Publicidad
Publicidad
Mar Dic 6 2016
20ºC
Actualizado 07:12 am

El viajero de la quirología | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-03-15 05:00:00

El viajero de la quirología

En d√≠as pasados un desconocido se present√≥ en la puerta de mi casa. Al abrir encontr√© un hombre tan rojo como un chorizo oibano, el rostro tostado por el sol y una melena de le√≥n. Colgaba al hombro una mochila way√ļ. Uno de los tantos¬† extranjeros que viajan en flota.
El viajero de la quirología

S√≠, dijo, soy el doctor Letamendi. No esperaba a nadie ese d√≠a. Sin embargo, hubo una empat√≠a con el extra√Īo y lo invit√© a seguir. Como usted sabe, dijo, soy m√©dico neurocirujano de la universidad de Roma, Ph de la Universidad de √Āmsterdam, y Doctorado en microcirug√≠a en¬† Harvard, especialista en ataxias y tumores¬† cerebrales, y quirolog√≠a, y hoy aqu√≠ con usted Doctor. Este extranjero tal vez cre√≠a que yo era m√©dico y entonces le dije, no soy doctor, soy abogado.

Mejor, respondi√≥, los m√©dicos no creen lo que dicen sus pacientes, los abogados creen o simulan creer en la inocencia de sus clientes as√≠ sean los peores criminales. Siempre y cuando paguen, a√Īadi√≥. Con usted podr√© hablar m√°s f√°cilmente de la ciencia que me obsesiona, la quirolog√≠a. Vengo a Zapatoca a saber el por qu√© el apego al dinero y la facilidad para producirlo de sus gentes. No crea que soy un charlat√°n, ni la confunda con la quiromancia.

La quirolog√≠a es otra cosa, se inici√≥ en los principios de la medicina en una junta de piadosos ermita√Īos preocupados por las legiones de demonios voladores¬† que desde las alturas propon√≠an salacidades. Dios no pudo haber puesto en vano esas rayas que tenemos en la planta de las manos, esos surcos que vemos conectados con los centros nerviosos del cerebro; los dedos y la forma de la mano lo dicen todo. Podemos diagnosticar enfermedades, el car√°cter, y quiz√°s el futuro.

La virilidad está ahí, en el dedo del corazón, míreselo. Yo, que el día anterior me di con el martillo en ese dedo, lo tenía  encogido y amoratado, lo miré tímidamente de reojo. No tenga miedo, abogado, el tiempo hace estragos, dijo. En México atendí a un joven que se iba a casar, era el hijo del Presidente, me estremecí cuando vi el dedo del corazón tan extremadamente largo, además, conectado con una línea profunda definitoria de la líbido. Este joven padece de asma y morirá en la cama, no del asma sino de desaforadas fornicaciones. En efecto, entró en la vida marital con tal ardor que los médicos recomendaron la separación de los recién casados para darle tiempo de reponerse.

El Cardenal se opuso, pues record√≥¬† que lo que Dios hab√≠a unido no lo separar√≠a nadie. Al poco tiempo muri√≥, p√°lido, ap√°tico y tan l√°nguido que el concepto del legista fue muerte por perles√≠a. El doctor Letamendi sigui√≥ hablando maravillas de la quirolog√≠a, acompa√Īando sus tesis con relatos de¬† investigaciones con las tribus ind√≠genas de Venezuela, humores y llagas, las peripecias en el Raudal del Muerto, los paisajes del alto Orinoco, alucinaciones en la selva, una diminuta¬† india guahiba¬† que le se√Īalaba el sexo a cambio de una Coca Cola, un explorador extraviado que vagaba con una bolsita de diamantes, todo por las manos del hombre, dec√≠a. Parti√≥. Me qued√© pensando si¬† las manos era lo m√°s importante. Al fin y al cabo Maradona no anot√≥ su mejor gol con el pie, fue con la mano.¬†¬†

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad