Esas personas que llegan a su vida | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-04-17 13:46:53

Esas personas que llegan a su vida

Promediaban las nueve de la noche. Llovía a cántaros. Genaro, un reconocido ejecutivo, impecable en su forma de ser y de vestir, hacía ingentes esfuerzos para no mojarse. Aspiraba a llegar hacia el parqueadero donde se encontraba su vehículo refugiándose, de calle en calle, debajo de los techos de las edificaciones.
Esas personas que llegan a su vida

A llegar a una esquina encontró un buen sitio para escampar. Se ubicó allí y, sin quererlo, pisó a una indigente que estaba dormida en ese lugar.
La mujer despert√≥ y, antes que enojarse, le regal√≥ una sonrisa. Al ver el af√°n de Genaro por no mojarse, esta se√Īora le alcanz√≥ una de las arrugadas hojas de papel peri√≥dico que ella hab√≠a reunido para cubrirse de la borrasca.

- ¬ďTenga jefecito: con este papel no se mojar√° tanto¬Ē, le dijo.

Genaro qued√≥ impactado. No s√≥lo por el noble gesto, sino porque esa humilde mujer, de tierna sonrisa, le record√≥ la cari√Īosa frase con la que su mam√°, ya desaparecida, lo llamaba. Ella siempre le dec√≠a: ¬°Q¬íhubo, mi jefecito adorado!

El ejecutivo jam√°s volvi√≥ a ver a esa pordiosera. Sin embargo, nunca la olvid√≥. Ahora, cada vez que llueve, va con unas hojas de papel peri√≥dico a la tumba de su mam√° y le dice: ¬ďHola vieja, aqu√≠ est√° tu jefecito¬Ē.

Tal como le ocurrió a Genaro con esta indigente, se podría decir que nadie ha llegado a su vida por casualidad. Todas las personas, sin excepción, han tocado a su puerta para cumplir una misión especial.

Ese hijo que trajo al mundo, ese profesor que le ense√Ī√≥ las tablas de multiplicar, ese beb√© que le regal√≥ un simp√°tico bostezo, ese amigo que le dio una ¬Ďmanita¬í e incluso ese gam√≠n que le pidi√≥ un mendrugo en la calle aparecieron en las escenas de su vida para ense√Īarle muchas cosas, m√°s de las que usted imagin√≥.

Cada quien, sin siquiera notarlo, le ha ayudado a edificarse. Alguien que le sonri√≥, le revel√≥ su capacidad de acogerlo; esa persona que le acept√≥ sus errores, le dio un ejemplo de benevolencia; aquel que le regal√≥ una expresi√≥n de afabilidad le ayud√≥ a recuperarse de su abatimiento; y hasta ese ser que lo despreci√≥, prob√≥ en alg√ļn momento su capacidad de resistencia.

Muchos aparecieron para ense√Īarle algo, otros para medir su grado de tolerancia, algunos m√°s calibraron su poder de resistencia. No eran malos ni buenos. Todos le permitieron aprender algo importante.

Algunos estuvieron o están a su lado más tiempo que otros. Lo cierto es que sólo un segundo pudo o puede ser suficiente para aprender la lección que esa persona le quiso o le quiere dar.

√Čchele cabeza y notar√° que todos aquellos que conoci√≥ y que ya no est√°n a su lado por alg√ļn motivo, en determinado momento le hicieron percibir algo que usted no comprend√≠a. Todos lo apoyaron, lo orientaron o lo cuestionaron.

¬ŅY sabe qu√© fue lo mejor?

Que todos ellos fueron regalos que Dios le envi√≥ para que creciera en alg√ļn aspecto. Le sirvieron para tomar una posici√≥n determinada, para dar alg√ļn paso y hasta para cambiar su forma de pensar.

Las relaciones con los dem√°s ense√Īan lecciones para siempre. Su tarea consiste en aceptar la ense√Īanza, tolerar sus comportamientos y poner en pr√°ctica lo que ha aprendido en todas sus otras relaciones. Tales ense√Īanzas se quedan con usted para siempre, tal como le ocurri√≥ a Genaro esa noche lluviosa con aquella pordiosera.

 

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