Las carreteras y la gente | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-02-15 05:00:00

Las carreteras y la gente

Al otro día de la tragedia ocurrida por la caída de un bus de pasajeros en la carretera que supuestamente une a Medellín con Quibdó, uno de los noticieros presentó un excelente reportaje de un viaje que hicieron unos periodistas de ese medio por esta carretera.
Las carreteras y la gente

No s√© si fue el mismo que realiz√≥ la periodista Mary Luz Avenda√Īo, que destac√≥ H√©ctor Abad (¬ďEl Caballo del Ministro¬Ē en El Espectador), pero si no lo es, el viaje sigue siendo como lo describi√≥ Abad: ¬ďAbismos de v√©rtigo, derrumbes incontables, huecos del tama√Īo de represas, rocas, pantano, cascajo¬Ö 24 horas de viaje para 240 kil√≥metros de carretera. Una trocha y un peligro de muerte para los viajeros.¬Ē
 
El noticiero revel√≥ tambi√©n el resultado de una encuesta sobre el grado de aceptaci√≥n del p√ļblico del estado de las carreteras colombianas y que una nutrida mayor√≠a de los encuestados se declaraban satisfechos con ellas (creo que menos del 15% de los encuestados manifestaron estar descontentos). Resulta interesante esta percepci√≥n de la gente y m√°s en el contexto del reportaje que estaba al aire, que presentaba escenas espeluznantes sobre los peligros, incomodidades y dem√°s aspectos negativos de la v√≠a. Estos problemas son bien comunes, no exclusivos de esta v√≠a.

Pero las carreteras no tienen doliente a pesar de que hay que soportar su mal estado. Es posible que los colombianos nos hayamos acostumbrado a esas condiciones o que no esperamos que lo vayan a mejorar. Desde chiquitos hemos tenido que soportar el derrumbe y la varada, poner piedras y tablas para que puedan salir los carros enterrados en el barro, empujar, correr delante de los buses en la niebla alumbr√°ndoles el camino, o poner peso de un lado para que no se rueden al abismo. No nos preocupa que siga sucediendo lo mismo, porque nos parece natural.

Abad se√Īala que una tragedia anunciada como la de la semana pasada ¬ďla paga con el puesto el ministro¬Ē del ramo y hay un esc√°ndalo en cualquier otra parte del mundo, pero no aqu√≠. Ni siquiera los abogados especializados en ponerle pleitos al estado se dan por enterados, aunque los riesgos que corren los usuarios fueran conocidos de antemano por los funcionarios negligentes que no hicieron nada. ¬†

A los empresarios tampoco parece importarles la precariedad de la infraestructura de transporte. Posiblemente los que producen para el mercado nacional trasladan esos costos al consumidor.

Pero los exportadores tampoco se quejan, y eso es m√°s dif√≠cil de entender porque el sistema de transporte va en camino de hacer crisis. Ya el ferrocarril se ha convertido en obst√°culo para el desarrollo minero, por ejemplo, porque lo han monopolizado unos pocos usuarios y no da abasto. La carga nacional ha crecido m√°s r√°pidamente que el producto. Entre 2003 y 2005 creci√≥ m√°s de 61% en toneladas. El n√ļmero de veh√≠culos que transitan por las carreteras crece m√°s r√°pidamente que la econom√≠a.

Pero la inversi√≥n p√ļblica en transporte ha disminuido apreciablemente desde 1994 en t√©rminos reales. Desde 2003, el n√ļmero total de kil√≥metros de carretera solamente ha aumentado en forma muy marginal. Tampoco lo han hecho las¬† v√≠as f√©rreas, y los r√≠os permanecen sin utilizar. Alguien deber√≠a pararle bolas a esto antes de que los costos se vuelvan prohibitivos o el sistema colapse por congesti√≥n.

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