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¿Qué hacemos con… los jubilados? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-11 05:00:00

¿Qué hacemos con… los jubilados?

La unión hace la fuerza, la fuerza da poder. Los jubilados necesitan unidad de miras, de intereses, de propósitos y de acción para integrar un fuerte grupo político de carácter decisorio electoral, capaz de cambiar la triste condición en que se hallan. La desunión origina caos, desintegración y desprotección, causas de todas sus desdichas.
¿Qué hacemos con… los jubilados?

Su potencial electoral les permite llegar triunfantes al Parlamento con las mayorías necesarias para imponer sus ideas, fuente depresión que está en capacidad de imponerse en todos los grupos colegiados y decidir quién ha de ocupar la silla de los presidentes. Todo lo pueden hacer y no la hacen, se limitan a llorar y maldecir su mísero destino, a contar sus penas, hablar del abandono en que les tiene el gobierno y a recordar tiempos mejores. No tienen un líder que los organice y los haga marchar.

En grave error se obstinan en seguir a tradicionales e ingratos jefes políticos que los utilizan, aprovechan su voto y “de tremendo patadón en el trasero” los apartan de sus objetivos y programas. Nuevas elecciones, nuevas carantoñas. Bien lo saben los pensionados, en Santander y en todo el país, que han sido inocentes víctimas. “Los retirados”, también se les llama así, son un grupo amorfo y muerto que necesita de alguien que haga el milagro de resucitarlo, que los aproveche como núcleo y masa numérica llena de sabiduría, inteligencia, experiencia, prudencia y de hombres doctos, dinámicos, prolíficos en ideas y capaces de producir obras imperecederas. Con su esposa, hijos, nietos, sobrinos y demás parentela pueden reelegir Presidente y servir de apoyo y brazo fuerte a un Gobierno. Con su voto se puede ganar el referendo y perdurar en el poder. Si los derechos de los pensionados son conculcados el referendo no tiene porvenir.

Es absolutamente cierto que la pérdida del valor adquisitivo de las mesadas pensiónales es de tal magnitud que ha producido desesperación, angustia y hambre. ¿Quién le pone el cascabel al gato? Lo cierto es que los jubilados votan.
  

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