Bucaramanga ya vivió una peste | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-10 05:00:00

Bucaramanga ya vivió una peste

Bucaramanga fue epicentro del v√≥mito negro. No se presentaban casos desde finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se identific√≥ la fiebre amarilla ¬Ėconocida tambi√©n como v√≥mito negro- en Atl√°ntico, Norte de Santander y las riveras del r√≠o Magdalena.
Bucaramanga ya vivió una peste

En esa ocasi√≥n, en 1923, Bucaramanga fue el foco de atenci√≥n y contagio. La Direcci√≥n Nacional de Higiene, algo as√≠ como el Ministerio de Salud de la √©poca, dirigi√≥ un telegrama extraordinario a la Direcci√≥n Departamental de Higiene de la ciudad, exigi√©ndole un informe detallado sobre la epidemia ¬ďreinante en aquella poblaci√≥n¬Ē, seg√ļn lo se√Īal√≥ Vanguardia Liberal el 9 de marzo de 1923.

Seg√ļn la descripci√≥n de los doctores David Mac Cormick, Roberto Serpa Novoa y Daniel Peralta, la fiebre amarilla se caracterizaba por la presencia de una variada cantidad de s√≠ntomas, entre los que se destacan ¬ďuna temperatura de treinta y nueve a cuarenta grados y descenso de la temperatura al tercer d√≠a, para caer con sudores al quinto y sexto; v√≥mitos negros y angustia¬Ē.

La situación encendió las alarmas en la región cuando se presentaron los primeros 20 casos de fiebre amarilla, todos fatales.

Augusto Gast Galvis terminaba su secundaria en el colegio San Pedro Claver de Bucaramanga, cuando empez√≥ la fiebre amarilla. Con el tiempo, esta enfermedad ser√≠a objeto de la mayor√≠a de las investigaciones de su vida. Incluso, escribi√≥ el libro ¬ďHistoria de la Fiebre Amarilla en Colombia¬Ē, reconocido internacionalmente como especialidad en esta enfermedad.

Para 1923, Gast Galvis y otros for√°neos que llegaban a Bucaramanga por estudio o comercio, fueron enviados a sus lugares de origen, ya que la enfermedad, seg√ļn los doctores Mac Cormick, Serpa Nova y Peralta, atacaba principalmente a los extranjeros o personas venidas de otras regiones del pa√≠s.

Pero a pesar de los veinte casos que ya se hab√≠an presentado, algunos doctores se empe√Īaron en negar que existiera una epidemia de fiebre amarilla. En las p√°ginas de los diarios los epidemi√≥logos se atacaban mutuamente. Los m√°s esc√©pticos se√Īalaban que no se trataba m√°s que de chismes y alarmas, mientras que otros se manten√≠an en su posici√≥n.

¬†¬ďLa ciencia no tiene porqu√© negar la existencia y la naturaleza de una epidemia, por insidiosa o benigna que ella se presente en una comarca; su deber es analizarla y discutirla con l√≥gica y serenidad¬Ē, escribi√≥ Andr√©s G√≥mez, seg√ļn relata el historiador de la UIS, √Člkin Morales, en su tesis de grado ¬ďSin miedo ni gloria: ciencia y pol√≠tica en la segadora de vidas de tez amar√≠llica, Valle de Soto 1911 y Bucaramanga 1923¬Ē.

Seg√ļn el historiador, en 1911 ya se hab√≠a presentado un caso de fiebre amarilla.
¬ďEl doctor Julio Vanegas, conocedor de la fiebre amarilla y otros m√©dicos locales, encontraron un enfermo cercano a la muerte con la piel completamente amarilla, de lengua seca, sangre en las enc√≠as, sin fiebre, con orina escasa y muy oscura; se encontraba en el doceavo d√≠a de la enfermedad y al d√≠a siguiente muri√≥¬Ē.

El paciente declaró en su historia clínica que se había ausentado el lunes de Pascua a otra ciudad y que lo habían traído a Bucaramanga en camilla.
Los doctores no pudieron ponerse de acuerdo y el diagnóstico fue confuso.

