se podía jugar a los dados a oscuras.

Naomi Klein no es un genio literario, no utiliza la ironía ni la sátira, pero hace un fresco delirante, riguroso y extenso, de lo que denomina el complejo de la economía política del desastre, y describe con detalle y múltiples experiencias mundiales –que van desde los países del Cono Sur, hasta los propios Estados Unidos (el desastre del Katrina), pasando por la toma capitalista de Rusia, China, Polonia y catástrofes naturales como las provocadas por los tsunamis, o las guerras-, cómo el capitalismo actual ha derivado hacia el aprovechamiento de las catástrofes –naturales o provocadas- como medio de imponer “el libre mercado”, tal como lo pensó el gran gurú norteamericano Milton Friedman, quien consideró que sus ideas de “libertad” no podían imponerse sino creando un gran shock o hecatombe. Colombia, no es la excepción, pues de mesianismos, hecatombes y reelecciones nos hablan.

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