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Tráfico de influencias | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-04 05:00:00

Tráfico de influencias

Tráfico de influencias

El virus se ha propagado por casi todo el mundo y en todas partes ha cundido el pánico, ya que no es extraño que las calles de muchas ciudades se vean vacías, las multitudes hayan desaparecido, los tapabocas estén escaseando en la mayoría de sitios habitados y gran parte de la humanidad haya encontrado que únicamente en sus hogares se encuentra segura. La influenza, que ha tomado características apocalípticas, ha sido la noticia predominante en la última semana.

Ya es común insistir que la naturaleza está pasando la cuenta de cobro por la explotación inmisericorde que los humanos han hecho de ella. No es coincidencia que las últimas grandes pestes hayan tenido un origen animal: de las vacas locas, de las aves de corral y ahora aparentemente procede de los que casi siempre ponemos de “marranos”. El otro gran originador de catástrofes es el desajuste climático, también atribuible a la incuria humana, a consecuencia del cual padecemos de inundaciones, calor sofocante, derrumbes, aludes de nieve, descongelación de los polos y una lista interminable de accidentes naturales.

Por lo mismo, no es ilógico considerar que estamos en presencia de las plagas de Egipto y que así como la humanidad las produjo, debe entonces prepararse para otras y tal vez más graves calamidades.

Entre las predecibles están las originadas en la escasez del agua, en el colapso de los modelos sociopolíticos y en la inconsciencia generalizada de los humanos, ante los fenómenos que rigen su existencia. Los imprevistos pueden ser muchos y por su carácter es seguro que aparecerán en forma sorpresiva. La única actitud que resulta pertinente es sorprenderse ante su aparición, proceder con serenidad y, en la medida de lo posible, tomar decisiones para evitar su aparición y propagación.

Como fenómeno no acaba de entenderse y, en gran medida, guarda grandes similitudes con la epidemia de moda, las anteriormente aparecidas y las que faltan por venir. Nos referimos a algunas patologías sociales y muy especialmente a aquellas que atacan a los detentadores del poder: insensibilidad ante la problemática de los más necesitados, ansias infinitas de mantener el mando y la posición adquirida, para convertirlas en prebendas o situaciones de privilegio.

Todas ellas parten del desconocimiento de la naturaleza de toda sociedad, traducido en injusticia, son de fácil contagio y, aunque generan pánico, parece no haber antídotos eficaces en la realidad. Valgan como ejemplo el enriquecimiento a expensas del erario o los negocios especulativos al amparo de posiciones favorables, los cuales generalmente se cubren con un aparente manto de licitud, pero en el fondo no pasan de ser un tráfico de influencias.

 

 

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