“Sólo queda esperar” | Noticias de santander, colombia y el Mundo | Vanguardia.com
Publicidad
Mié Dic 13 2017
20ºC
Actualizado 08:37 am

“Sólo queda esperar” | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-04-20 05:00:00

“Sólo queda esperar”

Sensación de debilidad, pérdida de peso y desmotivación para hacer las cosas, fueron las primeras señales que dio Rafael, un hombre de 70 años, en el ocaso de su existencia. Le diagnosticaron leucemia y murió poco tiempo después.
“Sólo queda esperar”

“¿Qué vamos a hacer?, no puede ser, es imposible, pensamos todo el tiempo mientras nos resistíamos a creer que el hombre fuerte de la familia padecía una enfermedad incurable”, relata Milena, su hija, para quien la noticia generó sentimientos de ira y frustración.

Fue una época de mucho sufrimiento en la que el día a día se les convirtió en un ir y venir entre medicamentos, cuidados, controles médicos y atenciones. Milena dice que la vida familiar comenzó a regir alrededor de su padre.

Con el paso del tiempo Rafael comenzó a decaer, se fue desgastando y se fatigaba al caminar. Lo peor, recuerda su hija, fue saber que en medio de su debilidad lo que parecía una gripa se le convirtió en tuberculosis. Durante los últimos días perdió la noción del tiempo y se volvió susceptible a los medicamentos.

Similar es el caso de Silvia, una joven profesional que hace cuatro años le dijo adiós a su padre, un hombre de 55 años que murió por cáncer de médula. Una enfermedad que le robó a este hombre la fuerza y disposición incansable frente al trabajo.

“Era difícil ver a mi papá después de las quimioterapias. Fue algo muy fuerte para él y que lo dejó muy débil. Nadie podía creer que era él cuando lo vieron en el ataúd, estaba muy delgado, ojeroso y pálido.

Irreconocible”, dice Silvia, quien considera que lo más difícil de la enfermedad de su padre era no saber si al otro día aún estaría vivo. Sin embargo, eso mismo le sirvió para aprovechar más el tiempo y estar juntos siempre.

“Fue como recuperar esos espacios que a veces dejé de compartir con mi papá por estar con mis amigos”. Dice.
Milena y Silvia hoy tienen a sus padres vivos en su memoria.
 
Ellas coinciden en que ante este tipo de situaciones lo mejor es aceptar la realidad y compartir momentos que les permitan unirse en familia y hacer de los últimos días de ese pariente los más tranquilos y felices.

“Ante una enfermedad terminal solo queda esperar”, concluye Milena.

Una realidad que debe asumirse

De acuerdo con el psicólogo y especialista en programación neurolingüística, Carlos Mauricio Peñalosa Pedrosa, la reacción de la familia ante la enfermedad terminal de uno de sus miembros suele ser de negación.

Esto provoca que comiencen las sensaciones de desesperanza que los lleva a buscar otras opciones, pues no es fácil asimilar que alguien de la familia va a morir. Muchas veces se piensa que se mueren los demás pero no las personas cercanas.

“Es claro que este tipo de pacientes, mal llamados terminales, alteran la dinámica familiar, pues el apoyo económico que requieren es algo que no se tenía presupuestado y se hace necesario acondicionar la vivienda. Por otra parte, se pueden generar sentimientos de culpa, creando un caos emocional como un laberinto sin salida”, afirma Carlos Mauricio Peñalosa.
 
A esta voz se suma el psicólogo social y comunitario Freddy Hernando Cristancho Rincón, quien destaca que ante la difícil situación la familia debe brindar todo el afecto, cariño y paciencia posibles para alegrar la vida de aquel que está sufriendo. Nadie desea ser una carga, generar lástima o sentirse inútil u olvidado. 

“Lo mejor es brindarle a esa persona la posibilidad de restarle trascendencia a la enfermedad. Tenerlo en cuenta como si no pasara nada pero tratando de que la familia, de la mano del paciente, sean felices”, dice el psicólogo.

Este profesional agrega que el enfermo debe esforzarse por no sumarle malestar a su enfermedad. No permitir que decaiga su autoestima, no buscar la soledad. Si tienen claro que la muerte se acerca, un buen paso es reconciliarse consigo mismo, con las personas que ama y que no ama, para liberar del cuerpo los sentimientos negativos.

El psicólogo Carlos Mauricio Peñalosa Pedrosa concluye diciendo que en la última fase de la enfermedad, el paciente puede expresar culpa por lo ocurrido, sintiéndose mal por las incomodidades provocadas.

“No se debe trasmitir lástima y evitar que el enfermo se entere de cualquier inconveniente o tensión económica generada por su situación. Sólo debe saber que está en buenas manos y nada le faltará”, dice Peñalosa Pedrosa.

VOZ DE EXPERTO

Asumirlo es difícil
Luz elena de la rosa puello
Psicóloga experta en trastornos afectivos

“Si un integrante del núcleo familiar vive una enfermedad terminal, el dolor estará determinado por los vínculos afectivos con el enfermo, la edad y su figura. Sin embargo, al tener en cuenta que estos casos representarán una pérdida, producen una sensación de desintegración, lo cual causa dolor.

Aunque no es fácil encontrarle sentido a la enfermedad, lo importante es que esta experiencia de amenaza de muerte sirva para el reencuentro y para afianzar los lazos afectivos, abriéndose en conjunto a la experiencia libre de sentimientos, al entendimiento y reconciliación tanto afectiva como espiritual. Debe haber una actitud abierta y de entrega para asistir a esa persona que todavía está viva.

Si la persona afectada es adulta mayor, el hecho de permitirles una evaluación de su vida y así darse cuenta de que ha logrado frutos importantes, aminora la dificultad para adaptarse a la fase terminal. Diferente sucede si el afectado es un niño, joven o adulto intermedio. Con ellos siempre se esperan la recuperación en medio de una gran ansiedad.

El enfermo requiere seguridad, necesita confiar en la gente que lo cuida para tener la certeza de que no será abandonado. Necesita ser querido, aceptado, comprendido y acompañado hasta el final, que se le reconozcan sus necesidades, que le sea ofrecida toda la ayuda necesaria y que pueda tener a alguien a quien confiarle sus temores o sus preocupaciones”.

¿Qué es lo que no se debe hacer?

De acuerdo con el psicólogo social y comunitario, Freddy Hernando Cristancho Rincón, no es bueno perder la fe, perder la sonrisa, perder la necesidad de sentir, de amar, de sorprenderse por las cosas más simples de la vida. “Perder esas cosas nos hacen morir más rápido que cualquier enfermedad”, dice el psicólogo, al tiempo que agrega que nunca se debe abandonar a una persona enferma como muchos han hecho, dejándolos en hospitales o asilos, porque se les considera una carga o un martirio.
La verdadera razón de vivir es el amor a los demás, sin condición y sin esperar nada a cambio. Sólo hay que dar y la vida sin duda le dará buena recompensa. “Demostremos amor, esa es la idea”, concluye.

Vea además en la edición impresa

  • LISTA La tarea del enfermo
  • Preguntas y respuestas Responde la psicóloga clínica de familias, Nancy Yadira Bohórquez Beltrán.
Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad