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El doble encanto de Ingrid en la selva | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-03-07 03:29:02

El doble encanto de Ingrid en la selva

Si el encanto de Ingrid en la ciudad es ya de por s√≠ impactante, con mayor raz√≥n en la selva y alrededor no de leones hambrientos, pero s√≠ de secuestrados que echan de menos las caricias de amantes, de esposas, de compa√Īeras, e Ingrid ah√≠ en medio de las miradas que van y vienen, de los lances que de pronto se dan, de tanta escaramuza fallida que al fin da en el blanco.
El doble encanto de Ingrid en la selva

Los que tuvieron buena fortuna con ella quedaron agradecidos, como Luis Eladio Pérez, el gringo Gonsálves y otros más de acuerdo con las circunstancias de cambuche y de campamento. Pero en cambio otro de los gringos como Keith Stansell lo pasaron muy mal, porque con ellos no fue el reino de los cielos y empezaron a denigrarla. Ya entonces resultó arrogante, demasiado culta para un ambiente de esos, demasiado grosera para decir las cosas de frente, manipuladora y vividora, en fin, una arpía.

El talante que exhib√≠a en las sesiones del Congreso, con esa arrogancia muy francesa, alumna de la escuela de Par√≠s donde se ha educado la clase pol√≠tica de Francia, compa√Īera de el exprimer ministro Villepan, esa Ingrid que escasamente se escap√≥ de caer en las garras de Sarkosy por estar ocupada en la selva lidiando con sus husmeadores, lo volvi√≥ a exhibir en otro ambiente mucho m√°s caldeado. Tal vez eso no se lo perdonaron.

Ella desat√≥ una guerra de celos en todos los cambuches de hombres, en donde arrastraba mucha marca: pol√≠ticos en su mayor√≠a, acostumbrados a echar mano de las secretarias del despacho y de cuanto elemento se aparezca en plan de b√ļsqueda de empleo y all√≠ desvelados en noches de luna sin amante, era para encontrarle un doble encanto, pues las otras propuestas femeninas ya eran ocupadas por otros como Gechem, que se consolaba con la se√Īora Polanco, a√ļn no repuesta del duelo de su marido tambi√©n, v√≠ctima de las Farc y en Clara ya se gestaba Emanuel.

As√≠ que trataban de consolarse en la mejor forma que pudieran, emparej√°ndose, a√ļn a riesgo de suscitar toda clase de enconos y de envidias que no pod√≠an ser denunciados a las Farc, porque si por aqu√≠ llov√≠a por all√° no escampaba.

Hay que abonarle a Ingrid que ella no padeci√≥ del S√≠ndrome de Estocolmo, como parec√≠a, dada su traviesa condici√≥n de provocadora y de izquierdista en la penumbra y no se enamor√≥ de sus captores, sino como buena compa√Īera, de algunos de sus vecinos de cambuche, no propiamente para vivir la frescura del amor o el regodeo del sexo en semejante mara√Īa de silencio y de soledad, sino como medio para afianzar su poder, cosa que no le gust√≥ a Keith, quien buscaba lo mismo y no supo conquistar el esquivo coraz√≥n de Ingrid.

Todo se supo. Y está bien. Porque fueron los gringos los que en realidad vinieron a cantar tantas bellezas que estaban ocultas en medio del silencio de los criollos que recobraban su libertad y no nos contaban la verdad sino a medias. Los gringos acaban de revelarnos la totalidad de la película y debemos estar agradecidos.

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