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De las crónicas de Cieza de León a hoy | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-07-31 05:00:00

De las crónicas de Cieza de León a hoy

De las crónicas de Cieza de León a hoy

Narrando detalles de cómo se llevó a cabo la masacre de El Salado, cometida hace pocos años, expresa que los asesinos solo usaron bayonetas para matar a varias decenas de inocentes, para no llamar la atención de unidades del Ejército que estaban cerca y que -atérrese lector- mientras tales desalmados en forma inmisericorde quitaban la vida a sus víctimas, otros paramilitares “tocaban gaitas, tamboras y violines” (sic).

Ese acto asusta porque demuestra lo que son capaces de hacer algunos colombianos de nuestros días. Si. Cada vez que tenemos noticia de un nuevo y oscuro acto de barbarie cometido por compatriotas nuestros, se nos desmorona el espíritu pues ingenuamente imaginamos tales escenas hace 15 años en los Balcanes, o en algunos lugares de África, o de Asia, pero no,  los hechos son tozudos y nos demuestran que  ocurren aquí, entre nosotros, en pleno siglo XXI.

Lo confesado por alias ‘Juancho Dique’ trae a la memoria la ‘Crónica del Perú’ del destacado cronista e historiador español Pedro Cieza de León, quien al narrar la Conquista Hispana de América del Sur describe las costumbres de las tribus de aborígenes que vivían en el área del Macizo Central Colombiano y cómo frecuentemente hacían guerras con otras tribus y acostumbraban a comerse a sus enemigos muertos mientras otros interpretaban tonadas musicales y cantaban.

Seguramente los despreciables criminales de El Salado ignoraban que esa costumbre de matar a inocentes mientras al fondo otros interpretan música no es nueva en el territorio de lo que hoy es Colombia, sino que ya se usaba en la época  precolombina.  

Sería interesante que científicos sociales estudiaran este comportamiento del hombre colombiano pues lo encontramos en la época precolombina, en el siglo XIX, en la violencia de los años 50 y 60 del siglo XX (esa que analizó magistralmente el libro ‘La Violencia en Colombia’ de Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna y monseñor Germán Guzmán Campos) y sigue ocurriendo hoy.

Angustia la ancestral capacidad de  violencia del hombre colombiano y brota una pregunta ahora, cuando la  Ley de Justicia y Paz está celebrando tres años de haber entrado en vigencia: ¿está ella diseñada para dar solución a un problema inmediato, o para mejorar ese lado oscuro del hombre colombiano? ¿Sirve para que  en nuestra patria no vuelvan a ocurrir hechos horrendos como los comentados? La respuesta, desafortunadamente, es más escéptica que optimista.

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