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La Seguridad Democrática no es para todos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-07-30 05:00:00

La Seguridad Democrática no es para todos

La semana pasada acribillaron a Hugo González, gobernador del resguardo indígena Embera Chamí, en Risaralda. Para la Organización Nacional Indígena de Colombia fue otra muerte anunciada, pues las amenazas recibidas por González eran conocidas por las autoridades y la opinión. Su asesinato se suma a los miles (todos impunes) perpetrados contra indígenas en los últimos años. Muchos pueblos indígenas se encuentran literalmente al borde de la extinción como resultado de estas amenazas y los consiguientes desplazamientos.
La Seguridad Democrática no es para todos

También continúan matando campesinos y otros dirigentes populares y sindicales. Por ejemplo, el pasado julio 15 fue identificado el cuerpo de Guillermo Rivera, sindicalista de la Contraloría; secuestrado, torturado y asesinado en abril, su cuerpo arrojado en un precipicio cerca de Ibagué y enterrado como NN hasta su identificación.

De ahí que no sorprende que -también la semana pasada- el Tribunal Permanente de los Pueblos hizo conocer “una condena moral al estado colombiano y a las empresas multinacionales a las que señala de haberse involucrado en delitos contra los derechos humanos en Colombia” (El Colombiano) ¿Será que la famosa Seguridad Democrática es inoperante para los que no comulgan con el gobierno?

Estas graves noticias poco las registran los grandes medios; que tampoco promueven multitudinarias marchas de apoyo a todas las víctimas, sólo se visibiliza a unos secuestrados. Lo que está bien. Lo que está mal es que se ignore a los torturados, asesinados, desplazados y a los secuestrados del común.

Las condenas vienen de afuera, como es el caso del Tribunal Permanente o los Demócratas de Estados Unidos, que se oponen al TLC colombiano. Aquí, algunos no quieren ver estos horrendos crímenes, con el “argumento” de que los homicidios han bajado. Sin embargo, según Medicina Legal sus estimativos no tuvieron -ni tienen- en cuenta a los miles de asesinatos confesados por los paramilitares. Ya que los cadáveres se hacían –y se hacen- desaparecer, lo que se intentó en el caso Rivera. También pasó el momento en que estos grupos ilegales y otros luchaban por lograr “el control social, territorial y político”.

El expediente de la parapolítica confirmó que el narco-paramilitarismo penetró el aparato estatal y logró controlar amplias zonas del país, en alianza con numerosos funcionarios y políticos, en su gran mayoría uribistas. Por supuesto que todo esto ocurrió en las espaldas del principal beneficiario del proceso.

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