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Cocinados en sus propios ácidos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-03-28 05:00:00

Cocinados en sus propios ácidos

Cocinados en sus propios ácidos

De esta manera la española Isabel Pantoja describió en su canción “Con la gente que me gusta” lo que deberíamos ser todos: francos, sinceros, sin pliegues o arrugas, gente confiable para hacer más amable la vida y con quienes, en definitiva, pueda nuestro ser expandirse y revelarse en su más íntima naturaleza.

Existe, sin embargo, otra clase de gente, que no mira a los ojos ni habla de frente, que se dobla y retuerce y esconde en sus sombras intenciones siniestras, gente que se reúne en pasajes oscuros a pactar con el diablo lo que no puede su espíritu.

Por desgracia, gente así pulula por el ambiente que contaminan a su paso porque siempre dejan una estela incierta, negativa y venenosa que fácilmente puede penetrar en quienes se detengan a considerar sus tramas. En este mundo todo es energía y en cada paso y a cada instante nos movemos entre todo tipo de campos que debemos aprender a identificar para rechazar aquellos que nos hacen daño y aceptar los que nos traen bienestar.

Debemos vivir con más consciencia pues es la forma de notar que hay algo o alguien que nos perjudica y, si lo sabemos, podemos repeler esa energía negativa pero si actuamos como autómatas nos dejaremos enredar y empezaremos a sufrir la desarmonía, el temor, la rabia o la frustración, efectos que tienen consecuencias físicas y anímicas desastrosas.

Si nos hallamos con una energía negativa, el paso es reconocer que no es nuestra, que no la queremos y dejarla al instante porque si le damos importancia se fija en nosotros y nos afecta. El otro problema que tiene abrirle la puerta a lo negativo es que lo afín pierde su espacio, no puede manifestarse y nos perdemos de hermosas vivencias como las canta Pantoja: “con la gente que me gusta, y alrededor de una mesa, cualquier vino es un poema, cualquier charla la locura. Con la gente que me gusta, la vida tiene sentido; hay calor donde hubo frío, cariño donde hubo hiel”.

La vida puede ser bella si la energía que permitimos entrar en nosotros es la de nuestros iguales. No nos preocupemos de los negativos, no les hagamos el juego que, al final, terminarán ellos solitos cocinándose en sus propios ácidos.

 

 

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