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Colombia amarga | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-07-25 05:00:00

Colombia amarga

Colombia amarga

Dice Íngrid Betancourt que el 90% de los guerrilleros de las Farc son raspachines que se cansan de ofrecer su fuerza de trabajo a los cultivadores de coca, por lo extenuante que es tal labor y porque la remuneración no les alcanza para cubrir sus necesidades básicas.

Agrega la dirigente política que esos muchachos se sienten atraídos por la oferta que les hace las Farc porque ella significa el tener ropa nueva, botas y comida asegurada, hacerse respetar en el medio, poder comprar un radio nuevo y porque –si no mueren- encuentran la posibilidad de hacer una carrera y una especie de pensión porque tal organización guerrillera les proporciona una finquita, un cocal y vacas para administrar.

De tales aseveraciones, hechas por alguien que se vio obligada a vivir más de media década padeciendo la condición de estar secuestrada por ese movimiento irregular, salen a flor muchas enseñanzas que no pueden ser tapadas por la espuma de los acontecimientos colombianos, ni minimizadas por el maniqueísmo que se ha ido adueñando de varios sectores de la opinión nacional.

¿Qué es lo primero que se deduce de dicho testimonio? Que los muchachos de las amplias zonas geográficas que quedan en parte del Llano, la Orinoquia y la Amazonia están en un desamparo inenarrable y que la ausencia del Estado en tan extensas regiones es de tal dimensión que las únicas fuentes de trabajo son el cultivo de coca y las Farc. Así de duro, así de doloroso, así de descarnado.

Por eso lo que han manifestado  intelectuales y comentaristas de los hechos nacionales, aquello que ha sido tantas veces estigmatizado con un ánimo maniqueo, es veraz: mientras no haga presencia permanente el Estado y la sociedad en tan amplia parte de nuestra geografía y no llegue a ellas el progreso, no cesará de haber mano de obra disponible para nutrir la carne de cañón que usa las Farc en sus actividades.

Es necesario que a tales lugares llegue la sociedad, la industria, el comercio, la educación, el Estado, pues solo así se asfixiará la fuente de donde obtiene mano de obra las Farc.
Si. Hoy, muchos muchachos colombianos no tienen otra alternativa que vivir del delito. Esa es una verdad amarga.

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