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La libertad de Moncayo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-09 05:00:00

La libertad de Moncayo

Así como el valor de la libertad no admite atenuantes para justificar su privación arbitraria e infame, tampoco reconoce límites, más restrictivos que los impuestos por la ley, en el impostergable propósito de propiciar su restablecimiento a plenitud.
La libertad de Moncayo

Es evidente que la senadora Piedad Córdoba no es santa de devoción en este país, por una consideración elemental: sus inocultables afectos ideológicos por un modelo político de inspiración totalitaria la han llevado a asumir, en escenarios internacionales, posturas que entrañan un profundo desprecio por los intereses superiores de la nación. Es difícil suponer que allí se abriga intención humanitaria alguna, pues conocida la trayectoria del personaje, solo resulta comprensible la búsqueda de un espectáculo mediático en el que se mueve con probada habilidad.

Es obvio que las Farc no liberan secuestrados gratuitamente, porque semejante hipótesis está por fuera de sus prospectos. Por ello no es extraña la exigencia de que la senadora obre como mediadora válida en el anuncio de libertad al Cabo Moncayo. Al parecer, es la única concesión reclamada por la guerrilla y aunque implica otorgarle réditos políticos a Piedad y se entiende que no es fácil la generosidad con quien no ha tenido reato alguno al subordinar la lealtad con el país a sus pasiones personales, la salvaguarda de la libertad y de la vida de un ciudadano -aún del más humilde de todos- impone sacrificios en el ámbito de los sentimientos de quien tiene a su cargo las decisiones que conduzcan a la libertad de quien la ha perdido por la exposición que implica el servicio al país en la custodia y preservación del orden público.

El argumento de que jamás ha debido ser secuestrado, o la repugnancia que suscita el oportunismo de quien ejerce la oposición aprovechándose del drama del secuestro para derivar eventuales ventajas políticas, no serían suficientes para prolongar el sufrimiento de Moncayo y de su familia. ¿Cómo explicarle al país semejante dilación ante la tragedia humana? ¿Cómo justificar de cara a la historia que el precio del duelo de pasiones sea el sufrimiento humano? El gran sacrificado no puede ser el modesto ciudadano que perdió su libertad al servicio de la patria.

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