Teléfono mata presencia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-02-06 05:00:00

Teléfono mata presencia

Un fen√≥meno que se ha venido dando en forma exagerada en las empresas y entidades colombianas que tienen atenci√≥n al p√ļblico, es el del tel√©fono desplazando al usuario que hace presencia f√≠sica en el lugar para realizar alg√ļn tr√°mite.
Teléfono mata presencia

La cosa es bien sencilla: usted va a una empresa a realizar una gestión, es decir, se desplaza físicamente hasta el domicilio de la misma, se somete a incómodas colas y cuando llega su turno entra una llamada telefónica y la persona que lo está atendiendo la responde y se dedica a hablar con quien llamó, dejándolo en una espera que carece de todo sentido lógico, causándole muchas incomodidades. Esto quiere decir que muchas veces da mejor resultado llamar que acudir personalmente, lo cual nos parece un contrasentido y un mal manejo del cliente.

Hoy, y eso lo tenemos claro, se ha implementado la obligación que dar atención telefónica a todos los miembros de la organización, pues ninguna empresa puede darse el lujo de tener el cargo exclusivo de telefonista.

Sin embargo, muy pocas han dise√Īado un modelo de manejo de este tipo de servicio y ello conduce a la situaci√≥n que estamos comentando que muchas veces llega a ser tan desesperante que el cliente presencial tiene que protestar para que se le atienda como debe ser.

Siempre hemos creído que quien acude directamente a un lugar merece una atención preferencial y el ser desplazado por una llamada telefónica es simplemente una demostración de las malas maneras empresariales del lugar al que se ha acudido.

Frente a una situación de esta naturaleza pensamos que, y en forma cortés, quien recibe la llamada debe hacerle saber a quien la hace que en el momento no puede atenderlo, pues está con una persona que ha llegado previamente y ofrecerle que una vez esté libre le devuelve la llamada o le atiende su requerimiento excusándose con la persona que tiene al frente quien al final le toca aceptar.

Sentimos que esta costumbre es por lo menos un perfecto acto de descortesía empresarial que pone de manifiesto el grado de incultura de quien así se comporta.

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