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Y las palabras... | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-01-22 05:00:00

Y las palabras...

Al principio ya exist铆a la palabra.
Y las palabras...

聯Nuestro tiempo inundado por r铆os de palabras, ha perdido la atenci贸n a la palabra. Por eso utilizamos palabras significantes carentes de relaci贸n con el sentido, el contenido y la esencia de las cosas significadas聰.

Y despu茅s de haber perdido la atenci贸n a la palabra, hemos terminado l贸gica e inevitablemente por perder la fe en las palabras.

Nuestra mentalidad occidental nos lleva a considerar las palabras exclusivamente en relaci贸n con el pensamiento que expresan.

Los Hebreos en cambio, conciben la palabra como una realidad viviente, que tiene ya en s铆 misma vida, movimiento, actividad.

Por eso los Hebreos como todos los pueblos semitas, ten铆an una fe especial en la palabra hablada. La cargaban de una realidad din谩mica, de una fuerza y una potencia creadora.

La realidad y el poder de la palabra se fundan en la personalidad que las pronuncia y la palabra es una liberaci贸n de energ铆a ps铆quica y cuando es pronunciada con poder, engendra la realidad que significa.

En este sentido de palabra-poder podemos comprender la importancia que ten铆an para los orientales, las bendiciones y las maldiciones. En el mismo momento en que eran pronunciadas resultaban irrevocables, imparables.

La palabra de Dios no es solamente una ense帽anza o una fuerza que instruye: es una orden, un imperativo creador porque es un acontecimiento temporal que se inserta en la historia.

Cuando Dios habla, el hombre queda existencialmente envuelto. Esto es muy claro en los profetas. Ezequiel devora el rollo en el que est谩n escritas las palabras de Dios.

Su palabra es cre铆ble porque es creadora. 脡l habla y nace el mundo, habla y sanan los enfermos, habla y el pan se multiplica, habla y los pecados son perdonados, habla y los muertos vuelven a vivir. La palabra de Dios es siempre eficaz, produce siempre algo, nunca cae en el vac铆o.

Por eso se puede decir que la palabra de Dios es siempre sacramental. Realiza de hecho lo que significa. Por todo esto podemos darnos cuenta c贸mo hoy hemos vaciado las palabras de su verdad m谩s esencial, de su realidad m谩s intima, de su fuerza m谩s transformadora.

Hemos desacralizado las palabras. Hemos aprendido, por desgracia, a prostituir las palabras.

Esta es la raz贸n por la que los hombres de nuestro tiempo se han cansado de palabras. Y piden hechos, no palabras.

Es necesario liberar la palabra. Resituar nuestras palabras junto a la palabra que es vida. Para que las palabras vuelvan a decir algo. Y vuelvan a hacer algo.

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