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Ni juez ni reo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-04-12 05:00:00

Ni juez ni reo

Ni juez ni reo

Cicero Cicerone. Sin embargo, en el caso del ex presidente Fujimory habría que decir lo dicho por el poeta: Yo sé del Mar lo que supe del Viento. Cuando se juzga a un hombre indefinible, que de ser un desavisado agrimensor, llega en las elecciones para presidente de la República del Perú, a barrer al más connotado escritor de la burguesía blanca, Vargas Llosa, con o sin pruebas, el fallo era predecible que sería condenatorio. Se le cobra, además, el encarar como presidente la babieca de los jueces y la cachaza de un congreso connivente con el terrorismo.

Entre otras nadie sabe el por qué a Vargas Llosa, a este asombroso tejedor de metáforas, se le ocurrió aventurarse en la política, camino tortuoso, e infame, inventado por el hombre para satisfacer la vanidad. Pero ese es otro cuento. Fujimory tendría que ser condenado y el mundo lo sabía. Leo en editoriales de los periódicos el aplauso por el fallo, a pesar de ser un indecoroso fallo político. Y aquí si que vale traer a cuento la cita hecha en estos días por Jose Obdulio Gaviria en defensa de la política de Uribe frente al terrorismo. Dice que dice el chino Chad, que…frente a un espadachín no queda otra alternativa que desenvainar la espada.

No se puede ser poeta frente a quien no es poeta.__ Yo goberné desde el infierno, argumenta Fujimory. ¿Quiénes eran la gavilla de los senderistas y su mesiánico y sórdido cabecilla? ¿Unas piadosas y magnánimas hermanitas de la caridad? No. Eran los más sanguinarios orates de una secta que avasallando la libertad prometían libertad a los desheredados. Un culto místico que predica el asesinato para la felicidad de la humanidad. La sangre y su imborrable mancha. Quién olvida la fotografía, la danza siniestra remedando a Zorba, en la que fuese sorprendido Abimael Guzmán, giraba como murciélago macabro, y luego un homicidio en el recodo de cada camino peruano.

¿Era posible derrotarlo con tantos guardándole la espalda? Disfraz de escarabajos, una corte de jueces cómplices, ciegos y tontos. Un parlamento de compinches, crucigramistas, para saber dónde cazan las oportunidades de enriquecerse hablando de revolución, y dormitar mientras el país moría. Ah, pero todos dirán, violó la constitución. ¿Cuál constitución? Si la constitución, esa toalla raída y sucia, se la llevó por los cerros Abimael para secarse la sangre sangre de las manos. Y siguen aporreando el bombo.

Un fallo, dicen, para que jamás vuelva a haber más dictaduras. Sí, el chino fue todo eso que dicen, y mucho más. Con sus ojos sardónicos, no pudo evitar la fuga de su celosa mujer en la noche por los garajes de palacio. Tampoco sorprender a su mozo de estribo Montesinos, en las andadas. Es que ser cancerbero del infierno es poca cosa. Pequeños jueces feroces de hoy cundo ayer todos tiritaban aterrorizados con los mensajes de la montaña, una fácil hibridación para cada momento. La contundencia de un falso testimonio, al pelotón de fusilamiento, en su oportunidad apólogos de Stalin, o de Hitler, o de tantos monstruos, que hacen gárgaras con sangre en las mañanas.

 

 

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