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Tradición santandereana de mucha calidad | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-04-05 05:00:00

Tradición santandereana de mucha calidad

Como buen santandereano, José Mónico Blanco siempre supo que su trabajo y esfuerzo iban a ser las bases sobre las que cimentaría su vida.
Tradición santandereana de mucha calidad

Desde muy joven, entre sus familiares y amigos se caracterizó por ser un hombre responsable y emprendedor. Enfrentaba largas jornadas de trabajo que comenzaban muy temprano en la madrugada y que le exigían un gran esfuerzo de su parte.

En su adolescencia, y luego de unir su vida a Blanca María Tolosa, decidió comenzar su propia empresa.

Fue así como en 1981, en un pequeño local del barrio Santana de Floridablanca nació El Santanero.

Su especialidad era la comida y José Mónico y Blanca María eran los encargados de atender a sus clientes, que cada día aumentaban gracias a la exquisitez de sus platos.

El Santanero, que fue llamado así en honor al barrio en que nació, fue ganando tanta popularidad que la pareja de esposos se vio en la necesidad de buscar un nuevo sitio para su negocio.

“Un día mi esposa me dijo que nos fuéramos a caminar por Floridablanca a ver qué encontrábamos. Efectivamente encontramos un lugar un poco más grande para el cual nos trasladamos”, recuerda José Mónico.

Nueva etapa

En el nuevo local, El Santanero se convirtió en el pionero de la comida santandereana en Floridablanca.

A pesar de que en su nueva sede sólo tenían diez mesas, lograron contratar tres personas más para atender el lugar.

“Era muy gracioso, porque las mesas y las sillas eran de troncos, entonces cuando las señoras iban al restaurante peleaban conmigo porque las sillas les rompían las medias, pero aún así seguían yendo al restaurante porque les parecía muy rico”, recuerda José Mónico, como una de las experiencias más jocosas.

Sus platos seguían siendo su carta de presentación. Ya cuando la clientela comenzó a crecer rápidamente, cualquier excusa era válida para que los floridablanqueños visitaran El Santanero y celebraran allí las fechas especiales.

“Cierto día encontramos una casa antigua y decidimos trasladarnos allí. Tuvimos que realizar una remodelación para lograr un aspecto más moderno y adecuamos espacios para la atención de reuniones sociales”.

Allí muy cerca del parque principal, comenzó a funcionar lo que hoy nacionales y extranjeros reconocen como el restaurante El Santanero.

El delicioso sabor del cabro, el punto exacto de preparación de la carne oreada, entre otros secretos que han posicionado a su restaurante, sólo los conocen la pareja de esposos.

“Nosotros somos los encargados de fabricar los platos, nunca hemos tenido chefs, todo lo preparamos con el propósito de conquistar el paladar de nuestros clientes, y es ese sabor casero el que le da el toque especial a los productos”, recuerda el empresario.

Sin embargo, reconoce que en sus inicios la ayuda de su compadre Efraín Castro, quien se desempeñó como chef de algunos clubes de la ciudad, les ayudó a darle un toque de elegancia a sus platos.

Relevo generacional

De la unión entre José Mónico y Blanca María nacieron tres hijos. El menor de ellos, Mauricio, está desde muy pequeño vinculado al restaurante y hoy en día es el gerente de El Santanero.

A pesar de esto, sus padres se niegan a dejar el negocio y prefieren acompañar a su hijo. Es por eso que todos los días a las 6 de la mañana José Mónico llega al restaurante para adobar y preparar las carnes a su modo y recibir a los empleados que desde muy temprano llegan a limpiar y a acomodar el restaurante, para que a las 11 de la mañana, cuando se abre al servicio de los clientes, todos encuentren un sitio cómodo e impecable donde almorzar.

Desde muy pequeño a Mauricio, quien hoy en día es Ingeniero Industrial, le interesó seguir los pasos de su padre.

Por eso, en los ratos libres que le daban sus estudios de primaria y bachillerato, él se iba para el restaurante y ayudaba en tareas sencillas. “Para esto también hay que hacer carrera. Yo empecé destapando gaseosas, después pasé a recoger mesas y limpiarlas, aprendí a lavar los platos, después a servirlos, a tomar pedidos y así fui aprendiendo el manejo y a enamorarme de la empresa constituida por mis padres”.

Y precisamente una de las cosas que conquista a los clientes de El Santanero, es que más que en un restaurante se sienten como en casa, como dice el dicho popular “atendidos por su propietario”.

De su padre, Mauricio aprendió que la entrega y el sacrificio son la mejor herramienta para sacar adelante el negocio.

Por eso que desde muy temprano está vigilando cada uno de los procesos que se realizan en el negocio, mientras que piensa en el futuro de su empresa.

“Es un reto muy grande porque a El Santanero llegan personas de todas partes del país y del mundo que reconocen la calidad de nuestros platos. Mi tarea ahora es seguir con lo que mis padres han construido y dejar muy en alto el nombre de nuestra empresa, que se ha convertido en un emblema de Floridablanca y de la comida típica santandereana”, concluye Mauricio.

 

 

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