Karina, gestora ¿de paz? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-03-18 05:00:00

Karina, gestora ¿de paz?

En los últimos días, la opinión pública nacional se ha dividido luego de la determinación del Gobierno de nombrar a alias Karina y a alias Ovidio, ex combatientes de las Farc, como Gestores de Paz.Sobre todo en el caso de la ex guerrillera, las voces a favor, pero sobre todo las que están en contra, no se han hecho esperar.Y no se han hecho esperar, con argumentos más que contundentes.Si bien es precisamente en casos como estos en que la capacidad de perdón de los colombianos se pone a prueba; perdón sin el cual, hay que insistir, no hay posibilidad de paz alguna, son las acciones pasadas de la ex subversiva, pero sobre todo su crueldad, la que ponen en cuestionamiento la disposición gubernamental.Es que sin lugar a dudas Gestores de Paz deben existir, sí, así como también es obvio que deben provenir de las mismas filas guerrilleras si lo que se pretende es que convenzan a los que aún están en el monte para que se desmovilicen. Sin embargo, bien se podría haber escogido a otros personajes, que no sometan a una prueba tan dura por el momento la capacidad de indulgencia de la ciudadanía y sobre todo, de sus innumerables víctimas.Pero sobre todo, se ha debido elegir a ex guerrilleros que hayan dejado las armas por un convencimiento real de que esa no es la vía, en cambio de otros que como Karina, además de haberse vuelto famosos por su crueldad extrema, dejaron las armas, sí, pero por física hambre y presión del Ejército Nacional. De hecho, para este caso puntual se podría hacer la siguiente pregunta: ¿si alias Karina no hubiera estado cercada por las Fuerzas Militares sino en territorios dominados por las Farc y si en lugar de hambre hubiera tenido más secuestrados para arrebatarles sus recursos, se habría entregado al Gobierno? La respuesta, muy seguramente, es un rotundo No.Y es ese rotundo No, el que levanta cuestionamientos sobre la determinación del Gobierno al nombrarla Gestora de Paz.El país tiene, sin duda alguna, que aprender a perdonar a sus verdugos en la búsqueda de ese bien común que se llama paz. No obstante, debe hacerlo al final de un proceso que haya desembocado en el desmonte total    de esas organizaciones y no en etapas todavía muy primarias que no se sabe hasta dónde pueden llegar. 
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