La vida detrás del maestro | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-04-20 05:00:00

La vida detrás del maestro

Para nadie es un secreto que la labor del maestro no siempre es bien vista. O por lo menos esta es la actitud de algunos estudiantes que, más que un aliado o apoyo de su proceso formativo, quisieran que su maestro se desapareciera.
La vida detrás del maestro

¿Por qué? No les gusta que les exijan disciplina, parámetros de responsabilidad, pautas para cumplir ni evidenciar interés y superación.

“Ese profe debería coger oficio”, “a mi maestra lo que le hace falta es marido”, “se nota que en la casa no se lo aguantan, por eso viene a desquitarse con nosotros” ¿Le suenan conocidas estas afirmaciones?

Desafortunadamente son el reflejo de la poca gratitud y valoración hacia aquellos que asumen con compromiso lo que les apasiona: ser maestros.

De acuerdo con César Augusto Roa, docente investigador de la Escuela de Educación de la UIS, el maestro no solamente es alguien que enseña lo que sabe sino que va más allá para educar a sus estudiantes, de tal modo que el conocimiento tenga un sentido para la vida.
 
¿Se ha preguntado qué hace su maestro después de la jornada académica? ¿Qué odiseas tiene que vivir para llegar a dictar la clase? ¿Qué otros talentos o temas le apasionan?

César Roa dice que hoy en día existe poca valoración social y económica hacia los maestros. 
Con el ánimo de destacar la labor de quienes ejercen la no siempre valorada misión de educar,

Vanguardia Liberal destaca hoy una muestra de la larga lista de esos héroes en silencio.

Caja biográfica
María Victoria Pimiento

• Colegio en el que labora: Fundación Colegio UIS

• Áreas que maneja: Maestra de los estudiantes de primero primaria en español, matemáticas, sociales y ciencias naturales, las cuales están integradas en proyectos pedagógicos.

•Años dedicados como maestra: 29

• Estudios: Tecnóloga en educación preescolar, especialista en educación sexual y orientación familiar, y especialista en pedagogía y semiótica de la lengua materna, entre otros.

• Otros: Autora del libro ¿Qué le pasa a Juan?, el cual relata la historia de vida de una madre que descubre que su hijo es hiperactivo. Además, es miembro fundador de la Fundación Granadah, dedicada a trabajar por niños, jóvenes y adultos con TDAH (Trastorno de déficit de atención por hiperactividad)

“Mi descanso comienza cuando llega la hora de dormir”

Como auxiliar de la maestra de preescolar del colegio La Presentación y como alfabetizadora de un grupo de adultos en la escuela nocturna. Así, en el año 1980 María Victoria Pimiento descubrió que quería pasar el resto de su vida al servicio de la educación: como maestra.
 
Desde entonces ha sido una soñadora incansable que se deja maravillar, desde que comienza su jornada laboral a las siete de la mañana, con el paisaje que enmarca su colegio. Allí, pequeñas ardillas se dejan ver de manera tímida, al ritmo del murmullo de los estudiantes. 

“Es un lugar maravilloso en el que he vivido mis mejores años”, afirma María Victoria, quien asegura que lo más apasionante de su trabajo son sus estudiantes. Su ‘motor’ son esas pequeñas personitas que tienen la capacidad de crítica y justicia más severa que la del adulto, pero con un corazón sano y limpio de donde nace el mejor y más sincero sentimiento para su maestra ‘María V’, como le dicen con cariño. 

Y aunque a las 3:30 de la tarde suena en el colegio el timbre que indica el fin de la jornada, para María Victoria no es así.

En su casa la espera otra larga jornada en el computador, actividades relacionadas con su fundación o reuniones con otros maestros. “Cuando no tengo estos compromisos, mi trabajo comienza cuando llegan mis hijos para ser la madre que necesitan en casa”, dice.

‘María V’ concluye diciendo que la satisfacción de su trabajo es diaria. Lo mejor para ella es recibir un abrazo de ‘sus niños’ y escucharles decir: “Te quiero mucho”. “En esos momentos me digo en mi interior: Bien ‘María V’, lo hiciste bien”.

Con compromiso

“En esta institución educativa ubicada en una región boyacense que limita con Santander, los maestros en su mayoría somos mujeres.

Estamos llenas de trabajo y ambiciones no sólo para nuestras familias sino para con quienes compartimos la mayor parte del día: nuestros estudiantes”, así lo reconoce la maestra Nelly Pérez, quien todos los días camina durante cuarenta y cinco minutos para llegar a la escuela y convencer a los niños de lo bueno e importante que es aprender, respetar al otro y salir adelante. Por eso, siempre trabaja por el rescate de los valores, partiendo de los cambios en las estructuras familiares que se han venido presentando.

“Me motiva ser maestra porque me gusta compartir, enseñar y contribuir por el crecimiento de la comunidad”, afirma la maestra, al tiempo que agrega que lo más difícil de su trabajo es la falta de compromiso de los padres de familia, quienes se resisten a participar con ellos porque consideran que la labor de educar es de los maestros. “Dicen que para eso nos pagan”, relata Nelly.

Esta maestra afirma que su jornada de trabajo comienza a las siete de la mañana. Y aunque su presencia en la escuela es hasta las 2:30 de la tarde, en casa debe seguir.

“Tengo que calificar evaluaciones, preparar clase y pensar en proyectos. Todo esto hasta las nueve de la noche sin contar con que, al mismo tiempo, tengo que estar pendiente de los quehaceres de mi hogar. Antes de maestra soy madre”, finaliza.

Vea además en la edición impresa

  • caja biográfica Nelly Pérez
  • caja biográfica Wilson Viviescas
Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad