¿Vivimos hoy el cristianismo auténtico de ayer? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

Sábado 1 de Noviembre de 2014
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Columnistas
2009-05-07 05:00:00

¿Vivimos hoy el cristianismo auténtico de ayer?

¿Vivimos hoy el cristianismo auténtico de ayer?

Comían el banquete del amor y luego se separaban radiantes de alegría, pensando cada cual en su pobreza y de qué manera podían prestar una ayuda efectiva al prójimo hambriento o enfermo. El amor era su vínculo de unión; también el soporte en las tribulaciones y la gran medida de su cercanía con Dios.

Abrazados cantaban himnos y danzaban, tal vez salmos aprendidos en sus reuniones, y llenos de alegría marchaban en muchas ocasiones a la hoguera levantada por el déspota perseguidor o abrazados se enfrentaban a los hambrientos leones. Su proceder causó tal impacto que los paganos testigos de semejante osadía exclamaban: “ved cómo se aman”.

Fue esta la iglesia primitiva como nos lo cuentan los Hechos de los Apóstoles, la fundada por Jesús.

Aunque la historia lo narra, la sociología hace silencio respecto al andamiaje que poco a poco fue distorsionando la idea de Cristo, y fue creando preeminencias, cargos innecesarios en un prurito de dominación orgullosa y estéril que agostó el rigor prometido.

Y estos títulos, estas supremacías, cargaron a los hombres de leyes, prohibiciones y castigos como una justificación de su ineficacia y el ansia de dominio que en muchos casos parece inherente al ser humano. Se suplantó la palabra de Jesús “El que quiera ser mayor, que se haga el menor entre sus hermanos y su servidor”.

Se dirá que era necesaria una organización y nadie lo niega. Pero repugna una organización que aleje a Dios, cuando su oficio es atraer hacia El y fomentar la caridad y la unión. Jesús dijo: “No vine a ser servido sino a servir. Hemos olvidado estas palabras, hemos arruinado la belleza y lozanía de los primeros tiempos, nos hemos ido apartando del verdadero amor.

Cada época vive su angustia y la iglesia no ha podido ser inmune a las vicisitudes; este es el suplicio; el elemento humano que por su imperfección, contamina cuanto toca sino predomina el Espíritu. Hoy es tiempo de volver para producir frutos óptimos como los primeros, cuando los sarmientos estaban unidos verdaderamente a la vid y producían el ciento por uno.

 

 

Publicada por
PRESBÍTERO Jorge E. GarcÍa
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