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El clarinete de La pollera colorá | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-07-27 05:00:00

El clarinete de La pollera colorá

Juan Madera Castro pellizca con su mano diestra la piel de la siniestra.
El clarinete de La pollera colorá

Tensiona la piel como en aquel juego de su infancia en Sincé, Sucre, en el que armaba una torre imaginaria de avispas con sus manos. Uno de los jugadores desbarataba el paraco y las avispas humanas corrían a picar al imprudente que las alborotaba.

Tensiona su piel, entorna los ojos y sentencia con la sonrisa serena de quien ha chupado múltiples sabores y sinsabores: “Ya son 86 años vividos, toque, toque, de este material no vuelve a salir”.

Casi nonagenario, el autor de la música de “La pollera colorᔠes un hombre moreno, alto, de espalda recta como su carácter; amante de las camisas guayaberas; de palabra verdadera como el gallero; empeñado en mantenerse vivo, pese a que hace dos meses la parca arremetió con poco tino y lo envió a una sala de cuidados intensivos en Cartagena.

Entonces sus once hijos y dieciocho nietos prendieron las alarmas y la clínica se convirtió durante esos espesos veintidós días, en un sitio de romería turnada para ellos.

Fue en Barrancabermeja

El primer sitio donde se escuchó el “Aaaayyy” de “La pollera colorᔠfue en un pueblo de Santander llamado Pimiental. Juan Madera lo interpretó con su clarinete porque nunca había pensado en un vocalista para su “pollera”: “esa tonalidad era muy alta para un cantante, era modalidad do mayor, pero Wilson Choperena se le midió…”

Corría el año 1958. El maestro Madera decidió vivir en Barrancabermeja. Partió con Amparo Isabel Manjarrés, su esposa, e ingresó a la orquesta del también sinceano Pedro Salcedo. Los domingos eran días de rebusque musical y por ello don Juan trasegaba por bares y griles. Y allí, en el gril “Hawai” de Barrancabermeja, cuando despuntaba 1961, el músico Madera con ojos que parecían sonreír ante el contoneo de las mujeres bailadoras de porro, mapalé y fandango, se percató que no sólo la cadencia de aquellas caderas lo impactaba, era el intenso carmesí de sus faldas el que punzaba su inspiración.

Notó entonces que a la Orquesta de Pedro Salcedo le faltaba una cumbia. Y esa sería “La pollera colorá”.

De inmediato comenzó a sacar los acordes de la canción que ha interpretado-tarareado desde Bart Simpson, Carlos Vives, La Billos Caracas, Joe Arroyo, Quinito Méndez, pasando por muchísimas bandas papayeras, hasta la más reciente versión interpretada por la Orquesta Filarmónica Nacional en sus 40 años.

Comenzó Madera a componer la canción que estremeció los oídos de Juan Pablo II, e hizo decir a Mario Moreno “Cantinflas” en 1962: “lo que más me gusta de Colombia es la música, en especial “La pollera colorá”, me voy a llevar a México una docena de ejemplares”.

Letra y grabación

Durante casi un año “La pollera colorᔠse interpretó como pieza instrumental, pero un día se presentó en casa del músico Madera, su compañero de orquesta y entonces amigo, Wilson Choperena quien le dijo: “Oye, Madera, toma unos versitos pa’que se los pongas a tu pollera colorá”.

El maestro Juan los recibió y luego de una gira, Pedro Salcedo planeó un viaje a Barranquilla a grabar cuatro números en la Casa disquera de Emilio Fortou. Todos los temas eran de autoría de Salcedo: los porros “Amparito” y “Paulina Calvete” y el mapalé “El Arranque”.

Siempre humilde y respetuoso, don Juan acató la orden del director: “Grabamos los cuatro temas, pero hacía falta la cumbia.

El maestro Pedro se puso a interpretar una de su autoría. Cuando terminó salió el técnico y le dijo: ¿por qué no me hace el favor de cambiar esa cumbia?, ésa no me gusta, maestro. Entonces yo que estaba detrás de él le dije: Maestro como cosa de Dios, maestro, vamos a probá con “La pollera colorá”.

Al día siguiente la percusión empezó a sonar luego que el director atendiera la súplica de su clarinetista. El técnico entusiasmado con el sabor de “La pollera” exclamó: “Caramba, por poco me dejan el hit por fuera”. A partir de ése noviembre “La pollera colorᔠfue tema obligatorio en Barrancabermeja, la Costa Caribe y Colombia entera.

Don Juan Madera sonríe al evocar esos tiempos, pero una nube gris oscurece su nostalgia alegre, cuando reconoce que el maestro Salcedo a quien admira profundamente, el mismo que lo instaba a registrar la canción con el fin de protegerla de posibles avivatos, se quiso apropiar de ella: “El Director de la orquesta, con sus hijos músicos allí presentes, sabiendo que él no tenía nada que ver con ese tema, se atrevió a decir que era de su cosecha…”.

