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Las 16 almas que empujan por la libertad | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-03-08 05:00:00

Las 16 almas que empujan por la libertad

No importa que tal vez a quienes dedican este esfuerzo que supera los 1.480 kilómetros recorridos por carreteras de Colombia, no conozcan de su tercera ofrenda.
Las 16 almas que empujan por la libertad

Para ellos ya es ganancia que la vida les haya dado una segunda oportunidad y que sentados hasta el fin de sus d√≠as, est√©n exigiendo con las manos ampolladas desde sus silla de ruedas la libertad para compa√Īeros y personas que en algunos casos no conocen.

Sólo los une una tragedia: la violencia.

Y as√≠ las Farc se nieguen a m√°s liberaciones unilaterales o les proh√≠ba un radio transistor a sus ¬Ďpresos pol√≠ticos¬í, la tercera ruta que pide libertad para 24 secuestrados militares y polic√≠as comenz√≥ en Bucaramanga. Sobre un trazado de 432 kil√≥metros, est√° muy pr√≥xima a concluir.

No importa si un tiro, una mina antipersona, una mala decisión o un imprevisto les silenció sus piernas, pues con su espíritu no cesan de gritar: ¡libérenlos ya!

El primer esfuerzo, muy santandereano

Al frente del Comando de la Polic√≠a en el centro de la Ciudad Bonita, 15 hombres formaban detr√°s de Alberto Almeida Arcini√©gas, √ļnico santandereano en la aventura y quien tuvo el privilegio de arrancar primero por oficiar de local.

Allí, apegados a sus dos ruedas, alistaron sus brazos en medio de cientos de personas que los miraban de arriba hacia abajo y en algunos casos con incredulidad, pues dudan que las Farc se conmuevan con tal ofrenda.

¬ďEstoy muy contento de estar ac√°, de comenzar en mi tierra y bueno, esperamos que este esfuerzo sirva para lograr la libertad de nuestros compa√Īeros¬Ē, positivismo que s√≠ evidenci√≥ Alberto Almeida a eso de las 9 a.m. pero al que un accidente en su misma tierra natal le record√≥ el riesgo que asume.

Antes de seguir hay que aclarar que un autom√≥vil en el trayecto Bucaramanga-Bogot√° puede tardar no m√°s de 10 horas; en bicicleta, seg√ļn algunos expertos, tres o cuatro d√≠as, pero se ha preguntado: ¬Ņcu√°nto se tardar√≠a en silla de ruedas?

Ellos, s√≠: 10 d√≠as, tiempo que consideran insignificante contra el que cumple, por ejemplo, el cabo primero Pablo Emilio Moncayo, en poder de ese grupo guerrillero desde el 21 de diciembre de 1997, cuando atac√≥ el cerro Patascoy en Nari√Īo y se lo llevaron junto con sus ilusiones y libertad.

Mal contados, este militar lleva m√°s de once a√Īos viviendo encadenado en un ¬Ďcambuche¬í, raz√≥n suficiente para que estos hombres expongan sus f√≠sicos y rueden m√°s de tres horas al d√≠a, tal y como lo hizo Almeida, el anfitri√≥n.

La historia de este santandereano se parece en algo a la de Moncayo. Es discapacitado hace 10 a√Īos luego de recibir tres tiros en el sur de Bucaramanga, en un suceso que prefiere no recordar, as√≠ haya vivido un momento de apremio hace un par de d√≠as cuando en medio de la traves√≠a transitaba cerca de Oiba, Santander.

¬ďEn el kil√≥metro 10, despu√©s del paso por Oiba, Alberto Almeida sufri√≥ un da√Īo en una de sus ruedas y choc√≥ de frente contra un muro. Almeida sufri√≥ hematomas en el pecho por lo que fue remitido al hospital de Barbosa y de all√≠ partir√° al municipio de V√©lez. Sin embargo, se espera que se reintegre a la carrera el d√≠a de ma√Īana (jueves)¬Ē, fue el parte oficial del percance sufrido.

Extra√Īa paradoja. Hac√≠a s√≥lo cuatro d√≠as Alberto, padre de un hijo, hab√≠a agradecido a Dios por el clima y lo bonito que son los paisajes de su Departamento.
¬ďVamos bien, estamos en mi tierrita y esperamos terminar sin novedad¬Ē, relat√≥ en un largo ascenso a la salida de Piedecuesta.

Pero ese estrell√≥n no hace olvidar el objetivo del recorrido y los bellos momentos vividos cuando partieron de Bucaramanga. √Čl encabezaba el pelot√≥n, y a su paso,¬† cientos de personas les ofrec√≠an un aplauso, un viva y¬† hasta tinto, pues algunos vendedores informales serv√≠an el cafecito debajo de un cielo gris y mojado que ameritaba el disfrute de esta bebida.

¬ďS√≠, ac√° no vino tanta gente a despedirnos como en Medell√≠n o Cali, cuando empezamos las otras marchas, pero eso no importa, pues sentimos el aprecio de las personas que nos acompa√Īaron y saludaron¬Ē, sostuvo uno de los marchantes de la libertad.

La energía fluía de sus brazos, de las manos convertidas en pistones que los impulsan en su tarea.

Pasaron tres horas y con una autopista paralizada, llegaron a Piedecuesta donde los recibieron los alumnos de dos colegios.

El tiempo y el esfuerzo comenzaron a empapar la camiseta que recuerda su petici√≥n, mientras que los bananos, el agua, las bebidas hidratantes y peque√Īos paquetes de leche condensada pasaban de mano en mano entre los protagonistas y en medio de cada una de las peque√Īas paradas que hac√≠an para retomar fuerzas.
-¬ŅPor qu√© tienen dos clases de guantes?

Salta la pregunta cuando han ¬Ďcoronado¬í Los Curos, pasadas cinco horas de correr√≠a y todos ellos se despojan de una prenda recubierta en pl√°stico y pasan a los guantes de cuero.

¬ďEs que cuando hay bajadas muy exigentes los guantes de cuero son vitales para frenar, mientras que los de caucho se usan en terreno plano o subidas¬Ē, comenta H√©ctor Figueroa, uno de los h√°biles conductores que junto a Alberto hac√≠an el cambio, emocionados de escuchar las bocinas de tracto camiones y las voces de particulares que los alentaban en la marcha.

Apareció el vértigo

Los 16 hombres pasaron Curos y en la descolgada hasta llegar a Pescadero, algunos alcanzaron una velocidad cercana a los 80 kilómetros por hora. En ese tramo Alberto fue prudente.

Sin embargo, otros marchantes soltaban el freno, levantaban los brazos, saludaban a más de 60 kilómetros por hora con las manos en alto a todo el que se encontraban.

Un momento y un terreno propicio para la diversi√≥n y tomar un nuevo aire, pues sab√≠an que las fuerzas podr√≠an no aguantar los casi 10 kil√≥metros de ascenso que les esperaba tan pronto surcaran el famoso Puente de Pescadero, epicentro del imponente Ca√Ī√≥n del Chicamocha.

La cuesta se empinó, la velocidad mermó y las risas del descenso se cambiaron por pujos, sudor y un esfuerzo que cobró víctimas.

Pero Alberto Almeida y Libardo Murcia, t√≠midos en la bajada, impusieron su paso y evocaron en quienes los segu√≠an las haza√Īas de Luis Herrera o Fabio Parra en las grandes competencias cicl√≠sticas, donde en la monta√Īa ¬Ďprend√≠an su motor¬í, y dictaban clase como los mejores escaladores del mundo.

Estos dos policías subieron a un paso impresionante por el Chicamocha, mientras que varios de sus colegas de recorrido apelaron al auxilio de una moto, al aliento del grupo de paramédicos o a los ciclistas aficionados que les socorrieron un empujón de ayuda.

En ese instante, el esfuerzo superaba las siete horas y los calambres y el cansancio fueron implacables. ¬ďLa verdad, estamos muy contentos, s√≠ sab√≠amos que esta era la etapa m√°s dura, pero no pens√°bamos que fuera tan dura la subida. Sin duda, Bucaramanga-Panachi se lleva en este momento el r√≥tulo de la jornada m√°s larga y dura que han dado mis muchachos¬Ē, coment√≥ exhausta Marta Herrera,¬† jefe de prensa de la comitiva que patrocina la Fraternidad de Personas Discapacitados de la Polic√≠a, Frapon y que lleg√≥ a la meta montada en moto.

Los √ļltimos alientos

Hoy, los 16 hombres estarán en reposo luego de seis días de trajín, de ofrendar un sacrificio por la paz del país.

Permanecen en Tunja tratando de sanar las ampollas, de hidratarse para largar las √ļltimas tres etapas anhelando que este ejemplo sirva en algo para que la libertad sea un derecho invulnerable y el momento del reencuentro llegue m√°s temprano que tarde.

¬ďAs√≠ para muchos sea un esfuerzo improductivo, nosotros seguiremos firmes en nuestro prop√≥sito y gritamos sin cesar que mientras haya un secuestrado en Colombia, todo el pa√≠s estar√° secuestrado¬Ē, acot√≥ con decisi√≥n Luis Alberto Vinco, uno de los l√≠deres de la traves√≠a.

Por eso Alberto Almeida y sus 15 compa√Īeros no dudan en que terminar√°n el recorrido y si el secuestro persiste, alistar√°n una nueva traves√≠a.

 

 

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