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Hay ‘campo’ para vivir | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-07 05:00:00

Hay ‘campo’ para vivir

Admirar jardines agrestes, ver los senderos que la gente hace en la hierba paso a paso, oír el singular canto de los gallos, saborear la leche de una vaca recién ordeñada o sentarse a contemplar el amanecer, pueden ser buenas terapias para recomponer el ánimo.
Hay ‘campo’ para vivir

Aunque muchos citadinos prefieran refundirse en los llamados ‘recovecos’ de cemento, vivir en el campo es un gran atractivo.

Reencontrarse con la naturaleza, según los propios médicos, es saludable.

¡Y no es para menos! vivir de una forma más natural y dejar la ‘comodidad de lo artificial’ resulta un buen alimento para el espíritu.

Cierre los ojos e imagínese, sólo por un instante, cómo sería su vida si fuera un labrador, si tuviera una casa sencilla en la ribera y una granja y si su vida se viera rodeada de huertos o viñas.

Allí, en ese ambiente al natural se recuperan las viejas tradiciones: los hijos les piden la bendición a sus padres, las mujeres se olvidan del maquillaje y recurren a la bella limpieza de sus rostros, sin contar que los hombres cambian la rudeza de las palabras por el sudor de sus frentes.

Muchas personas se la pasan toda la vida trabajando para conseguir plata, para comprarse un carro, para vestir los trajes de los más exclusivos diseñadores o para vivir en los mejores apartamentos de las grandes ciudades. Sin embargo, cuando logran tales metas, muchos años después de sacrificios y grandes desvelos, no descansan hasta comprar una ‘finquita’ en un sitio alejado del mundanal ruido para huir del estrés de vida que llevan.

¡Claro! Cuando eso pasa, sus cabellos ya están cenizos, sus suspiros de vida se atrapan en quebrantos de salud, sin contar que a esas alturas sus hijos ya están lejos de ellos, viviendo sus propias vidas.

Es cierto, nada como una parcela cómoda. Es un privilegio establecer el hogar en el campo, entre otras cosas, porque hay múltiples beneficios para la familia: la tranquilidad, la economía y hasta el solo hecho de respirar aire puro.

No, no es que vivir en la ciudad sea malo. Lo que pasa es que los hombres la hemos convertido en una inhóspita urbe en donde se hace hasta lo imposible para vivir de una manera caótica.

¿Acaso no ha sido víctima de los insufribles trancones? ¿no siente que su frente carga impresas las partículas de humo de los carros? ¿no ve por doquier escenas que dan cuenta de la inseguridad y la pobreza en la que viven muchos?

Sí, las ciudades poseen muchas ventajas en relación con la posibilidad de acceder a servicios especializados, compras, espectáculos, vida social y amigos influyentes. Pero el hombre necesita el campo, debe reencontrase con la naturaleza para no perder su identidad y para no extraviar sus raíces.
Por algo dirán que Dios hizo el campo y el hombre construyó la ciudad.

la estrella de la esperanza

Existían millones de estrellas en el cielo: blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas, amarillas y azules. Un día ellas se acercaron a Dios y le dijeron:

- Señor, nos gustaría vivir en la ciudad entre los hombres.
- ¡Así será! respondió el Señor. Las conservaré a todas pequeñitas, para que puedan bajar a la tierra.
Cuéntase que, aquella noche hubo una linda lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a correr junto con las luciérnagas, otras se mezclaron con los juguetes de los niños. Y la tierra quedó iluminada.
Con el pasar del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los hombres y volver al cielo, dejando a la ciudad oscura.
- ¿Por qué regresaron? les preguntó Dios.
- Señor, no nos fue posible permanecer en la ciudad, allí existe mucha miseria, violencia y maldad.
Y el Señor les dijo:
- ¡Claro! El lugar de ustedes es aquí en el cielo. La ciudad es el lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquel que yerra, de aquel que muere; nada es perfecto. El cielo es el lugar de la perfección, donde nada perece.
Después de que llegaron las estrellas, Dios habló de nuevo:
- Nos está faltando una estrella; ¿Será que se perdió en el camino?
Un ángel que estaba cerca replicó:
- ¡No Señor! una estrella resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió que su lugar es exactamente en donde existe la imperfección, donde las cosas no van bien, donde hay lucha y dolor.
- ¿Qué estrella es esa? volvió Dios a preguntar.
- Es la Esperanza, Señor. Es la estrella verde. La única de ese color.

Y cuando miraron para la ciudad, la estrella no estaba sola. La ciudad estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona.

Porque el único sentimiento que el hombre tiene y Dios no necesita retener es el de la Esperanza.

Dios ya conoce el futuro y la Esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe cómo será el futuro.

Intente responder esta pregunta: ¿Cuál es su esperanza en la vida?

 

 

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