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Guerra fría | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-02-28 21:56:45

Guerra fría

El pasado martes 24 de febrero Juan Manuel Santos no se cambiaba por nadie. Se acababa de reunir con el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, y se convertía así en el primer alto funcionario del gobierno en verse con un miembro del gabinete de Barack Obama. Era apenas el primer encuentro de una anticipada gira triunfal que le serviría para cerrar con broche de oro su gestión como Ministro de Defensa y su lanzamiento como candidato presidencial.
Guerra fría

Estaba tan seguro de s√≠ mismo, que en una rueda de prensa en Washington D.C. dijo que iba recomendarle al presidente √Ālvaro Uribe darle ¬ďcristiana sepultura al DAS¬Ē. Su improvisada propuesta caus√≥ un revuelo inesperado en Colombia.

Al conocer la declaraci√≥n de Santos, Uribe le orden√≥ al secretario de prensa del Palacio de Nari√Īo, C√©sar Mauricio Vel√°squez, salir ante los medios para desautorizar al Ministro de Defensa. ¬ďSin ninguna duda ¬Ėdijo¬Ė, la preocupaci√≥n del gobierno es buscar correctivos y fortalecer esa instituci√≥n, para el bien de la democracia¬Ē. No es usual que un funcionario de medio nivel rectifique a un miembro del gabinete ministerial y menos a un peso pesado como Santos. ¬†

En realidad este episodio es apenas el √ļltimo que ha distanciado al primer mandatario de su Ministro estrella de la seguridad democr√°tica, que en julio de 2008, tras el operativo contra ¬ĎRa√ļl Reyes¬í y la Operaci√≥n Jaque, parec√≠a estar en primera fila para ser ungido como su sucesor. ¬†

Desde entonces, sin embargo, una serie de malentendidos y roces han carcomido la relaci√≥n entre el Presidente y Juan Manuel. Muchos de esos malentendidos surgen de dos factores que se est√°n presentando simult√°neamente: la ambig√ľedad de Uribe sobre su segunda reelecci√≥n y el exceso de protagonismo de Santos.
 
Es evidente que √©ste cree que el primer mandatario es sincero cuando dice que no quiere perpetuarse en el poder. Por eso, Juan Manuel les dijo hace unas semanas a la directora de El Colombiano, a otros dirigentes antioque√Īos y hasta con quien se cruzara en la calle que el Presidente se retirar√≠a el 7 de agosto de 2010 y que el mismo Uribe le recomend√≥ lanzarse al agua. Santos fue el primer sorprendido con la desmentida d√≠as despu√©s por el mismo diario, que en un editorial lo acus√≥ de inventarse cuentos.

Fue tanto el malestar del Presidente, que le dijo a un grupo de congresistas: ¬ďQue Juan Manuel no hable m√°s de m√≠. Que se dedique a proponer pol√≠ticas y no a interpretarme¬Ē. En otra reuni√≥n con la bancada de La U, seg√ļn le coment√≥ a SEMANA un congresista, Uribe se mostr√≥ fr√≠o frente a una candidatura de Santos, que de paso tiene pocos adeptos dentro del sanedr√≠n de Palacio.

Ese es un grupo de furibistas que mira con desconfianza lo que consideran una rancia oligarqu√≠a bogotana que, seg√ļn ellos, acab√≥ al pa√≠s durante 40 a√Īos, hasta la llegada de √Ālvaro Uribe. Adem√°s, en Palacio cuestionan la lealtad de Juan Manuel; lo consideran demasiado independiente y con vuelo propio. Prefieren el modelo de Andr√©s Felipe Arias, ¬ĎUribito¬í, dispuesto a jurar obediencia y a devolverle el puesto al jefe si alg√ļn d√≠a lo requiere.

Aunque el Presidente prefiere funcionarios incondicionales cuyas carreras pol√≠ticas dependan de √©l, hizo la excepci√≥n con Santos por ser muy competente y por el nivel de aceptaci√≥n que tiene en la clase dirigente. En esos dos frentes, Uribe no se equivoc√≥. Santos ha sido tal vez el ministro de Defensa m√°s eficaz en la historia reciente del pa√≠s en un gobierno cuya credibilidad y respaldo depende precisamente de los √©xitos en el campo de batalla. Los ¬Ďfalsos positivos¬í han sido el gran lunar de esa gesti√≥n y uno de los esc√°ndalos m√°s graves en la historia de las Fuerzas Armadas. Pero frente a esa barbaridad, Santos cogi√≥ el toro por los cuernos y retir√≥ a m√°s de 25 oficiales del Ej√©rcito, hecho por el que fue muy criticado en ciertos sectores militares.