A partir de ah√≠, la fiebre amarilla camin√≥ sigilosa entre la poblaci√≥n. En la misma tesis, el doctor David Mac Comirck se√Īala que ¬ďno tardamos en ver numerosos casos que se presentaron en toda la poblaci√≥n: hubo d√≠as de contar hasta cien casos nuevos, la mayor parte benignos¬Ē.

Tanto miedo se tuvo de que la enfermedad se convirtiera en una epidemia, que las habitaciones donde permanecían las personas contagiadas con fiebre amarilla estaban protegidas con mallas de alambre.

Segadora de vidas

Un art√≠culo publicado en el peri√≥dico de la clase obrera en 1911, titulado ¬ďEl mal que no tiene cura¬Ē, se√Īalaba que en Gir√≥n se hab√≠a prohibido sepultar a las v√≠ctimas fatales del v√≥mito negro en el cementerio central, porque la higiene del lugar no era nada recomendable.

Se presumía que los enterradores podían contagiarse de la enfermedad, pero los médicos no encontraban relación entre la falta de aseo y la fiebre amarilla.
Por otro lado, ante el crecimiento de la enfermedad, ¬ďlos enfermos pobres¬Ē y los venidos desde Piedecuesta, Floridablanca y Gir√≥n, ten√≠an que ser internados en los hospitales de Bucaramanga.

Y fueron los ¬ďenfermos pobres¬Ē quienes generaron m√°s alarma entre los estratos altos. En Piedecuesta, por ejemplo y seg√ļn el diario Gaceta de Santander, se organiz√≥ una junta de vecinos que seguir√≠a al pie de la letra los dict√°menes de la Oficina de Salud de Santander y que propon√≠a crear un hospital de caridad para los m√°s necesitados y contagiados.

Para 1912 el brote epidémico no mermaba.

Los peri√≥dicos locales escrib√≠an: ¬ďterrible flagelo se ha presentado de fiebre amarilla en Piedecuesta. Much√≠simos lugares est√°n de luto, entre ellos, el de la familia Rey con tres defunciones seguidas, y el de nuestro personal amigo D. Luis F. Mantilla¬Ē.

El doctor Mac Comirck se√Īalaba que para 1913, los focos de fiebre amarilla estaban en San Vicente de Chucur√≠, Oca√Īa y C√ļcuta, por lo que se restringi√≥ el transporte hacia la capital de Santander.

Sin embargo, Isa√≠as Naranjo, un joven contagiado en San Vicente de Chucur√≠ y que hab√≠a viajado sin atender las restricciones a Bucaramanga, no trasmiti√≥ la fiebre amarilla a ning√ļn bumangu√©s.

La falta de explicaciones a la epidemia hizo suponer a expertos de la época como el doctor Andrés Gómez, que la idiosincrasia y las influencias cósmicas y meteorológicas tomaban parte en la enfermedad.

Y aunque en 1913 los casos reportados eran √≠nfimos, periodistas de medios locales como Manelich (seud√≥nimo) escrib√≠an¬† ¬ďpuertas amarillas, monedas amarillas, caras amarillas. Esa febril amarillitis que no nos deja es la moda; s√≠ se√Īor, s√≠ se√Īor; el Dr. Caif√°s, es el de la aristocracia, y el Dr. Pilato es el del pueblo, porque dizque es m√°s barato y sabe menos (...)¬Ē, comentaba el periodista en su cr√≥nica ¬ďAmarillitis cr√≥nica y aguda¬Ē, una s√°tira bastante clara a la confusi√≥n de los m√©dicos de la √©poca.

Lo que pas√≥ con el hospital de caridad fue el fruto de otra pol√©mica. Los periodistas bogotanos se preguntaban ¬ď¬Ņpor qu√© una ciudad que tiene parques, jardines y estatuas, no se ha preocupado por seres tan infelices como los all√≠ alienados?¬Ē.

