Tradiciones que sorprenden en Semana Santa | Noticias de santander, colombia y el Mundo | Vanguardia.com
Publicidad
Jue Dic 14 2017
20ºC
Actualizado 08:51 am

Tradiciones que sorprenden en Semana Santa | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-04-05 05:00:00

Tradiciones que sorprenden en Semana Santa

Hoy, la Semana Mayor es para muchos un descanso en medio del trabajo, unas pequeñas vacaciones para disfrutar del mar, una excusa del capitalismo para incrementar sus ventas… en fin, un espacio que muy poco se parece a las antiguas celebraciones y a los días de recogimiento y reflexión que la Iglesia Católica quisiera que sus devotos expresaran.
Tradiciones que sorprenden en Semana Santa

Sin embargo, mientras unos corren al mar y a las montañas, otros –y no son pocos- inundan las parroquias de la ciudad y participan en un sinnúmero de ceremonias litúrgicas que incluyen acompañar a los emblemáticos nazarenos.

Según cálculos del párroco Mesías Toscano, de la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, sólo esta parroquia alberga a 65 nazarenos (hay también mujeres llamadas verónicas); y en Bucaramanga y el área metropolitana, el número de penitentes podría llegar a mil.

Es evidente que hace 50 años, “el silencio se sentía hasta en los medios de comunicación, que ponían música que invitaba a la reflexión”, afirma Mesías Toscano. Los bares cerraban y la gente acudía a los cultos. “Hoy, sólo se sabe que estamos en Semana Santa por las ceremonias”, dice.

Ya sean pocos o muchos los que participan activamente, a estas ceremonias, incluidas todas las variaciones posibles según las tradiciones de cada lugar, se sigue asistiendo ya sea por religiosidad o por espectáculo.

Crucificado más de 20 veces

En Filipinas, el único país católico de Asia, hace 20 años que un pintor de  oficio es crucificado literalmente cada Viernes Santo, en un pueblo llamado San Pedro de Cutud, 70 kilómetros al norte de la capital de ese país.

Rubén Enaje es el personaje central de la representación de la Pasión de Cristo, que atrae a miles de decenas de personas. Se viste con una túnica blanca, espera en su casa a que un grupo de ‘centuriones’ lo lleve hasta la casa de Poncio Pilatos, de donde sale cargando una pesada cruz con su respectiva corona de espinas, que luego arrastra a lo largo de 2 kilómetros.

Este hombre se ha sometido al dolor de ser clavado en la cruz por una promesa que terminó de cumplir en 2007. Veinte años ininterrumpidos fue crucificado, pero el año pasado las autoridades de la localidad no consiguieron a otro voluntario que quisiera someterse a semejante martirio encarnando la figura de Jesús, así que Rubén accedió a continuar. Dice que lo seguirá haciendo hasta que “el cuerpo aguante”.

Junto a él, una decena de hombres se someten cada año a la crucifixión por turnos de tres en tres y muchos más se flagelan, cumpliendo con una tradición que ya lleva medio siglo, pero sólo desde 1992 con crucifixiones verdaderas.

Esta práctica ha sido condenada por la Iglesia. El sacerdote Moisés Toscano afirma que esta forma de martirio es un atentado contra el quinto mandamiento de los católicos. Aún así, muchos, queriendo hacer expiación pública de sus pecados, la repiten año tras año.

Los flagelantes de la Costa

En Santo Tomás, un municipio a las afueras de Barranquilla, desde hace un siglo, también durante el Viernes Santo, hombres y mujeres que llevan descubierta su espalda, se flagelan a la vista de una multitud que se congrega en las polvorientas calles de esta población que se ha vuelto famosa por la impactante práctica.

El sacerdote Mesías Toscano explica que la costumbre es que hombres y mujeres “de no muy buena reputación”, se inscriban en la Alcaldía de la localidad.
Ese día salen descalzos y vestidos con faldas blancas. Bajo el sol implacable del medio día hacen un recorrido que se prolonga tres horas, en el que los flagelantes descargan látigos sobre sus espaldas, en cuya punta tienen tachuelas que han sido enceradas.

