El soldador de mecedoras | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-03-29 05:00:00

El soldador de mecedoras

Las mecedoras, esas estructuras de varilla soldada y tejidas en mimbre son hoy el motivo de orgullo de Álvaro Elí González, y con ellas pretende darles la educación necesaria a sus hijos para que no vivan su misma historia.
El soldador de mecedoras

En las manos de este hombre se pueden sentir las huellas de la humildad, el empeño y el sacrificio. Se ha dedicado al campo, ha sido obrero de construcción, tejedor y actualmente soldador.

Trabaja en un taller del barrio El Progreso, que es una extensión de su casa, ubicada en la esquina de una polvorienta calle, al lado de otro taller de soldadura, por la que pasan casi 20 mototaxistas cada cinco minutos y casi cinco busetas de servicio público.

A pesar de la confusa dirección, se ve de lejos que su negocio son las mecedoras.

Pedazos de varillas, una cortadora y un completo exhibidor al aire libre que hace las veces de vitrina, le sirven a Álvaro Alí para ser, además, vendedor.
Pero no fue en Barrancabermeja donde aprendió a hacer las famosas mecedoras, la técnica se la aprendió a un primo que también tiene un negocio en Bucaramanga hace 8 años, y por supuesto empezó desde lo más bajo, a tejer.

Fue así como siguiéndole los pasos a su familiar también aprendió a soldar, ya que emprendió el negocio en el Puerto Petrolero, mandando a hacer las estructuras en varilla que él después tejía, por lo menos así lo hizo con el primer pedido grande que tuvo, que fue de 10 mecedoras.

Así es el negocio

Uno de los insumos básicos para la fabricación de mecedoras son las varillas que sobran de las obras de construcción y que venden los recicladores.

“La varilla se vende por kilo, eso sí tiene sus temporadas y hay veces que sube y otras que baja de precio”, afirma él. Sin embargo, por lo general en el mercado se consigue a $1 mil por cada kilo, y la competencia por comprarlas la tiene con las cacharrerías, que las compran para después venderlas un poco más costosas.

Este pequeño empresario tiene sus días bien organizados, unos días los dedica a cortar y enderezar y otros a soldar.

Hace casi 20 mecedoras diarias, y se comercializan con vendedores que venden en las calles a crédito.

El trabajo de Álvaro Elí comienza cuando corta la varilla y la tiene que enderezar porque por lo general la venden torcida.

Y este negocio también disfruta de la bonanza que trae la temporada decembrina, según González, la gente por lo general para este mes deja para arreglar las sillas dañadas y pensar en comprar otras, por lo general en noviembre tiene que contratar por lo menos otras 5 personas que le ayuden con el negocio.

“Yo no solamente me gano la vida, sino también le doy empleo a otras personas, que es lo más importante para mí”.

Esta es su historia

Llegó de Antioquia hace 16 años, cuando tenía 18 años, y alternaba su estadía entre Barrancabermeja y Bucaramanga.

Vivía en el municipio de San Luis, junto a sus padres, huyendo de una ráfaga de violencia para salvar sus vidas. Atrás dejaron su finca y el campo.

Este pequeño empresario a sus 39 años no sabe “de a mucho leer” como él mismo dice, pero eso sí las cuentas le cuadran en su cabeza, por eso dice que mientras su esposa le toca hacerlas en el papel, él las saca rápido mentalmente. “Yo lo que sé es prácticamente nada”, dice en broma.

Sin embargo, con ese poco conocimiento vende sus sillas en municipios vecinos como Yondó, Puerto Berrío, Puerto Wilches y Sabana de Torres, es casi uno de los más famosos del Magdalena Medio.

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