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Batalla contra molinos de viento | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-04-30 05:00:00

Batalla contra molinos de viento

Batalla contra molinos de viento

“-La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren 30 o poco más desaforados gigantes con quienes pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
-¿Qué gigantes? -dijo Sancho Panza.
- Aquellos que allí ves -respondió su amo, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
- Mire vuestra merced -respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen, no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas.
- Bien parece -respondió don Quijote-, que no estás cursado de esto de las aventuras; ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en oración que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.
Con la lanza en el ristre arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió al primer molino que estaba delante, y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. ”
Al leer la cita anterior, pareciera que, en la historia de nuestra interminable secuencia de violencias, los colombianos anduviéramos confundiendo molinos de viento con gigantes. Entre 1819 y 1902 hubo 8 conflictos armados de diferente magnitud y cobertura. De 1902 a 1931 hay una calma chicha. En 1931 se inicia la violencia partidista, la cual se recrudece con el asesinato de Gaitán (9 abr. 48). Siguen las guerrillas liberales, los bandoleros y los pájaros. A continuación deviene la guerrilla: Farc, Eln, Epl, Quintín Lame, M-19,...; las AUC, que rápidamente se transforman en paramilitares y el Mas.
Después irrumpe el narcotráfico, los carteles de la droga, Medellín y Cali, hoy reemplazados por narcofaracos, narcoelenos, narcoparacos y diversas y cambiantes denominaciones más.
Esta interminable secuencia de violencias ha generado una cultura que se expresa en la violencia consuetudinaria de cualquier barrio o vereda y en el mismo entorno familiar. Que la reflexión planteada en mi libro, Violentos somos, sea un aporte para encontrar senderos de compresión que nos permitan transformar una cultura de violencia, en una cultura de paz y desarrollo integral para todos.

 

 

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