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Una nueva piel | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-07-27 05:00:00

Una nueva piel

Bucaramanga tiene la cara sonriente en estos días. Pienso que todo se debe a que el señor Alcalde Fernando Vargas, más tranquilo por el mejoramiento de la salud de su hijo, ha podido mirar con optimismo el desarrollo de la ciudad. Viejos sueños parecen concretarse.
Una nueva piel

Cables Aéreos cruzarán los aires entre otras obras y por fin a la cultura se le mejorará la piel. Me enteré de que se nombró como director del Centro Cultural del Parque Centenario, al Médico Dermatólogo, Donaldo Ortiz.

Un acierto. Con la mirada algebraica con que observa las cosas el Centro puede ser rescatado de las melenas de los locos que duermen en los zaguanes. Cuando fui al Centro siempre encontré que habían cerrado las puertas.

En una oportunidad que se me invitó a decir unas palabras en el centenario del Colegio San Pedro Claver, busqué a Alfonso Penagos Mantilla, el más viejo de los egresados, la mente más lúcida, a que me contara cosas de ese centro, de cuando fue sede del colegio.

Un viaje a la infancia, jaulas de palomas vacías, periódicos olvidados, una escalera de madera que lleva a todas partes y a ninguna, corren los muchachos afanados.

Abajo el sótano, no podía faltar el lugar de los espantos, la posibilidad de ocultar el estorbo de un crimen, los túneles que conducían a los tesoros guardados. Los bancos no son confiables ni antes ni ahora ni nunca. Un continuo siglo de guerras civiles, era mejor entonces dejarle el dinero a la iglesia para que lo ocultara en los túneles.

En el más allá, en el cielo o en el infierno se tendría una cuenta corriente disponible.

El cuadro del baptisterio en la capilla, un aljibe sin uso repleto de cáscaras de naranja. Habrá bastante por hacer en ese centro, pero dejen que Donaldo Ortiz lo mire con sus lentes bicicleta que él sabrá lo de hacer. A alguien de cabeza agrietada se le ocurrió un parqueadero.

Sería bueno pasar por la Casona de los Navas. Allí se percibe en las paredes el olor de antes, el aroma de los dulces de guayaba y de sidra.

La remodelación de la casa de los Navas fue sobria aunque la idea del Centro debe ser otra. Ortiz Latorre quiere también la recuperación de la laguna de la Plaza de Mercado Central.

Allí abrevaron los caballos de Alfinger y se atosigaron la panza los soldados con caracoles babosos. Restaurar la plaza, recatar el mito de Alfinger, un alemán no tan malo como lo pintó la historia deformada. Sacar a los mercaderes del templo, llevarlos con los vendedores ambulantes a una gran plaza al aire libre a exponer sus mercancías al regateo, en el suelo, herencia árabe e hispana.

Hoy, en el fondo que rodea el aljibe, al levantar la tapa que engaña a la luna, se escuchan latas de conservas. Hemos tirado una moneda esperando la suerte de una rata que escapa mojada y la moneda es devuelta desde el fondo por un miserable que allí habita como buzo de un naufragio.

¿Acaso no habrá dentro de poco que buscar agua en los aljibes? Un hombre con un ojo vacío nos observa mascando un pucho de tabaco, nos entrega una tarjeta en donde por unos pocos pesos una mujer simulará el amor y nos garantiza ganarnos la lotería de un VIH.

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