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¬ďNac√≠ con un pincel en la mano¬Ē | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-09-18 04:46:45

¬ďNac√≠ con un pincel en la mano¬Ē

Cincuenta a√Īos han transcurrido en los calendarios de vida de este pintor socorrano.
¬ďNac√≠ con un pincel en la mano¬Ē

De esa media d√©cada, m√°s de cuarenta los ha pasado entre pinceles, √≥leos, bastidores y caballetes, demostr√°ndose a s√≠ mismo y a todos, admiradores y detractores de su obra, que allende lo que se diga, positivo o negativo, es ante todo un hombre de disciplina y, como buen Tauro, su terquedad y persistencia le han permitido permanecer en un medio fr√°gil y permeable a las tendencias, a las modas y, peor a√ļn, al mercantilismo.

¬ďDesde que descubr√≠ mi vocaci√≥n por la pintura, entend√≠ que lo primero que deb√≠a emprender en esta tarea de hacerme artista era el definirme dentro de un estilo.

La lectura de la biograf√≠a de los grandes maestros del arte as√≠ me lo confirmaba. Todos en sus principios hab√≠an seguido a un maestro; se hab√≠an identificado con una pincelada, una tem√°tica o un estilo. Yo hice lo propio y me encontr√© entre los muchos artistas sobre los que indagu√©, con Luis Roncancio, a mi juicio el m√°ximo representante de lo que entonces los cr√≠ticos llamaban pintura ingenua, naiff o primitivismo¬Ē.


Observando a su maestro, aprendiendo del manejo cromático que sintetizaba la esencia del sentimiento popular y, sobre todo, reconociéndose en el espejo de la cotidianidad de los pueblos, de las cantinas, de los mercados, de los juegos de domingo, de las historias y consejas con que las abuelas construían el imaginario fantasioso de sus nietos, Hernando Nossa se hizo pintor.

Pero la diferencia con los dem√°s artistas de su g√©nero empezar√≠a a marcarse muy pronto. Tras la prematura muerte de su maestro, volc√≥ su inter√©s en los disc√≠pulos m√°s avanzados de la ya denominada escuela primitivista guanentina y, aunque nunca dej√≥ de verlos con respeto, no encontr√≥ un camino que le se√Īalara un destino diferente de continuar la brecha marcada por Roncancio, sin avanzar m√°s all√° de lo aprendido.

Entonces le llegaron las tres luces que a partir de ese momento lo iluminar√≠an en su obra: la lectura de Cien a√Īos de soledad, la observaci√≥n directa de una obra de Fernando Botero y la observaci√≥n detallada de las expresiones culturales y de los especiales fenotipos de su gente santandereana.

De la obra de García Márquez extrajo la capacidad para poner en letras las historias tejidas a lo largo de generaciones de cuentería popular.

Los mitos y leyendas santandereanas como ¬ďla llorona¬Ē, ¬ďla sombrerona¬Ē, ¬ďAnt√≥n Garc√≠a¬Ē, ¬ďla bola de juego¬Ē, ¬ďlos tunjos¬Ē, ¬ďlos siete caballos de oro¬Ē y muchos m√°s, le resolvieron el asunto tem√°tico de su obra.

A su manera, la contemplación de la obra de Botero le confirmó que una obra de arte adquiría esta calidad a partir de su carácter y su originalidad.

Entonces volvi√≥ su mirada hacia la gente que estaba a su lado; se detuvo en los poblados bigotes de los campesinos rovirenses, en la voluptuosidad de las caderas y los senos de las vendedoras del mercado vele√Īo. Se extasi√≥ en los ojos alegres y danzantes de las bailarinas de torbellino de Bol√≠var; encontr√≥ que las manos grandes y callosas del labrador del Chicamocha representaban el tes√≥n y la fuerza de la raza santandereana.

Por supuesto, las iglesias, las calles, las puertas, el mercado, el vestido, la comida, la fiesta y todo lo que representara la esencia com√ļn le dieron su correspondiente vertiente tem√°tica y de esa conjugaci√≥n de signos se aliment√≥ la pintura que hoy con orgullo le permite asegurar que su obra no necesita de firmas para ser reconocida en su autenticidad.

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