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Comunidad: comunicación y comunión | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-04-30 05:00:00

Comunidad: comunicación y comunión

Comunidad: comunicación y comunión

En donde el lenguaje es claro, simple. No se tiene miedo a la verdad, aunque sea un poco desagradable. Donde a cada  uno  se  le  reconoce el  derecho a expresar libremente  su pensamiento. Y cada uno tiene el coraje de hacerlo.

En donde las murmuraciones, las maledicencias, las charlatanerías y los chismes quedan suplantados por un estilo de claridad y respeto recíproco.
Donde hay sitio para la docilidad, pero también para el sentido de responsabilidad.

Para la obediencia y para la propia iniciativa. Para la fidelidad y para las ideas. Para los aplausos y para las críticas.
La comunidad no puede contentarse con ser comunidad, sino que debe llegar a ser comunión (“Tener un mismo sentir, dice San Pablo”).

La comunidad cuando falta a la comunión, se reduce a un escuálido marco, a una cáscara vacía de sustancia.

La comunidad no es una simple yuxtaposición de personas que viven una junto a otra sin establecer profundas relaciones interpersonales, sin que haya una armonía auténtica que es algo que va mucho más allá del trato formalista (“Alegraos... vivid en paz... saludaos mutuamente con el beso santo”), sin conocerse, sin acogerse de verdad, sin compartir.

El fin de la comunidad no es el orden, la uniformidad niveladora, y ni siquiera el funcionamiento de las obras sino la comunión de las personas en el amor. El primado no es el de la disciplina, sino el de la caridad.

La imagen que cualquier comunidad debe ofrecer de sí misma no puede ser otra que la de personas “unidas” con la legítima diversidad, entre las que, a imitación de la familia trinitaria, circula el amor.

Una comunidad funciona no cuando se multiplican y funcionan las actividades, cuando funciona la organización, sino cuando funciona y es visible la verdadera comunión entre las personas.

Una comunidad progresa cuando progresa la fraternidad.  La fraternidad se convierte en el signo del amor del Padre revelado por el Hijo e infuso en nuestros corazones por el Espíritu. Viendo cómo nos amamos, el mundo debe poder entender que Dios es amor y hace a las personas, que creen en Él, capaces de amar.
El pueblo de Dios es evangelizado a través del signo, decisivo de nuestro amor mutuo.

 

 

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