Y como si el dolor no fuera suficiente, cada cierto tramo, quienes acompañan al flagelante le lanzan aguardiente a la espalda y tratan de curar los hematomas causados por lo golpes haciendo pequeñas incisiones con una cuchilla de afeitar sobre las que untan aceite, limón y sal.

El sacerdote Toscano explica que como sucede en Filipinas, la Iglesia ha tratado de abolir esta práctica pero ha sido imposible. “Ellos (los flagelantes) creen que quedan a paz y salvo, que el que peca y reza, empata”, dice.

Esta práctica puede ser la versión más parecida de los famosos ‘picaos’ que se realizan en La Rioja, España.

Este rito medieval es una de las tradiciones más arraigadas de la Semana Santa española, que cada Jueves y Viernes Santo, congrega a miles de personas en San Vicente de la Sonsierra.

Los ‘picaos’ (todos son hombres) pertenecen a la Cofradía de la Santa Vera Cruz de los Disciplinantes. Ellos recorren las calles con la cara tapada y con una túnica blanca que deja al descubierto su espalda, para azotarse con un manojo de cuerdas que pesa casi un kilo.

Y como sucede con los flagelantes de Santo Tomás, durante su sacrificio el ‘picao’ es acompañado por un padrino que decide cuándo el hematoma de la espalda puede “picarse” con una esponja de cera llena de vidrios rotos, que permite que brote la sangre.

De todo un poco

Por tradición, los católicos practican el ayuno y la abstinencia (de comer carne). Hoy día, según lo explica el párroco de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, hay dos días en que los fieles no fallan: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Sin embargo, en algunos lugares de España, hasta los años sesenta, para evadir esta disposición, se podían comprar las llamadas “bulas”, concedidas directamente por el Papa.

Según los registros, estaba la bula de la Santa Cruzada, la de Carne y la de Composición, que consistían en pequeñas indulgencias que la Iglesia concedía a sus fieles a cambio de una suma de dinero.

El mandato católico impedía comer carne durante los 40 días de la Cuaresma, pero si se tenía la bula de Carne, se quedaba exento de esa prohibición, con excepción del Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Finalmente este privilegio fue abolido por el Vaticano.

Aquí en Colombia esta práctica, como muchas otras, es una decisión personal. Sin embargo, hay cosas que no cambian.

El Jueves Santo se realiza la mundialmente conocida “Visita al Monumento”, donde la imagen de Jesús está reservada desde las 6:00 p.m. hasta las 12:00, recordando que se encuentra en la tumba.

En España es tradición celebrar “Las Tinieblas”, una herencia de la Edad Media, en la cual utilizan un candelabro triangular con trece velas, (doce de los apóstoles y una de Jesús), que se van apagando una por una hasta quedar solamente la que representa a Jesús.

Por algún espacio de tiempo el candelabro es guardado en las sacristías para reaparecer de nuevo, recordando la resurrección, en medio del estridente ruido de matracas, que emulan el terremoto que se desató cuando murió Jesús.

El sacerdote Mesías Toscano explica que el Viernes Santo se celebra el vía crusis y el sermón de las siete palabras, una ceremonia que dura cerca de dos horas, pero que está lejos de parecerse a la que realizan, por ejemplo, en Grecia, donde se extiende hasta por cinco horas.

Ese mismo día, aquí en Bucaramanga se realiza un evento llamado “El desande”, donde los nazarenos y las verónicas, cubiertos con su particular capirote, realizan una procesión cerca a la media noche a la inversa de la que realiza cada sacerdote con los fieles de su parroquia.

El Sábado Santo, considerado un día de silencio, se realiza una vigilia donde sobresale el canto del Pregón Pascual, un canto largo que es interpretado por los mejores coros de la ciudad.

El domingo es el gran día, cuando los nazarenos inundan las calles. El párroco Toscano afirma que no se flagelan y que este día están vestidos de blanco y sin capirote. “Ellos sí que celebran la resurrección”.

 * Con información de agencias

 

Vea además en la edición impresa

  • MÁS LATIGAZOS
  • Israel y el fuego
Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad