Los ocho días más felices | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-04-05 05:00:00

Los ocho días más felices

A un amigo maravilloso, un médico le declaró un cáncer terminal. Nada qué hacer, moriría en poco tiempo.
Los ocho días más felices

La joven¬† se√Īora del amigo se derrumb√≥ en la poltrona del consultorio a llorar amargamente. El m√©dico se fundi√≥ en un apretado abrazo con ella y entre l√°grimas y palabras de consuelo, fueron pasando los minutos. El enfermo comenz√≥ a llamar por celular a sus amigos para darles a conocer el insuceso.

A todos nos afect√≥ profundamente la noticia. Un hombre as√≠, optimista, alegre, jovial, buen amigo, no merec√≠a semejante desgracia en el mejor momento de su vida. Un hombre encantador. Yo qued√©¬† mudo, no supe qu√© decirle; en los momentos tr√°gicos se dicen absurdos, incoherencias, lo √ļnico que acat√© a comentarle fue, r√≠ase de lo que le pas√≥ a fulano de tal. Los dem√°s amigos supongo que le aseguraron que esa enfermedad hoy era una pendejadita, que la ciencia, que para aqu√≠, que para all√°, que si a la se√Īora se le ofrec√≠a algo despu√©s de que el estuviese vuelto cenizas, que con mucho gusto. Ese d√≠a del insuceso, mi amigo se fue a jugar billar con sus amigotes de siempre y all√≠ dio tambi√©n a conocer la noticia. Siendo as√≠ que esta ser√° la √ļltima partida de billar, yo pago una botella de whisky Buchanans 12 a√Īos, dijo uno de ellos, advirti√©ndole al enfermo que despu√©s de ese gasto ma√Īana no fuera a salir con que no ten√≠a nada. Nunca les pudo ganar un chico de billar y esa noche todos lo dejaron ganar.¬† Tarde en la noche lleg√≥ a su casa.

Not√≥ desconcertado que por primera vez su mujer lo recibi√≥ muerta de la dicha, interesada por el resultado de la partida de billar y que¬† no importaba lo tarde de la hora. Fue al ba√Īo a orinar y ella, con ternura, le dijo: mi amor, no vuelvas de ahora en adelante a levantar el biscocho, adoro esas florecidas que dibujas con el pipi, muero de placer al sentir el roc√≠o en el pompis. Pas√≥ a la ducha y al salir, le dijo, no te seques,¬† no te preocupes, moja todo el cuarto, la toalla puedes dejarla tirada sobre la cama.

En la ma√Īana, desayuno en la cama, huevos fritos blanditos como le gustaban, siempre se los dieron duros y chamuscados; la llave en que se hab√≠an convertido¬† cocinera y ella se rompi√≥ y ninguna lo oblig√≥ a tomar esa repugnante agua de verdolaga y las pastillas para el colesterol fueron a dar a la caneca de la basura. Adi√≥s, vuelve a almorzar a la hora que quieras, no te molestes en llamar, le dijeron ambas en coro.

En el banco una inmensa cola lo esperaba, pero el jefe de cuentas corrientes lo llamó aparte y por la ventanilla le advirtió que tenía un sobregiro de más de treinta días, que no importaba, que el seguro de vida lo cubriría todo. Sobrará la plata, le dijo con una sonrisa de oreja a oreja; la viuda podrá irse a viajar por el mundo. Ocho días después de este vidonón, recibió la noticia de que los exámenes se habían confundido. Todo volvió a la triste realidad.  Para que no se sepa quién es mi amigo, lo digo en latín como lo dijo el cura en Zapatoca, Armandus Serranus Serranus.

 

 

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