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Ellos derrotaron al desempleo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-01 02:45:43

Ellos derrotaron al desempleo

Miguel Ángel Lozano López, de 37 años de edad, sostiene que está más preparado que un ‘yogurt’: es profesional de la Comunicación Social de la UNAB, ostenta una especialización en alta gerencia de la UIS, sabe inglés, sin contar que obtuvo con honores las mejores calificaciones en otros títulos en ‘Creatividad Gerencial’, ‘Liderazgo’ y ‘Alta Productividad’.
Ellos derrotaron al desempleo

De manera irónica, su impecable formación académica, al parecer, no es su mejor carta de presentación. Duró 8 años buscando empleo de manera infructuosa.

Ya olvidó cuántas hojas de vida presentó. Devoró cuanta hoja de clasificados salía en los periódicos, consultó bolsas de empleo e incluso fue uno de los que se ilusionó cuando en los periódicos se lanzó el programa del ‘Emplenet’, con el cual se les abrirían las puertas del trabajo a profesionales como él.

Es curioso: su alto perfil siempre lo descabezaba de las convocatorias. Cansado de tanta espera y con la responsabilidad de mantener un  hijo, Miguel Ángel decidió hace poco tiempo ser el administrador de un punto de venta de seguros obligatorios: “No fue lo que estudié, pero sí el único chance que tuve de mantenerme activo”.

Su improvisado puesto está en el sector de La Florida. Con él pudo estrechar vínculos con una reconocida empresa de seguros y ya armó su propia concesionaria desde un cuarto alquilado en almacén.

Hoy, 1 de mayo, cuando el mundo entero celebra el Día del Trabajo y después de años tras la caza de un puesto, sostiene que dejó de ser un ‘varado’ más. “Derroté al desempleo”, afirma.

Y no es el único. Para la muestra el caso de María Yolanda Gamboa, una mujer de 45 años, quien a falta de un puesto laboral estable, ideó lo que ella denomina como la ‘Oficina del Chocolate’. Con ella, según cuenta, ha logrado ‘endulzar’ los amargos días que le dejó el desempleo.

Esta mujer, madre de tres hijos, uno de ellos universitario, les ofrece a sus clientes una variada selección de chocolates, belgas y franceses, elaborados con sus propias manos. Estos diseños le han permitido ‘cuartillar’ su sueldo: “no tengo distribuidores exclusivos, pero sí tengo las suficientes personas que adquieren mis dulces productos. Así enfrento el reto de no tener oficio en una empresa”.

Otro que aprendió a ‘confeccionar’ su puesto de trabajo es Rodrigo Rojas, quien debió dejar su profesión de Electrónica para medírsele a la confección: “Sin opción laboral en mi campo profesional, tuve que recurrir a crear una microempresa”.

Así fue. Junto a su esposa y a su hijo de 22 años, armó una fábrica de ropa infantil: “sabía que existían tiendas de ropa de bebés en cantidades. Por eso me ideé mi propio catálogo para vestir a niños y a niñas. Sé que la venta de artículos infantiles es un negocio emergente, pero poco a poco me he ido fortaleciendo”.

Lo mejor es que ahora no sólo tiene trabajo para él, su esposa y su hijo; también habilitó puestos de trabajo para otros 10 confeccionistas que decidieron asociársele.

Otra que pudo emerger, en medio de sus larga espera por un trabajo fijo, es Olga Duarte, una mujer de 42 años, quien desde 2004 tiene una singular fuente de ingresos. Se trata de una oficina de cartas, redacciones, documentos y trabajos del mundo de la computación.

Ella, quien en su impecable currículum está preparada para ser la asistente de gerencia de cualquier empresa importante del país, aprovecha sus conocimientos y se autonombró como la Gerente de su empresa.

Con dos computadoras y dos impresoras les trabaja a abogados, comunicadores, médicos, tecnólogos y demás profesionales. Les hace hojas de vida, cotizaciones, memorandos, diseños web y, en general, todas las maravillas que la tecnología le permite crear.

Finalmente contamos la historia de Luis Carlos López, de 23 años y topógrafo de las Unidades Tecnológicas de Santander, UTS, quien al igual que su profesión, decidió ‘poner los pies en la tierra’ y dejar de visitar bolsas de empleo para armar una frutería.

Hoy, el que fuera el estudiante topógrafo más destacado, tiene su punto de ventas en el centro con todas las de la ley y, sobre todo, con la suficiente clientela como para ‘echarle tierra’ al desempleo.

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Perfil del desempleado

• El desánimo para salir a buscar trabajo se hace más fuerte, a medida que una persona va acumulando meses y años sin encontrar empleo.
• La seguridad frente a la propia imagen y la que tienen de él los demás, termina por desdibujarse ante la incertidumbre de no conseguir una ocupación estable.
• Al principio el afectado reconoce sus valores y trata de idealizarlos para darse ánimos y no perder la esperanza de encontrar en qué emplearse. Después culpa a los demás por no conseguir oficio y considera que su situación es cosa de “mala suerte” o una “jugada del destino”.
• Al final pierde confianza en sí mismo y termina por sentirse rechazado por los que lo rodean. Luego decide no continuar en la lucha y se abandona al desaliento. Se vuelve una persona sin entusiasmo  que acepta con facilidad el fracaso, para quedarse sumido en él.
• La inseguridad en las personas recién egresadas y que tienen cualquier tipo de formación, es uno de los principales traumas, ya que piensan que no son capaces de desempeñarse debido a su inexperiencia.
• Hay varios profesionales ocupando puestos como el de oficios varios y profesionales que ya no buscan desempeñar la labor para la cual se capacitaron, sino que ahora se ofrecen como técnicos.
• El estrés y la ansiedad por emplearse, también se convierten en factores de conflicto para quienes buscan trabajo y no lo encuentran pronto.
• Enfermedades psicosomáticas y hasta depresión y otros trastornos síquicos, hacen parte del “cuadro clínico” que llega a acompañar a quien lleva años buscando emplearse en su profesión.

Fuente: Eduardo Montero Viñedo, / Abogado experto en el área laboral.

LA VOZ DEL EXPERTO

El grave problema del desempleo en los profesionales bumangueses radica, según Eduardo Montero Viñedo, profesor, director de una bolsa de empleos y abogado experto en el área laboral, “en que la oferta que existe en las universidades es muy diferente a las verdaderas necesidades del país”.

Según él, “cada año las instituciones promueven programas académicos que obedecen más a situaciones propias de otros países u otras realidades y que, al ponerlas en práctica en Bucaramanga, resultan descontextualizadas y sin un campo de acción apropiado”.

Además, explicó que, “otro de los problemas es que los bachilleres se inscriben a carreras que tienen pocas plazas y que se ejercen generalmente en la ciudad”.

“Deberían analizar otras posibilidades en las que se tengan que desplazar a lugares donde realmente se les necesite. En el campo de poco sirve un ingeniero de sistemas, pero un agrónomo o promotor social, por ejemplo, sería de gran ayuda”, añadió.

“Más que aspirar entrar a una universidad por moda o por hacer algo, los alumnos deberían analizar de una manera seria las posibilidades que tienen para emplearse en la eventualidad de que terminen sus estudios superiores”, puntualizó.

 

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