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El nuevo Arzobispo se unta de pueblo ‘hasta las orejas’ | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-03-22 05:00:00

El nuevo Arzobispo se unta de pueblo ‘hasta las orejas’

No quiere ser un ‘ministro’ de escritorio. Según él, para trabajar en el ‘gabinete’ de Dios hay que ‘untarse de pueblo hasta las orejas’ y llevar su mensaje hasta el último rincón de la tierra. A decir verdad, eso es lo que ha hecho toda su vida, sobre todo durante los últimos años: promover sus pastorales sociales ‘por aquí y por allá’, tras los polvorientos atajos de los campos de San Gil y Socorro.
El nuevo Arzobispo se unta de pueblo ‘hasta las orejas’

Claro está que también es un religioso moderno. No se sorprenda si ‘se lo topa’, como él mismo dice, entre los mundos virtuales del Facebook, los correos electrónicos, los blogs y, en general, la Internet.

Nos referimos a Monseñor Ismael Rueda Sierra, elegido por el Papa Benedicto XVI, a través de la Nunciatura Apostólica de Colombia, como el nuevo Arzobispo de la capital santandereana. El alto prelado, quien se posesionará en nuestra Diócesis en mayo próximo, quiere que su trabajo evangelizador en nuestro municipio deje huella, “ya sea yendo de casa en casa a los barrios o, incluso, navegando por el ciber espacio”.

Sabe que el mundo ‘on line’ es una herramienta valiosa para acercarse a la gente, pero también es consciente de que la Iglesia Católica, como nunca antes, debe estar frente a frente con la comunidad, escuchándola y ayudándola, como él dice, “en lo que necesite”.

Usted tiene raíces labriegas. Nació en Suaita, que fue la ‘cuna’ de su vocación sacerdotal. Y a pesar de que ha recorrido el mundo, profesa un gran respeto y un gran servicio por eso que llaman “la vida campesina”, al punto de que trabaja al máximo con la población veredal. ¿Cuál cree que será el reto en su paso por una Diócesis urbana como la de Bucaramanga?

Sé que voy a una arquidiócesis con una realidad urbana, que sin lugar a dudas es un gran desafío en este mundo globalizado. Bucaramanga, así digan que es un pueblo pequeño, es una gran metrópolis y, por supuesto, habrá mucho por hacer en materia de evangelización. Por eso estaré muy presto a las Pastorales Sociales. Quiero llegarle más a la gente, sin dejar mis competencias normales como Arzobispo.

¿Ese afán que demuestra por acercar a los fieles a su Diócesis tendrá algo que ver con la evidente pérdida de adeptos que ha tenido la Iglesia Católica durante los últimos años?

Yo no lo diría de esa forma tan literal. La meta de acercarse a la gente responde más a tener un contacto vivo con las comunidades, algo que debemos hacer no sólo los religiosos sino todos los profesionales, en cualquier sociedad. Yo a lo único que aspiro es a servir y a ayudar a esa comunidad que está sumergida en la pobreza, enferma y sin esperanza.

Pero no puede negar que las otras iglesias van en aumento, incluso a expensas de las creencias católicas. En Bucaramanga, por citar sólo un ejemplo, trabajan 29 comunidades religiosas distintas a la fe que ustedes profesan.

Estamos en un ambiente pluralista, al cual yo denomino: “un mundo orquesta”. Hay muchos sonidos y es obvio que en la órbita religiosa se entregan cantidades de expresiones en todos los niveles que antes no se conocían. En medio de esa pluralidad cada quien empieza a ver en qué se apunta y eso está bien. El desafío consiste en cómo presentamos el Evangelio, cómo llevamos el mensaje de Dios con la mayor transparencia posible. La Iglesia Católica es una institución de más de 2 mil años y, por supuesto, soy consciente de que está viviendo los cambios generacionales que le corresponden.

¿No cree que la desatención a los problemas sociales, los escándalos protagonizados por algunos sacerdotes y temas tan puntuales como el rechazo a la aprobación del aborto le han costado caro a la Iglesia Católica, que según estadísticas del propio Vaticano ha perdido una gran parte de sus seguidores en América Latina?

No me sorprenden esas estadísticas, aunque no siento que sean del todo exactas. La gente quiere conocer a Jesucristo y quiere saber del Evangelio. Por eso, cuando llegan pastores de otras religiones se acercan a ellos con mucho interés, no por un rechazo a la Iglesia Católica, sino por una evidente hambre espiritual.

Para mí la Iglesia es una sola: es la que nos conduce a Dios. Yo pienso que aquellas personas que se han desilusionado de nuestra fe o que siguen otros credos, tienen derecho a expresar sus inconformidades, y eso no quiere decir que piensen darle la espalda a nuestra tarea evangelizadora. Siento que los católicos estamos cambiando desde hace más de 40 años. Eso comenzó justo cuando se dio el primer paso del Concilio Vaticano; lo que sucede es que tales modificaciones sólo se pueden dar a largo plazo.

Aunque usted dice eso, al parecer no se notan los cambios. Por ejemplo, el Papa Benedicto XVI acaba de condenar el uso del condón, en un mundo en donde el Sida avanza a pasos agigantados…

Yo estoy de acuerdo con lo que dice su Santidad, porque una eventual aprobación del condón no serviría para dar ese cambio que algunos detractores piden. Es que más allá del preservativo, el Santo Padre nos aclara que una enfermedad como el Sida no puede vencerse con la distribución de estos artículos. El condón, antes que prevenir enfermedades, promueve la promiscuidad sexual.

Aún así, en los temas científicos es claro que la Iglesia Católica no es muy abierta que digamos. De hecho la institución que usted representa se opone a temas como el uso de las células madre. ¿Qué piensa al respecto?

Yo no diría que la Iglesia Católica  se opone a la ciencia. Es más, se tiene claro que lo que ayude a la salud del hombre, siempre será respaldado. Lo que pasa es que los experimentos científicos primero deben respetar al ser humano. En el caso de las células madre, nuestra Iglesia defiende y proclama el derecho a la vida del ser humano, desde el momento de la concepción hasta la muerte. Es claro que para obtener las células madre embrionarias es necesario matar embriones; y cada embrión es un ser vivo, humano y completo que contiene toda la información genética heredada de sus padres y es un nuevo ser, único e irrepetible; por eso no podemos aprobar esa especie de asesinato.

¿Qué opinión le merece el hecho de que ‘Karina’, una mujer reconocida por sus sangrientas acciones, que ni siquiera sabe en cuántos combates participó ni cuántas personas mató en 24 años de lucha con las Farc, sea hoy gestora de paz?

Para el tema de la búsqueda de la paz no podemos descalificar a ningún ser humano que haya tenido experiencias dolorosas, ni que haya sido promotora de ellas. Se deben explorar todas las posibilidades que tienen los seres humanos de luchar por la convivencia pacífica, sea del bando que sea. Para reconstruir el tejido social del país se debe pasar por la magia del perdón. Sólo así podremos avanzar en la unidad.

¿Qué piensa del tema de la reelección?
Soy respetuoso de los procesos de la vida política del país y, como arzobispo comprometido con mi causa, mal haría en entrar a opinar sobre ese tema. Esa respuesta se podría escudriñar en el pueblo que, en últimas, es el que tiene la palabra.

 

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