Parecía ser que el hospital en vez de curar a los enfermos, era foco de contagio.

Reaparece el vómito negro

Para 1923, la oficina de Sanidad ya era historia y la Fundación Rockefeller, de carácter internacional, se encargaba de los análisis de casos relacionados con temas epidemiológicos.

Hab√≠a sido creada una Comisi√≥n de Fiebre Amarilla que visit√≥ Bucaramanga algunos a√Īos atr√°s, en 1916, y la respuesta que dio la Fundaci√≥n Rockefeller, despu√©s de su an√°lisis, sorprendi√≥ a la sociedad bumanguesa: no hubo fiebre amarilla en Colombia. ¬ŅLa raz√≥n? No encontraron el mosquito Stegomya Fasciata, que para entonces se relacionaba directamente con la fiebre amarilla o v√≥mito negro.

Pero tampoco había otra explicación para los brotes que aparecieron en junio de 1918 en Guatemala y en 1919 en Brasil, Honduras, El Salvador, Nicaragua y México.

Paradójicamente, la Fundación Rockefeller afirmaba que la fiebre amarilla estaba en retirada y que no había nada qué temer.

Para 1923, Bucaramanga estaba considerada la ciudad del progreso. ¬ďEn diversas publicaciones como peri√≥dicos de ese a√Īo se encuentra √©sta frase como el apellido de Bucaramanga, que en gran medida cumpli√≥ su sentencia: ser la ciudad promesa¬Ē, comenta √Člkin Mart√≠nez.

El doctor Augusto Gast Galvis comentaba en su libro ¬ďHistoria de la Fiebre Amarilla en Colombia¬Ē, que en ese a√Īo el verano result√≥ particularmente ¬ďfuerte y caluroso, con temperaturas que subieron hasta 28 grados cent√≠grados y una gran proliferaci√≥n de mosquitos¬Ē.

Tambi√©n se√Īala que el primer caso que se conoci√≥ fue el de un soldado del cuartel de la ciudad que se enferm√≥ el 1 de enero y muri√≥ 5 d√≠as despu√©s.
De nuevo, eran los for√°neos el foco de atenci√≥n. Los doctores de la √©poca se√Īalaban que los nativos de Bucaramanga parec√≠an inmunes a la fiebre amarilla, mientras que los reci√©n llegados ca√≠an en cama v√≠ctimas del v√≥mito negro.

Se decía que existía un germen en la localidad, había numerosa población infantil, una constante elevación del índice Stegomyiano y que estos factores hacían de la ciudad un foco para la fiebre amarilla.

Los s√≠ntomas de este nuevo brote de fiebre amarilla no hab√≠an cambiado, pero a los ya conocidos se a√Īad√≠a que en las primeras fases de la enfermedad, los enfermos ol√≠an a sangre y despu√©s a pescado viejo.

¬ďLos pacientes que fueron autopsiados presentaban un tinte ict√©rico generalizado en toda la piel y m√°s marcado en las conjuntivas. En la boca se apreciaba sangre coagulada y todas las huellas de una gingivitis hemorr√°gica¬Ē.

Nada estaba claro. La Fundaci√≥n Rockefeller se√Īalaba que en Colombia no exist√≠a la fiebre amarilla y √©sta no pod√≠a haberse dado de manera espont√°nea. La controversia de 1917 se traslad√≥ por tanto, a 1923.

Pero el doctor David Mac Cormick, Roberto Serpa Nova y Augusto Gast Galvis, ratificaron el diagnóstico de fiebre amarilla y fue así como Bucaramanga estuvo en alerta roja durante ese periodo de su historia, a principios del siglo XX.

El doctor Luis Carlos Orozco, epidemi√≥logo de la Escuela de Enfermer√≠a de la UIS, se√Īala: ¬ďme parece que este brote de gripe H1N1 est√° siendo exagerado por los organismos de la salud, las cifras no concuerdan con lo que debiera catalogarse como una pandemia¬Ē.

Las alarmas en el mundo siguen prendidas.

 

 

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad