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Reflexiones | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-03-05 05:00:00

Reflexiones

Los ciudadanos tenemos la desgraciada costumbre de olvidar muy pronto. Este manido argumento busca alertar a las personas sobre las graves consecuencias que tal comportamiento acarrea.
Reflexiones

Entre nosotros se ha entronizado el síndrome de la asimilación, que permite soslayar y en muchas ocasiones hasta excusar malas administraciones públicas, ausencia de representación de los anhelos ciudadanos ante los entes colegiados, nulas ejecutorias en la satisfacción de necesidades básicas de los individuos, etc., como algo de normal ocurrencia.  Esto conduce a actuar con indiferencia y pasividad, y a aceptar de quienes ejercen la dirigencia pública, excusas por lo general intrascendentes y baladíes, con las cuales los gobernantes justifican los errores donde abundan las mentiras.

Quizás pueda parecer de poca monta y aún pasar desapercibido, el que cuando un servidor público asume una posición dentro del Estado, jura no sólo cumplir la Constitución y las leyes de la República, sino además el programa al que se comprometió con la sociedad, o la tarea que la función pública le exige. Sólo hasta cuando se es víctima de la negligencia y desidia públicas, el individuo reacciona. Pero por lo general lo hace de manera insular, la memoria colectiva o la solidaridad de masas no existen, o se dan en una mínima proporción. Esto contrasta con lo que es y debe ser la vida en comunidad. Es un lastre que arrastran muchas sociedades y que permite en últimas mantener el régimen de los mismos con las mismas sin consecuencia alguna. Recuerdo las palabras de Labán a su yerno Jacob que aparecen en el Génesis XXXI, 29: “Valet manus mea reddere tibi malum”. Mi mano tiene fuerza para volverte mal por mal.

La anterior sentencia bíblica resulta oportuna para afirmar que razón tienen los individuos en no creer a posteriori en la gente que habiendo desempeñado posiciones de mando y ejercido el poder, no ha estado a la altura de sus obligaciones y deberes que detentaron.  Implorar después el favor ciudadano, cuando no se pueden mostrar ejecutorias que mitigaron en su momento el dolor y las afugias colectivas, es bastante pretencioso y se torna en otra costumbre recurrente y malsana.

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