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El capitán Valencia Tovar | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-03-21 05:00:00

El capitán Valencia Tovar

El capitán Valencia Tovar

Al ver la fragilidad del capitán, que no casaba con el resto de oficiales, la mayoría troperos, mal hablados y con un tinte de milicia prusiana ya descolorido, se preguntaba uno que hacía en un medio tan diferente a él, pero al enterarse de su capacidad de trabajo, de la fortaleza a pesar de su físico y cierta sensación de autoridad despojada de todo alarde autoritario, como que lo hacían a uno congraciarse con la vida de cuartel, ya entendía porqué.

Porque mientras los demás oficiales ponían castigos como pasar toda una noche gritando, yo soy una “güeva” y su compañero de castigo, contestando hasta la madrugada “yo soy la otra,” él llamaba al soldado para recriminarlo, pero como un pater familias, haciéndole ver que por ahí no era la cosa. Además, su lenguaje no pasaba de enfatizar o remarcar la condición de soldado, es decir alguien que se mueve dentro de un ambiente de disciplina y de jerarquías, sin tener que apelar a las expresiones de los otros oficiales como gran cabrón, o este no es el colegio del hermano Pedro, o gran pelotas, cuádrese como un hombre y no como un ***. Eso no estaba con él.

De otra parte, lo veía uno en los tiempos de vigilancia de los almuerzos o las comidas leyendo un libro, como si tratara de ganar tiempo para las letras hurtándoselo a la milicia.   En esto lo secundaba el teniente Nelson Mejía, quien también llegaría a general, mostrando así un seguimiento a este estilo de oficial con algún lustre intelectual y no el talante atrabiliario de los oficiales santandereanos, boyacenses y pastusos.

El “lírico”, lo llamaba el comandante de la escuela, el coronel Suárez Escobar, un boyacense bonachón, regordete, como si el pincel de Fernando Botero le hubiera dado un par de brochazos sobre su amplia humanidad.  La compañía más ordenada era precisamente la A, comandada por Valencia, en la que imponía por su sola virtud un espíritu de cuerpo que sobresalía, a diferencia de la nuestra, que era donde nos alineábamos los futuros abogados, más alejados de la milicia y de la táctica y la estrategia y con un porte militar lamentable.

Allí en la escuela de Infantería de Usaquén pasamos los once meses de servicio militar, que al fin y al cabo nos resultaron gratos, porque los recuerdos se acumulan y el tiempo los va volviendo nostalgia, además del trato fuerte que sirvió para moldear nuestro carácter. Hoy vemos al general Valencia, veterano de la guerra de Corea, comandante de campanillas contra la guerrilla en Santander, encorvado, con los ojos hundidos por el cansancio de la lectura, pero con un vigor intelectual que lo ha llevado a convertirse en columnista de los principales diarios del país, novelista, historiador y académico.- Visite el blog raulpachecoblanco.blogspot.com

 

 

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