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El Nuevo Recorrido de José Saramago | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-01-31 00:48:10

El Nuevo Recorrido de José Saramago

‘A viagem do elefante’ está dedicada, como ya es costumbre, a Pilar, quien, según las palabras del Premio Nobel de Literatura 1998, “no dejó que yo muriera”.
El Nuevo Recorrido de José Saramago

Por otro lado, esta narración, compuesta de dieciocho capítulos, guarda bastante relación con el famoso cuento de Saramago titulado ‘El cuento de la isla desconocida’ y con la novela ‘La balsa de piedra’, cuya historia se dedica en su mayor parte a todo un itinerario que, en este caso, acomete el paquidermo junto a su cuidador. Tal vez por eso es que el epígrafe que sirve de puerta de inicio a esta obra hace alusión a este éxodo emprendido por los personajes del relato: “Siempre acabamos llegando a donde nos esperan”.

En esta bella narración hay continuas alusiones al proboscidio y al viaje que éste realiza. Por ejemplo, “hay quien dice que el hombre fue hecho con las sobras del elefante, ya fuera por los valores simbólico, intrínseco y mundano del animal”, o cuando Subhro comenta que “creo que nunca entenderé a los elefantes. Sepa vuestra señoría que yo vivo con ellos casi desde que nací y todavía no he conseguido entenderlos…

Tal vez porque el elefante sea mucho más que un elefante”. Palabras que de una u otra manera hacen pensar que este paquidermo es más que un simple animal y en ello está la grandeza y creatividad del autor de ‘Las intermitencias de la muerte’, pues, pone al lector en el laberinto y en la encrucijada de descifrar este gran enigma, tropo o metáfora que, como diría Paul Ricoeur en ‘La metáfora viva’, “es el proceso retórico por el cual el discurso libera el poder que tienen ciertas ficciones de redescribir la realidad”.

Este texto de Saramago contiene una alta dosis de sabiduría, de la desesperanza tan característica en este autor, pero también de la posibilidad de ver que el futuro puede llegar a ser mejor, pues, a pesar de que, como se plantea en la obra, “nadie puede huir de su destino”, y de que “la dura experiencia de la vida nos ha demostrado que no es aconsejable confiar demasiado en la naturaleza humana, en general”, “el respeto por los sentimientos ajenos es la mejor condición para una próspera y feliz vida de relaciones y afectos”; es decir, que ‘El viaje del elefante’, más que una novela, es una cordial invitación a un replanteamiento de la condición del ser humano para que de esta manera surja un cambio, una revolución, un sueño que pueda ser tangible, pues, como lo escribe el novelista portugués, “si todo el mundo hiciera lo que puede, el mundo sería, con certeza, mejor”.

Es una obra aleccionadora que permite, con el transcurrir de los breves capítulos que la componen, llegar a despertar cierta curiosidad por Salomón (más tarde llamado Solimán),  por Subhro (Fritz) y por todas las aventuras, anécdotas y situaciones que padecen y que hacen que cada vez estos seres tan disímiles se unan. Una obra que hace pensar en la pareja conformada por Sancho Panza y Don Quijote de la Mancha, por la semejanza de momentos, locuras, corduras y padecimientos vividos por estos célebres personajes.

Adicional a todo esto, esta nueva obra de Saramago es una auténtica mezcla de temas, ya que así como hay líneas dedicadas a Europa y a lugares representativos de este continente, como Lisboa, Valladolid y Viena, entre otros, hay párrafos en los cuales este homenajeado autor dedica a su oficio de novelista, que para el narrador es sinónimo de ‘ficcionista’ y de ‘mentiroso’, y en los que ofrece disculpas como creador de novelas, pues, “se le tendrán que perdonar ciertas libertades en nombre no sólo de su derecho a inventar, sino también de la necesidad de rellenar los vacíos para que no se llegue a perder la sagrada coherencia del relato”.  

‘El viaje del elefante’ es una obra crítica donde el autor no pierde tiempo para jugar con las palabras y asumir ese rol de provocador que siempre ha sido su mejor carta de presentación. Una provocación hecha con inteligencia, con sabiduría y con la madurez que solo la edad puede ofrecer, ya que él asume que “el pasado es un inmenso pedregal que a muchos les gustaría recorrer como si de una autopista se tratara, mientras otros, pacientemente, van de piedra en piedra, y las levantan, porque necesitan saber qué hay debajo de ellas”, y ésta es, precisamente, la loable labor de este gran hombre con corazón de novelista e inagotable fuente creadora de metáforas.

 

 

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