Payasos de hospital | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-04-05 05:00:00

Payasos de hospital

Aunque la bala perdida que recibió Camilo* en el cuello no dañó ningún órgano de su cuerpo, sí afectó su corazón.
Payasos de hospital

No el que late y bombea sangre sino el imaginario, el que alegra la vida de un niño, el que representa su inocencia.

Camilo estaba jugando en marzo pasado con sus primos en la esquina de su cuadra en el barrio Bosque Norte.

Un hombre armado quiso dispararle a un perro callejero, pero falló.

 Por eso, cuando la doctora ‘Yita’ se acercó a él, Camilo no parecía muy receptivo a su intento por hacerlo reír vestida de payasa.

“Él entendía que estábamos cantando y jugando, pero no podía participar y parecía un poco desanimado”, comenta la doctora ‘Yita’.

Hacer reír a un niño no siempre es fácil. Menos si está hospitalizado y solo.

“Tuvimos el caso de un niño que al principio lloraba cuando nos veía y la razón es que le hacía falta su papá. Nosotros tratamos de relajarlo, pero entendimos que el niño realmente quería estar con su papá en ese momento”, explica el doctor ‘Joche’.
El doctor ‘Ternurita’ señala que los niños no siempre ven a sus padres cuando estos viven en las veredas y por lo tanto “se deprimen y eso hace que permanezcan más tiempo hospitalizados, con todo lo que eso conlleva para el niño”.

El doctor ‘Joche’, la doctora ‘Yita’ y el doctor ‘Ternurita’ hacen parte de Corazones en Parche.
“Corazones en Parche, Payasos de Hospital”, es  una fundación sin ánimo de lucro que visita todos los sábados el pabellón de pediatría del Hospital Universitario de Santander, practicando la terapia de la risa.

Son ocho jóvenes estudiantes de medicina de la Unab y la UIS, que se visten de payasos inspirados en Patch Adams (no en la película sino en Hunter ‘Patch’ Adams, doctor estadounidense, fundador de la terapia del amor, conocida como de la risa), para llevar a los niños esta poco inexplorada terapia.
La iniciativa surgió en agosto de 2007. “Cuando empezamos nuestras prácticas hospitalarias, visitamos el Hospital Local del Norte y vimos que los niños hospitalizados no tienen acceso a un juguete, no se ríen”, comenta el doctor ‘Ternurita’ (Eder Lancheros, noveno semestre, Unab).  

“Con los niños ocurre algo especial y es que están muy predispuestos a sufrir traumas psicológicos. Nuestro objetivo es disminuir ese trauma que se genera por estar hospitalizado”, comenta el doctor ‘Goofy’ (Gustavo Cuadros, noveno semestre, Unab).
    
Y la iguana tomaba café

Ocho días después de la primera visita de los doctores de Corazones en Parches, Camilo estaba un poco más animado.
Se movía y sonreía, entusiasmado por la canción de la serpiente entonada por la guitarra del doctor ‘Joche’ (José Fernando Tovar, noveno semestre, Unab).  
Las habilidades del doctor ‘Joche’ con la guitarra mejoraron sustancialmente con relación a la primera vez que la interpretó, vestido de payaso en un hospital.

Era la primera visita que realizaban y el doctor ‘Goofy’, el doctor ‘Ternurita’ y el doctor ‘Joche’ no habían preparado una rutina especial para los niños. Era lunes.

“Sólo José Tovar tenía experiencia actoral y más o menos tocaba la guitarra. Gustavo y yo sólo habíamos ensayado las vocales, la canción de la serpiente y de la iguana (“y la iguana tomaba café/tomaba café a la hora del té”)”, explica el doctor ‘Ternurita’.

Los tres llegaron al Hospital Local del Norte, le comentaron su proyecto a la enfermera jefe y ésta les dio la bienvenida. En un pequeño cuarto dejaron de ser Gustavo, José y Eder para convertirse en el despistado doctor ‘Goofy’, en el alegre y rastafari doctor ‘Joche’ y en el dulcísimo doctor ‘Ternurita’.
Ese día había seis niños y mucha ansiedad. “Las enfermeras nos miraban sorprendidas, no se imaginaban a unos payasos en un servicio de hospitalización. A la gente le gustó, incluso ese día también había adultos y les hicimos terapia a ellos”.

La mayoría de niños rió, pero otros no. “Por la realidad social de Colombia a los niños les están quitando todas esas etapas. Los niños privilegiados van al colegio pero algunos están trabajando por ahí en una esquina o en los semáforos y muchos de ellos no saben que un payaso los va a hacer reír”, comenta el doctor ‘Ternurita’.

Los primeros resultados de la terapia de la risa los obtuvieron en una de sus visitas.
Usualmente, a los niños deben cauterizarlos cada vez que se les suministra un antibiótico, lo cual es traumático para un niño: el dolor y la aguja no son los mejores amigos. “La niña comenzó a gritar y nos acercamos. Mientras la cauterizaban, yo tocaba la guitarra y cantábamos una canción. Ella cantaba y lloraba al mismo tiempo, hasta que dejó de hacerlo y de repente dijo: ya. Habían terminado de canalizarla”, comenta el doctor ‘Joche’.

Aunque este logro parezca sencillo, la Fundación Corazones en Parche investigó los beneficios de la risa en los niños y adultos y encontró que el tiempo de hospitalización disminuye considerablemente gracias a la terapia, así como la recepción de los medicamentos y la respuesta a otros tratamientos.
Salió la A, salió la A

Luego de apenas tres semanas hospitalizado, Camilo estaba feliz, caminaba y se reía con los doctores payasos. Poco tiempo después regresó a su casa; hizo un progreso sorprendente.

“Está comprobado que el estado de ánimo se relaciona con las defensas del cuerpo humano. Cuando uno se ríe se liberan las endorfinas y el dolor disminuye. Sabemos que lo que hacemos está incidiendo en el tiempo de hospitalización de los niños y las defensas”, señala el doctor ‘Joche’.

“Es muy traumático para un niño estar rodeado de pacientes que están enfermos, eso lo puede hacer sentir más enfermo”, asegura el doctor ‘Goofy’.
Quienes han presenciado la terapia de la risa están de acuerdo en lo maravilloso del proceso. “Es una forma muy bonita, íntegra y gratificante de ayudar al niño. Es un cambio en la forma de practicar la medicina e incluso los padres también esperan que la Fundación visite a los niños”, señala la doctora Patric Eliana Sarmiento, residente de pediatría del HUS.

También Lilia, trabajadora social del mismo hospital señala que “la terapia de la risa es genial. Empezó con la doctora Clown (en Bogotá) y es una terapia que inspira ternura y que hace a los pacientes olvidar que están enfermos”.  

Para su vida personal, la terapia de la risa resulta una experiencia positiva para los doctores. “Es muy agradable hacer un proyecto con los amigos, nos conocemos desde hace tiempo y los resultados nos hacen felices también”, asegura la doctora ‘Yita’ (Paula Camila Villabona, séptimo semestre, UIS).
Lo mejor de estos doctores es la forma cómo aplican la terapia de la risa, con absoluta y completa sinceridad.

 “Mucha gente nos dice que a la larga la terapia de la risa no va a cambiar el pronóstico de la persona. Eso lo sabemos, no queremos pelear contra la muerte, queremos difundir el mensaje del amor como una forma de mejorar la calidad de vida del paciente”.

 

Vea además en la edición impresa

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