Reelección y democracia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-03-08 05:00:00

Reelección y democracia

El apoyo a la reelección presidencial ha sido, en Colombia y en otros países latinoamericanos, una cuestión de personalismos.
Reelección y democracia

Las reformas constitucionales hechas en beneficio propio de presidentes en ejercicio, se aprobaron sin reparar en el debilitamiento de las instituciones o en las consecuencias políticas de mediano plazo, sin cuestionar siquiera los mecanismos corruptos usados para tramitar las reformas. El argumento decisivo fue la popularidad del caudillo y el apoyo de las mayorías de una opinión pública extasiada antes los resultados de su gestión, más ilusorios que reales, y hábilmente convencida de que el líder supremo era irremplazable.

Este desdén por las instituciones democráticas, este menosprecio de la ética e inclusive de la estética en la política, esta manipulada miopía de las mayorías para ver que el traje nuevo del emperador simplemente no existía, ya produjo en Argentina y Perú los conocidos fiascos de Menem y Fujimori. En Colombia y Venezuela no se ha cerrado el ciclo, pues los mandatarios de estos dos países que ya cambiaron la Constitución una vez para hacerse reelegir, aspiran a hacerlo por segunda vez para darle la oportunidad a sus bien aceitadas mayorías de que vuelvan a expresar en las urnas la supuesta voluntad “democrática” de que se perpetúen en el poder.

Ante las pasiones que despiertan las controversias personalizadas sobre las virtudes y defectos del caudillo, es necesario llevar el debate sobre la reelección más allá de los argumentos subjetivos (me gusta el Presidente o no me gusta), al campo del análisis político e institucional. No hay duda de que la imagen del presidente Uribe es muy positiva, que ha mejorado la seguridad y que con su estilo y dedicación al trabajo ha contribuido a recuperar la confianza y la autoestima del país, pero aún reconociendo esos factores positivos, son cuestionables el cambio en las reglas de juego en la mitad del partido y los procedimientos utilizados para cambiar la Constitución en beneficio propio.

 Por eso es necesario “des-uribizar” el debate sobre la reelección, es decir, hacerlo independiente de la figura del presidente Uribe, porque el nuevo cambio al “articulito” de la Constitución que se está proponiendo, si bien se hace para beneficiar por segunda vez a Uribe, también tiene profundas consecuencias para todo el andamiaje institucional del Estado colombiano que trascienden el próximo período presidencial.

La cuestión que se debe debatir es si para Colombia es conveniente o no la figura de la reelección presidencial inmediata y si en el marco constitucional vigente existen los pesos y contrapesos democráticos que permitan evitar los abusos de poder de mandatarios en ejercicio en trance de campaña electoral. Por supuesto, el debate se extiende también al caso de la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores que ahora piensa proponer el gobierno.
En cierto sentido el propio presidente Uribe ha propuesto “des-uribizar” el tema al plantear que lo que se debe reelegir no es necesariamente él mismo, sino sus políticas. Se refiere, por supuesto, a los tres pilares de su modelo de Estado que son típicos de una visión conservadora: la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social.

La postura liberal frente a estas cuestiones es clara. En primer lugar, a Colombia no le conviene la figura de la reelección inmediata del Presidente ni de los mandatarios locales y, en el caso del Presidente, es necesario volver a la prohibición absoluta de la reelección tal como la estableció Constitución del 91, aunque sí podría proponerse ampliar en un año el período presidencial.

En segundo lugar, no se deben continuar las políticas conservadoras del gobierno sino cambiar el rumbo del país para que haya más seguridad pero con democracia, para que la confianza de los inversionistas no se construya a expensas de los trabajadores y los campesinos, y para que la cohesión social no se construya sobre la endeble base de las dádivas caritativas del mandatario, sino sobre la garantía de los derechos económicos y sociales de toda la población así como la protección de los más pobres.

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