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Palabras inútiles | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-04-14 05:00:00

Palabras inútiles

Intenté el ayuno y la abstinencia, tal como aprendí en la escuela. Como creyente libre y sin iglesia, no toqué la Internet, leí  poca prensa, casi no vi televisión y no me enteré de lo que hicieron los cristianos practicantes.
Palabras inútiles

Imposible ignorar el país y el mundo. No supe de nuevas metidas de pata del Papa Ratzinger en sus imperiales intervenciones; me enteré de que tampoco la jerarquía católica colombiana quiere un tercer mandato inmediato del señor Presidente. Sentí extraña nostalgia al enterarme del fallo de la justicia peruana contra los excesos y crímenes del  mesiánico presidente Fujimori.

Los símiles y comparaciones son inevitables; las cosas no son tan fáciles y cada país al fin encuentra el camino de la decencia política y jurídica. Más bien me dediqué con pasión a leer la espléndida novela del indio británico Salman Rushdie La encantadora de Florencia.  Como de costumbre, Rushdie es deslumbrante y fantástico; su genio literario no decae.  Es novela histórica, aunque algunos críticos sostienen que toda novela es histórica.

Pero creo que este tipo de narraciones  se  rige por sus propias reglas para recrear con arte lo que no puede o no quiere hacer el científico social. ¿Cómo figurar o refigurar la Florencia renacentista, cómo imaginar los más inverosímiles –pero posibles- diálogos entre Maquiavelo y Leonardo y todo un enjambre de personajes simples o complejos tal como hace Dmitri Mereshkovski en El romance de Leonardo, excelsa y olvidada novela sobre el Renacimiento?

Memoro a Mereshkovski porque en La encantadora de Florencia, Maquiavelo y su mundo burocrático, amigos, familia, fortuna y desgracia, y sobre todo su pensamiento político, está  imbricado a lo largo de la narración que sucede en la corte imperial de Akbar el Grande, el heredero de Gengis Khan y de Tamerlán. Es un encuentro fantástico entre dos mundos. Oriente y Occidente; y como en Las mil y una noches, pululan los personajes más insospechados, las situaciones más desconcertantes, la sabiduría política más sabia para ser de un solo individuo humano como Akbar.

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