Durante los primeros dos a√Īos y medio del segundo gobierno de Uribe, el Presidente le cedi√≥ todo el protagonismo de los √©xitos militares a Santos. Se volvieron rutinarias las ruedas de prensa en las cuales el Ministro de Defensa en un atril casi presidencial, con el alto mando detr√°s de √©l, daba partes de victoria al pueblo colombiano.

 

Acept√≥ en silencio que el Ministro se adelantara con la noticia de la muerte de ¬ĎTirofijo¬í, uno de los eventos m√°s importantes en el medio siglo del conflicto armado. Asumi√≥ el costo pol√≠tico por el uso del emblema de la Cruz Roja en la Operaci√≥n Jaque, utilizando frases que posteriormente fueron rectificadas por los hechos. Incluso toler√≥ declaraciones incendiarias sobre Ch√°vez a pesar de las implicaciones que estas ten√≠an en la relaci√≥n bilateral con Venezuela. ¬†

Los acontecimientos de las √ļltimas semanas indicar√≠an que esa paciencia est√° llegando a su fin. El florero de Llorente parece haber sido la visita de Santos a Washington la semana pasada. El malestar no s√≥lo se debi√≥ por las declaraciones sobre el cierre del DAS sino porque el Ministro trat√≥ de organizar inicialmente un viaje casi de jefe de Estado a Estados Unidos pas√°ndose por alto a la Canciller√≠a.

La ¬Ďcumbre¬í eventualmente se reorganiz√≥ incluyendo la participaci√≥n del ministro de Relaciones Exteriores, Jaime Berm√ļdez. Pero todo el episodio, con muchos tires y aflojes, dej√≥ un mal sabor dentro del gobierno y en particular en Palacio. ¬†

Para los observadores es evidente que todas las movidas pol√≠ticas que est√° haciendo el Presidente de la Rep√ļblica no favorecen a Santos. El afecto de Uribe por ¬ĎUribito¬í raya en la adoraci√≥n y no lo oculta. ¬†

En cuanto al partido de La U, Santos aspiraba a retirarse del Ministerio de Defensa en el mes de mayo y ser nombrado simult√°neamente como presidente de La U y candidato de ese partido. En la √ļltima reuni√≥n de la bancada, se estableci√≥ que nadie podr√≠a tener esas dos condiciones al mismo tiempo. Teniendo en cuenta que √Ālvaro Uribe es el jefe supremo de La U, se da por descontado que cont√≥ con su visto bueno.

Y como si esto fuera poco, todo parece indicar que ha mostrado interés en que la presidencia de su partido recaiga en personalidades uribistas no necesariamente santistas. En esta categoría estarían Rodrigo Rivera y el comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo. De Rivera se sabe que en un momento dado el Presidente llegó a contemplarlo como una opción para ese cargo. Restrepo, quien va a renunciar en los próximos días, piensa buscar apoyo para reorganizar el uribismo.  

Tampoco pasaron desapercibidas unas declaraciones del senador Armando Benedetti, en las cuales criticaba a Santos de hacer pol√≠tica con la seguridad del Estado y le suger√≠a retirarse del Ministerio para buscar su candidatura sin gabelas. Estas palabras no tendr√≠an mayor importancia de no ser porque Benedetti es considerado vocero de Uribe. Esa misma posici√≥n la ha mantenido la senadora Martha Luc√≠a Ram√≠rez, la √ļnica rival declarada de Santos por la candidatura de La U. ¬†

Individualmente, cada una de las movidas mencionadas no tienen mayor trascendencia. Pero miradas en su conjunto, dejan claro que con el visto bueno del Presidente se están llenando unos espacios políticos de una forma que no le conviene a una candidatura de Juan Manuel Santos.  

El tel√≥n de fondo detr√°s de muchos de estos episodios es la segunda reelecci√≥n de √Ālvaro Uribe. Aunque esta tiene muchos obst√°culos por delante, el Presidente no la ha descartado. En ese escenario a √©l le conviene que salten al ruedo m√ļltiples candidatos pocos viables para que se configure la hecatombe que lo requiera a √©l.

Esa estrategia es muy inc√≥moda para cualquier aspirante serio a la presidencia por el uribismo, pues esa corriente no tomar√° en serio ning√ļn nombre hasta que se defina el jefe. Y esa es precisamente la encrucijada en que se encuentra Juan Manuel Santos, que tiene hasta mayo para no inhabilitarse como candidato.

 

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