Obras públicas ‘eternas’ | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-02-22 05:00:00

Obras públicas ‘eternas’

Lamentablemente, el título de este espacio editorial no hace referencia a la duración de las obras públicas que se hacen en este país. Y menos aún, a la calidad de las mismas. De hecho, ésta es bastante cuestionable en un sinnúmero de ocasiones que de vez en cuando escandalizan a la ciudadanía.
Obras públicas ‘eternas’

Por el contrario, el encabezado de esta columna tiene que ver con las tardanzas perpetuas que arropan las construcciones de puentes, edificios, túneles, acueductos y carreteras, para nombrar sólo algunas de ellas.

Es que en Colombia y particularmente en Santander, los retrasos en las construcciones que contrata el sector público no son de semanas o meses, lo cual podría justificarse y eventualmente, entenderse. Las demoras más comunes ahora son de años, como ha podido verse con las obras de Metrolínea, que no solo no han cumplido ni una sola de las fechas establecidas para su culminación, sino que han sometido a los habitantes de Bucaramanga y el área metropolitana a innumerables molestias y serios percances por cuenta de la desorganización y la incompetencia.

Es que si el cambio de un semáforo como el de Cañaveral, destruido por un camión irresponsable, le ha tomado a la Dirección de Tránsito de Floridablanca más de dos meses en reponerlo o repararlo, ¿qué puede esperarse de los demás? Y ni qué decir del puente Flandes en la vía a Girón y el aeropuerto.
En Colombia siempre se ha discutido sobre la manera en que la corrupción hace presencia ineludible a la hora de contratar obras públicas. Las licitaciones, que generalmente tienen un ganador predeterminado antes de ser de conocimiento público, son vistas como la única parte del problema, como si las demoras y la muy cuestionable calidad de las obras que luego se entregan, no fueran también parte integral del mismo.

En materia de control de las obras realizadas por el sector oficial, es innegable el papel bastante mediocre por decir lo menos, que juegan las interventorías. Sin embargo, este palidece aún más al contemplar el de los organismos fiscalizadores, a los cuales no parece importarles mayor cosa los grados de molestia extrema a los que cada vez más frecuentemente llega la ciudadanía, que no se resigna a ver el triste destino que suele esperar a los dineros que tan cumplidamente les cobra la administración de impuestos.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad