Palabras Inútiles | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-03-03 05:00:00

Palabras Inútiles

Hace 20 años Sándor Márai, el extraordinario escritor húngaro, se suicidó en san Diego, California. Tenía 89 años.
Palabras Inútiles

Acosado por la enfermedad y la “soledad solitaria”; en poco tiempo murieron su esposa, su hijo adoptivo y todos sus hermanos. Había decidido no ser víctima del “comercio de la agonía”; sólo le restaba calcular bien sus fuerzas para “esperar el llamamiento a filas”, que ocurrió el 21 de febrero de 1989. “Tiene que ser muy bonito morir sano”, anotó en 1985.

La mitad de su vida la pasó en el exilio, agobiado y perseguido por las dictaduras que asolaron su país –las de los propios húngaros, los nazis y los comunistas- ,  hasta la caída del Muro de Berlín, en el año de su muerte. La única y verdadera patria que le quedó  fue la lengua materna. Los comunistas lo condenaron al ostracismo y la democracia occidental triunfante en la II Guerra Mundial también.

Escribió en su vida innumerables novelas, cuentos, reseñas, poemas y diarios íntimos, casi hasta el último día de vida. Considerado en su momento de esplendor a la altura de los más grandes, como Thomas Mann, Robert Musil y Hermann Broch, ha sido redescubierto y traducido a muchas lenguas, y su grandeza literaria rescatada. La novela de redescubrimiento fue El último encuentro  (1998), gracias a una editorial italiana. En nuestro idioma tenemos ya diez libros publicados con reconocimiento sostenido, y cada día se anuncian nuevas investigaciones sobre su vida y obra.

 A fines del año pasado se publicó el  sexto tomo de Diarios; 1984-1989,  testimonio conmovedor y lúcido – con alto contenido aforístico- sobre  los últimos años y momentos de vida. A sus recuerdos personales, le siguen incisivos comentarios sobre el amor, la política, la soledad, la enfermedad  y el desencanto de todo, hasta de la propia literatura. Pese a los coqueteos del régimen agonizante, nunca quiso volver a Hungría. No creía en el “recycling” de valores ni en las reformas prometidas, porque eran como “revolver la mierda”. Cualquier coincidencia con Colombia es puro azar.

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