Una estrategia peligrosa | Noticias de santander, colombia y el Mundo | Vanguardia.com
Publicidad
Mar Dic 12 2017
20ºC
Actualizado 10:14 am

Una estrategia peligrosa | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-02-15 05:00:00

Una estrategia peligrosa

En la pol√≠tica, no hay mejor arma que la polarizaci√≥n: les suele funcionar bien a gobernantes y candidatos. Pa√≠ses con democracias s√≥lidas como Espa√Īa tienen un debate pol√≠tico encendido donde no faltan los manique√≠smos y los ep√≠tetos cargados de veneno. En Estados Unidos, la pasada contienda electoral se caracteriz√≥ por el crudo juego de se√Īalamientos mutuos entre la campa√Īa de Obama y la de McCain.
Una estrategia peligrosa

Pero en cualquier democracia se critica que de la vehemencia se pase a los insultos, la calumnia o la agresión, sobre todo si estos provienen del Presidente.
En marzo de 2004 los espa√Īoles le negaron la reelecci√≥n a Jos√© Mar√≠a Aznar cuando, como estrategia electoral, intent√≥ asociar el mayor atentado terrorista de su historia con Eta (el responsable result√≥ ser Al Qaeda).

El desplome de John McCain estuvo asociado a comentarios salidos de tono hechos por Sarah Palin, su f√≥rmula a la vicepresidencia, quien acus√≥ a Obama de ser ¬ďamigo de terroristas¬Ē, lo cual fue considerado una sucia estrategia de campa√Īa.

Y la comunidad internacional le reprocha a Hugo Ch√°vez haber polarizado a Venezuela.

La polarización, en general, dificulta el debate. Y en Colombia, donde hay una larga tradición de violencia política, es un arma muy peligrosa.
 
Por eso, las √ļltimas intervenciones p√ļblicas del presidente √Ālvaro Uribe V√©lez, en las que descalific√≥ a periodistas y organizaciones civiles, han ca√≠do muy mal.

En un consejo comunitario, y ante las c√°maras de televisi√≥n, Uribe V√©lez se refiri√≥ al grupo de Colombianos por la Paz que lidera Piedad C√≥rdoba (y que propici√≥ la liberaci√≥n de seis secuestrados) como un ¬ďbloque de intelectuales de las Farc¬Ē.

D√≠as antes hab√≠a se√Īalado a los periodistas Hollman Morris y Jorge Enrique Botero como ¬ďamigos del terrorismo que fungen como periodistas¬Ē.
Aunque este estilo no es nuevo en Uribe Vélez, lo preocupante es que los epítetos de terrorismo se han convertido en la espada que blande el gobierno para descalificar a sus adversarios.

Y eso en Colombia puede tener consecuencias muy graves. ¬ŅPor qu√©, si es tan mal visto, Uribe insiste en este estilo polarizante?
Primero que todo, porque es muy rentable políticamente. Uribe (como Bush y como Chávez) ha construido su manera de gobernar a partir del enemigo. En este caso el enemigo son las Farc, y nada mejor para que el Presidente se mantenga arriba en las encuestas que asociar a sus adversarios con la guerrilla.

En segundo lugar, porque infortunadamente todo el que polariza tiene audiencia. Los medios visibilizan con más facilidad a quien da mensajes en blanco y negro, y más aun si son dardos bien lanzados. Les pasa a los columnistas de prensa, que mientras más radicales, más lectores tienen y más apasionados foros de lectores suscitan. Y les pasa a los políticos.

En el Gobierno, por ejemplo, los ministros más visibles son los que más se muestran a la derecha de Uribe Vélez, como Juan Manuel Santos y Andrés Felipe Arias. Y en la oposición, los que aparecen como más antiuribistas, como la misma Piedad Córdoba.

En cambio, quienes est√°n en el centro, como Sergio Fajardo, pueden terminar siendo invisibles. ¬ďEl d√≠a que yo diga por ejemplo que Uribe V√©lez es ¬Ďparaco¬í, eso ser√≠a titular de primera p√°gina. Jam√°s en mis propuestas¬Ē, dice Fajardo. ¬†

Pero en Colombia la estrategia de la polarización es muy peligrosa. Violencia y política siempre han ido de la mano, y hay fuerzas oscuras que creen encontrar en la descalificación al otro una licencia para matar. Los crímenes políticos que han conmocionado el país en diferentes momentos de su historia han estado precedidos, sin excepción, por fuertes episodios de polarización política.  