La actitud de su maestro pasó desapercibida y esa desavenencia fue resuelta con música: “El maestro Salcedo soltó la risa y me dijo: Madera, tú eres conservador y compusiste “La pollera colorᔠy yo liberal ahora voy a componer “La pollera azul”. Por ello quizás habla sin dejo de dolor de su amigo Wilson Choperena, quien por mucho tiempo había ganado indulgencias con camándula ajena.

Faltó visión

En 1968 Pedro Salcedo decidió radicar su orquesta en Bogotá. Barrancabermeja empezaba a ser una plaza con poca proyección y el compositor Madera desistió de acompañarlos: “Yo no me fui. Para entonces había nacido Juan Carlos, Amparo Luz, Berena y Rocío.

Yo me acomplejé con esa cuestión y pensaba que iba a aguantar mucho frío con los pelaos y entonces cojí para acá, para Sincé, para mi cunita de oro”.

Entre tanto, Wilson Choperena sí viaja a Bogotá y allá es él quien figura como dueño único de “La pollera colorá”. En 1962, los dos amigos registraron el tema en la Notaría Primera de Barrancabermeja.

Ese registro donde firma Choperena como el dueño de la letra de “La pollera colorᔠy Madera como el dueño de la música, anduvo de aquí para allá en un costal lleno de papeles que soportó sin extraviarse, las mudanzas de la familia Madera Manjarrés.

Pese al descuido “ése papel sobrevivió y es el que me está salvando una demanda que le puse a Choperena”, afirma con decepción mal disimulada.

Don Juan Madera Castro es un hombre que no se permite una mentira. Cree que en su arte el verdadero autor de un tema es quien compone la música: “nadie baila con la letra, el que compone la música es el que vale.

Mire a ver ahora en los cuarenta años de la Orquesta Filarmónica, grabaron lo que a mí me pertenece…” y don Juan crea un clarinete con sus manos y grita “Aaaayyy parapapiropopi… ahí no vocaliza nadie, ni sale Choperena, es lo que yo compuse, instrumental…”.

No admite la mentira ni la deslealtad y le sobra nobleza; por eso perdonó los muchísimos años que Wilson Choperena, su amigo, negó su nombre y recibió beneficios exclusivos: don Juan estaba en Sincé y Choperena en la capital del país presentándose y recibiendo homenajes.

“Dicen que “La pollera colorᔠes similar al Himno Nacional; la letra del Himno es de Rafael Núñez y la música del maestro Oreste Sindice. Esto es a un mismo nivel, es un tema compartido, yo compuse la música y él complementó el tema… jamás he dicho que es sólo mío”.

Sin embargo, fueron muchos años de regalías sólo para Wilson Choperena, años duros en Sincé hasta que decidió escribir a Sayco y se hizo miembro de la Sociedad de autores y compositores. Entonces la situación empezó a mejorar para la educación y el bienestar de sus hijos.

Antología de alegrías

“La gallina de arriba es la que caga a la de abajo. Choperena se estaba presentando por todo el país y lo veían y yo por acá… pero Dios no quiere cosas sucias, vea, ahora me hicieron un homenaje en Sincé”.

Sí. Ahora es el tiempo de los homenajes. El más reciente fue el que le brindó Barrancabermeja declarándolo “hijo adoptivo”. La sonrisa le sonríe cuando evoca: “Fue un homenaje con todas las de la ley. Quizá ni a Uribe le hacen un homenaje como el que me hicieron a mí, porque Uribe va escoltao y yo sin nada… eso daba gusto, todo el mundo: “Maestro que el autógrafo, que la foto”, caramba y sin peligro de nada, yo aclamao por ese gentío…, allá les dejé el clarinete con el que compuse “La pollera colorá”, dijeron que pa’ un museo”.

Entre las gratitudes que la música le ha brindado recuerda con satisfacción el encuentro con Lucho Bermúdez y Matilde Díaz. Era el tiempo de esplendor de “La pollera colorá”.

La orquesta de Pedro Salcedo alternó con Lucho Bermúdez en Neiva y éste no disimuló para nada la admiración hacia su colega Madera: “Oiga maestro Madera, lo felicito, ahora que terminemos me hace el favor y se va conmigo para el hotel a escribir la melodía porque quiero hacerle un arreglito, pero eso sí, no se le olvide ponerme ese gustico del “Aaaayyy””.

Las lágrimas asoman a sus ojos rasgados cuando recuerda una noche que “estaba meciéndome en una hamaca. Eran como las once.

El sueño se me había escapado y el radio me acompañaba. Cuando de pronto oigo parapapiropopi…, a mí se me soltaron las lágrimas de la emoción, ¿dónde era eso?, vamos a ver que eran unos músicos que mandaron de Barranca a tocar una serenata al mismísimo Papa, entonces qué le tocaron, pues “La pollera colorá”.

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