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La chancla es lo de menos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-03-06 05:00:00

La chancla es lo de menos

Una vez me referí al fenómeno, como “el ascenso de la chancleta”. Pero creo que es apenas un fragmento de la realidad.
La chancla es lo de menos

No sólo a eso se reduce el cambio. Por supuesto que el desparpajado uso de la “chancla” en lugares públicos, universidades, oficinas y hasta en eventos sociales, es un hecho notorio, pero no alcanza a ser escandaloso -ni más faltaba- sino simplemente descontextualizado, pues entre tanta “pata pelada”, echa uno de menos la playa y, no se puede olvidar que la vista caribeña más cercana a Bucaramanga, está a más de 500 kilómetros por una vía apenas transitable.
Pero el asunto va más allá.
 
Se trata más bien de la entronización del mal gusto, la paralización de la dinámica de la estética y el retroceso de los usos y maneras sociales. Un breve paseo callejero, una visita al banco o lo que es peor, una mirada a las aulas universitarias, confirma lo temido: hay una crisis cultural; una especie de anquilosamiento del ansia que antes caracterizaba a la juventud de estar “a tono” con el mundo. El uso de jeans en los 60 no era solo una moda, sino la puerta estética que permitía la entrada a una actitud, una forma de pensamiento que aplaudía la diversidad, renegaba del nacionalismo, predicaba el amor libre y detonó la revolución sexual. Una tendencia que abrió paso a íconos literarios como Aldous Huxley. El movimiento estudiantil de hoy, ni siquiera amarra juntas suficientes para tejer una protesta.

Limitémonos a las apariencias, las formas y los usos. En plena era de la conectividad global, la tendencia pareciera inversa: mayor aislamiento e introspección hacia “subculturas” rudimentarias –y en todo caso ajenas- como el melodrama de la ranchera y la estética urbana de Miami o Las Vegas, las dos perlas de la decadencia del Imperio.

Esa crisis se expresa en los individuos abiertamente. La confusión entre la afirmación de la personalidad y el decoro, se expresa en la impudicia con que se ha legitimado el pelo grasoso pero teñido, la exposición de “plasti-tetas” y culos fabricados en mujeres maduras, bamboleados con la impericia de los años. El hoyo de bala en calcomanía que se ve en los carros, el frenesí por Vicente Fernández y la apología de la ebriedad como único estado valiente, son la muestra de nuestra narco-estética.

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