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El sacrificio de las Verónicas | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-04-12 05:00:00

El sacrificio de las Verónicas

Un lunes en la tarde, el 8 de marzo de 1971, durante la semana santa, Verónica Lueken cayó rendida en la Iglesia de San Roberto Belarmino en Bayside, en Nueva York.
El sacrificio de las Verónicas

Su aspecto era angustiante: las pupilas rojas y el rostro demacrado.

Verónica Lueken alegaba que había visto el sufrimiento de Jesús y que lo había acompañado de la misma manera que el personaje católico lo hizo en el momento en que el profeta caminaba hacia su crucifixión.

Señalaba que el dolor era impresionante y que aumentaba a medida que se acercaba la muerte de Jesús.

Ese sacrificio devoto es el mismo que hacen las verónicas.

Sobre sus torsos va puesta una camiseta blanca. Es la primera prenda que se ponen antes de empezar con el ritual.

Están reunidas las trece en un pequeño salón en la Iglesia del Perpetuo Socorro, a punto de empezar con su internado.

El internado es precisamente eso, un encierro voluntario al que estas jóvenes se someten desde el miércoles a las 3:00 p.m. hasta el sábado de pascua.

Su cofradía se llama Las Verónicas, mujeres que conforman la hermandad de Jesús Nazareno de la Iglesia El Perpetuo Socorro y que durante la semana de pasión celebrada por la religión católica, quieren representar a este personaje religioso.

Según el texto sagrado del catolicismo, esta mujer, Verónica, limpió con su velo el rostro de Jesús que sangraba y sudaba mientras subía al lugar donde sería crucificado.

“Nosotras queremos representar a las mujeres que acompañaron a Jesús durante su trayecto hacia la cruz: Verónica, María Magdalena y la Virgen María”, señala Edna Rocío Peña, una estudiante de último semestre de enfermería y verónica.  

En Bucaramanga hay otras mujeres en otras iglesias que caminan con los nazarenos durante la celebración religiosa de Semana Santa, pero las verónicas del Perpetuo Socorro son las únicas que visten un atuendo diferente al que llevan los nazarenos y no se cubren el rostro.

 

“Hay mujeres que caminan con los nazarenos de la misma manera que ellos y cargan objetos. Nosotras no hacemos eso, simplemente acompañamos”, explica Isabel Espinosa, profesora de una institución de niños especiales.

Su vestido se llama hábito, pero es diferente al de las monjas.

“Hace seis años hubo problemas con eso porque los oficiales de la iglesia señalaban que se parecía mucho al de las monjas, no les gustaba el reboso”, comenta Isabel, quien lleva nueve años sirviendo en la cofradía de Las Verónicas, conformada hace trece años.

El hábito de Las Verónicas consta de sandalias, alba, cíngulo, camándula, cristo de pecho y reboso.

“El alba representa las vestiduras en los tiempos de Jesús y es el traje con el que nos revestimos”, explica Edna Rocío.

Para otros eventos distintos a la semana santa, las verónicas rezan una oración antes de revestirse, que es como llaman a la acción de ponerse el hábito.
Sin embargo, cuando están en el internado, la oración se reza al final, con profunda devoción.

Estas jóvenes decidieron pertenecer a la hermandad por distintas razones. Algunas, desde niñas, participaron en grupos juveniles del catolicismo, otras sintieron una especie de llamado divino y una de ellas, Mónica Pavón, quiere agradecerle a Dios que le hubiera salvado la vida en un accidente.

De menor a mayor

El velo de Verónica está en el Santuario del Santo Rostro en Manoppello, Italia, desde el comienzo del siglo XVI.

Posiblemente fue robado de la Basílica de San Pedro mientras estaba en construcción.

No se debe confundir con el sudario de Turín, que según la historia, refleja el rostro de Jesús cuando su cuerpo fue envuelto después de bajarlo de la cruz.
Sin embargo, la historia de Verónica no aparece en la Biblia y muy poco se sabe acerca de ella, excepto porque su acción es considerada extraordinaria.

La menor de las verónicas, Lizeth Rangel, que tiene 18 años, pudo pasar la semana jugando PlayStation o viajando. A cambio, se encerró en la Iglesia con sus “hermanas” y aguantó el fuerte sol y la caminata.

Después de la camiseta, las medias y las sandalias, el alba blanca es lo siguiente en el atuendo de las verónicas, que se van vistiendo en completo silencio, arrulladas por los trabajos de construcción que se realizan en la parroquia.

El alba es de lino, por lo tanto aguantar el calor revestida en esta tela es un verdadero sacrificio. Este es el punto. Su trabajo es pasar por los mismos sacrificios de Jesús, al igual que los nazarenos.

Irónicamente, fueron los hombres quienes dieron luz a la idea de las verónicas.

“Había mucho trabajo en la iglesia, trabajo de preparación para la semana santa. Decoraciones, por ejemplo, que requerían del toque femenino, entonces solicitaron a las mujeres participar en la semana santa, pero sin perder su femineidad, vestidas con un hábito que las diferenciara del traje de los hombres, explica Isabel.

Verlas caminar lado a lado con los nazarenos, es muy conmovedor; casi tanto como ver a la virgen llorar por su hijo en una película, para quienes siguen la fe católica.

La iglesia del Perpetuo Socorro se fundó en 1962 como parroquia, pero en 1940 los sacerdotes ya estaban ubicados sobre la carrera 17 y con el paso del tiempo, el templo se convirtió en uno de los más grandes de Bucaramanga.

“La gente piensa que las verónicas son religiosas cuando las ven, creo que no entienden muy bien de qué se trata. Pero ellas tienen una mística muy interesante, están realmente consagradas”, comenta el padre Mesías Toscano Valderrama, sacerdote de la parroquia y doctor en Filosofía.

Las primeras Verónicas eran esposas de los nazarenos, que les ayudaban en el trabajo de preparación de la semana santa y que ocasionalmente participaban. Las verónicas de hoy son jovencitas estudiantes que se enfrentan al desafío de mantener su fe con relación al mundo científico actual.

Las Verónicas son reservadas en este aspecto. Prefieren concentrarse en su internado, que nadie puede interrumpir.

“También el internado es un sacrificio, porque tenemos que alejarnos de nuestra familia y el tiempo que pasamos aquí desde el miércoles hasta el sábado es de trabajo y oración”, explica Lizeth Rangel.

El sacrificio

“No tenía figura ni belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado”, relata el libro del profeta Isaías 53, 2-3 en la Biblia.

Después del alba, las verónicas se ponen el cíngulo y la camándula.

El cíngulo es una tira que se amarran alrededor de la cintura, con el que quieren  representar los pecados redimidos por Jesús.

“El cíngulo va hacia el lado izquierdo. Al lado derecho va la camándula, que representa la oración y devoción a María”, comenta Erika Ortiz, que estudia banca y finanzas y que por ahora es novicia.

El noviciado dura un año y es la carrera que hay que seguir antes de consagrarse y convertirse en verónica.

“No se puede ser Verónica así como así, durante un año nos preparamos para este momento que se celebra cada año, el miércoles de la semana santa”, señala Edna Rocío Peña.

La hermandad se divide en tres cofradías: hermanos nazarenos, que reúne a los hombres desde los 15 años en adelante; hermanas verónicas, de la misma edad e hijos de Jesús Nazareno, que son niños y niñas menores de 15 años.

Lo último que se ponen es el reboso y antes de eso, hacen una pequeña oración en compañía de los nazarenos y encabezada por el procurador de la Iglesia, Rubén Sánchez.

Finalmente, se ponen esa especie de manto que les cubre “la vanidad del cabello” y están listas para salir.

“Hacemos estos sacrificios, como mujeres que somos, por amor a Jesús”, puntualizan al unísono Las Verónicas.

 

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