En los a√Īos 40 el sectarismo exacerbado entre liberales y conservadores provoc√≥ el asesinato de Jorge Eli√©cer Gait√°n y una guerra civil que dur√≥ una d√©cada.
A finales de los a√Īos 80, muchas muertes de dirigentes de la UP, como Jaime Pardo y Manuel Cepeda, se dieron despu√©s de que miembros del Gobierno los se√Īalaron como afines a la guerrilla. Y en los a√Īos 90, el asesinato de √Ālvaro G√≥mez Hurtado ocurri√≥ en un ambiente de extremo sectarismo entre quienes respaldaban al presidente Ernesto Samper y quienes vislumbraban su ca√≠da.

En los √ļltimos a√Īos el debate se ha radicalizado al extremo y aunque hay que reconocer que la violencia pol√≠tica ha disminuido, los riesgos para la democracia son enormes: se nivela por lo bajo la cultura pol√≠tica y se pone en riesgo la vida de quienes toman posiciones radicales. ¬†

Es increíble, por ejemplo, que Gustavo Petro, uno de los más ácidos opositores del gobierno, tenga que pagar un alto precio por sus opiniones políticas.

¬ďSiento a veces el odio de la gente en la calle. Me insultan delante de mis hijos. Envenenaron a los perros de mi familia. Mi mam√° y mi hermana tuvieron que exiliarse y cerrar el colegio que ten√≠an porque no resistieron las amenazas. Mis hijos, que son unos ni√Īos, tienen que vivir con escoltas¬Ē, dice.

Similar situación le ha ocurrido a Piedad Córdoba. La semana de las liberaciones nuevamente fue agredida verbalmente en un aeropuerto por personas intolerantes. Lo curioso es que en esa semana Córdoba actuó con prudencia y altura.  

Igualmente desconcertante resultó la reacción de muchos ciudadanos frente a la espontánea alocución que hizo Alan Jara recién liberado. Algunas críticas al Presidente por no haber facilitado el acuerdo humanitario, y una visión de que las Farc estaban menos debilitadas de lo que el Gobierno cree. Muchos quisieron callar a Jara con el argumento de que sufría síndrome de Estocolmo.

Una asociaci√≥n de siquiatras zanj√≥ el debate al reivindicar el derecho de Jara a expresarse libremente, sobre todo despu√©s de siete a√Īos de cautiverio.
¬ďEl asunto no es tanto de intolerancia como de entender c√≥mo funciona el pluralismo, m√°s aun en sociedades con conflictos internos¬Ē, dice Jorge Giraldo, decano de ciencias pol√≠ticas de la Universidad Eafit de Medell√≠n.

En el mismo sentido se pronuncia el soci√≥logo Fabi√°n Sanabria, quien dice que una democracia no funciona s√≥lo con base en la voluntad de las mayor√≠as. ¬ďHay que darles espacios a las minor√≠as para que jodan. En eso consiste la democracia¬Ē.

La polarización es de doble vía. Grupos de izquierda radical han polarizado en contra de Uribe.

En Europa, el Presidente ha sido estigmatizado como paramilitar por grupos que lo reciben con pancartas y gritos, y nunca se le han medido a un debate de argumentos con él.

El propio Jos√© Obdulio Gaviria fue agredido con un huevo en la cabeza el a√Īo pasado durante una conferencia en una universidad. ¬ďNo considero que eso sea polarizaci√≥n. En Colombia hay un debate supercivilizado. El incidente del huevo fue el gesto de una minor√≠a de la extrema izquierda del Polo¬Ē, dice Gaviria.¬†

El problema no es lo acalorado del debate, sino el riesgo que implica confundir al adversario pol√≠tico con un combatiente del bando enemigo. Eso es lo que hizo el Presidente al calificar de ¬ďintelectuales de las Farc¬Ē a quienes est√°n promoviendo un acuerdo humanitario, y tambi√©n es lo que han hecho muchos grupos radicales cuando se√Īalan a Uribe de paramilitar. Porque una cosa es ver con buenos ojos a la guerrilla, y otra, hacer parte de ella.

Así como en el proceso de la para-política la Corte Suprema no ha juzgado a los congresistas por sus simpatías con los paramilitares ni por compartir su ideología, sino por actos criminales que los convirtieron en sus cómplices.

La tragedia de los conflictos internos es que los grupos armados buscan la victoria bas√°ndose en la adhesi√≥n que logran de sectores de la sociedad civil. Justamente por eso es fundamental trazar una frontera entre las lides militares y la pol√≠tica. Y diferenciar claramente a los contradictores en ideas, de los enemigos en armas. Es la √ļnica manera de librar una guerra, y preservar al mismo tiempo, la democracia.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad